Se dice que
"a toro pasado" es más sencillo explicar lo hecho. En el caso de la
administración de Humberto Moreira esto no parece así: entre más tiempo pasa,
nuevos giros se le agregan a la historia. Lo del endeudamiento irregular, sumado
a lo del endeudamiento oculto, parecen apenas los síntomas visibles de una
enfermedad (rápida y silenciosamente progresiva) que terminó por tumbar a quien
parecía invencible.
¿Qué sucedió? Un
"Año de Hidalgo" multiplicado por millones de pesos. ¿Habrá sido tal
el desorden, que todos pensaron que un hueco más no se notaría? Y así, hasta
que las cifras no cuadraron, y nadie supo quién se había llevado qué.
Cuando en
septiembre de 2011 se acordó el refinanciamiento de la deuda (la legal y la no
legal), el asunto quedó en poco menos de 34 mil millones, en 23 nuevos créditos
obtenidos de 9 bancos. La historia parecía terminar. Meses después, se
recordará, allá en Monclova el entonces Secretario de Gobierno (luego
Secretario de Desarrollo Social, ahora Alcalde electo de Torreón) decía que era
tiempo de "darle vuelta a la página de la deuda pública" (VANGUARDIA,
23 febrero de 2012).
Las aguas, sin
embargo, nunca han estado tranquilas.
Esta misma semana
reaparece, rodeado de cifras y movimientos financieros aparentemente
inexplicables, el nombre del gobernador interino. Y enfatizo eso de
"aparentemente inexplicables", porque en este País nadie es culpable
hasta que se le demuestra lo contrario. Situación que, cuando los casos suman muchos
ceros a la derecha, además, nunca parece suceder. En fin.
Pero, decía,
contrario a lo que suele pensarse, en lo ocurrido con los tesoros coahuilenses
el sexenio pasado el tiempo y la distancia nada aclaran. Por el contrario, la
madeja crece.
Cuando todavía
Gobernador, el ahora estudiante ibérico presumía una "ingeniería
financiera" sin parangón. No ofrecía detalles para que nadie copiara la
exitosa fórmula coahuilense. Pero, cuando hablaba, parecía tener todos los
pelos de la burra en la mano. Ya cuando en las sumas y restas se bajó el cero y
no se contuvo, resultó que había sido engañado por sus allegados.
Ahora que eso de
que las cuentas no cuadran, es apenas una insistente idea de quien esto
escribe. El actual Gobierno ha dicho en repetidas ocasiones que a ellos todo
les resulta.
Cuando, allá en
Texas, se incautaron más de 2 millones de dólares al exsecretario ejecutivo del
SATEC (el malo del cuento), por ejemplo, se dijo: "Revisamos las cuentas
del Gobierno del Estado y, como se los hicimos saber a todos los medios, no
existe evidencia que del Gobierno del Estado hayan salido esos recursos a una
cuenta en particular". Son palabras del (ahora) Secretario de Finanzas
(VANGUARDIA, 15 de marzo, 2013), ya se sabe: a quien en el desorden del sexenio
pasado le falsificaron firmas.
Ahora bien, y si
el dinero no es de Coahuila, ¿entonces?
Dicen hoy que el
gobernador bisagra se hacía pasar por dueño de Cemex, que estuvo en el negocio
de la compra venta de aeronaves de las que ahora nadie dice "esa boca es mía".
¿Sucedió esto? Y si así fue, ¿qué hay con la entrega-recepción? La
administración del todavía Gobernador manifestó su conformidad con lo que le dieron.
Y deben seguir muy contentotes, porque desde el Ejecutivo no ha salido un solo
dato que haga sospechar la detección de alguna anomalía.
Fuera de
Coahuila, la PGR y las Cortes Texanas hacen largas listas de probables
responsables, incautan bienes y cuentas, señalan enriquecimientos
inexplicables. ¿Y dentro de Coahuila? Apachurrados, apenas susurran que dejarán
caer todo el peso de una ley que ha resultado bastante ligera. ¿Dónde están los
organismos controladores? La Auditoría del Estado ha trabajado con las
herramientas que tiene, ¿pero el ICAI? Cuando en julio de este mismo año se
notificaba por Diario Oficial del probable aseguramiento de 23 cuentas
bancarias a nombre de cinco exfuncionarios coahuilenses, ¿dónde estaba la
Procuraduría del Estado?
Otra terca idea
que no me quito: si los que estuvieron en el tejemaneje de la mega deuda son
los mismos que están despachando, no hay demasiados incentivos para buscar
responsables. Al menos, claro, que haya alguien que se mueva y quiera salirse
de la foto familiar.
O que, estando
las aguas bravas, deba ofrecerse un sacrificio. Alguien para pagar los platos
rotos.
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