Hace unos diez
días, el diputado local Fernando de la Fuente propuso, con carácter de urgente,
que la Junta de Gobierno designara una comisión de Diputados "para visitar
los Ejidos de la región desértica de los Municipios de Cuatro Ciénegas y Ocampo
para conocer directamente la situación en que se encuentran los habitantes de
estos lugares, elaboren un informe para estar en posibilidad de apoyar sus
gestiones y promover mejoras a sus condiciones de vida". Un poco más
adelante se agrega, como trabajo de la comisión que se designaría, el
establecer "comunicación con las instancias de gobierno responsables para
solicitar la aplicación de recursos de manera inmediata a la solución de la
problemática de los ejidos".
Con la
sensibilidad de una piedra, la mayoría decidió que el asunto no era urgente,
que debía analizarse en comisiones. De las y los diputados locales, sólo 8
respaldaron a De la Fuente pensando que el asunto merecía inmediata atención.
15 diputados, no.
Ojo: la propuesta
la impulsó un priísta, en un Congreso con mayoría priísta. Llegó a Tribuna y se
aprobó junto con el orden del día. ¿Para no respaldarla? La sensibilidad
de una piedra y una coordinación interna al estilo la chiripiorca del
Chaparrón, aquél memorable personaje de Chespirito. Pero la historia no termina
ahí.
Tres o cuatro
días después (esto es para Ripley's. Aunque Usted no lo crea), un grupo de
diputados locales, esos que habían dicho no, ¡realizaron una gira de trabajo e
inspección por Cuatro Ciénegas! Trascendió que durante el recorrido, además,
entregaron despensas y cobijas.
¿Error o
maniobra? ¿Y si el no aprobar la creación de una comisión fue para evitar que
la (de por sí mínima) oposición tuviera oportunidad de ir a la región? Esto
significaría que con recursos del Congreso, algunos pocos seleccionados hacen
gira de promoción. En fin.
Otras muchas
instancias hay para entregar despensas y regalar cobijas. Y, perdón, pero eso
de querer demostrar compromiso social pintando canchas deportivas, por
mencionar un ejemplo, no es precisamente una visión de Estado. Por el
contrario, ninguna de las oficinas involucradas con el desarrollo social puede
hacer lo que el Congreso pareciera dejar de lado: legislar.
Ahí está, como
muestra, la Ley de Desarrollo Social para el Estado de Coahuila, prácticamente
un clon de la federal, salvo dos excepciones: los límites para hacerle
publicidad al trabajo y la evaluación de la política social.
Sobre la publicidad
que se hace, mientras que a nivel nacional se repite hasta el cansancio que el
programa es público, ajeno a cualquier partido político y que queda prohibido
el uso para fines distintos al desarrollo social, la Ley de Coahuila no
contempla leyenda alguna. Un detalle, si se quiere, pero es el ánimo que se
sepa que los programas sociales deben llegar a los que se deba y no como
generador de capital político. Transparencia, esa palabra.
La otra
diferencia está en la evaluación de la política social. Mientras que a nivel
nacional se constituyó el Coneval con toda la mano y dándole toda la autonomía
para que, de haber errores y áreas de oportunidad, pudiera señalarse de manera
profesional y objetiva, la Ley de Coahuila le impone esta responsabilidad al Congreso
del Estado donde, dicho sea de paso, jamás se ha hecho. Y, mirándolo bien, aquí
quizás no sea un tema de voluntad: nuestro Congreso no tiene la especialización
o capacidad institucional instalada para coadyuvar en una evaluación de la
política pública de desarrollo social. Otro detalle, quizás. Salvo los datos
que nos llegan del orden federal, no hay manera oficial de conocer si funciona
o no lo que nuestras instancias para el desarrollo social hacen.
La propuesta del
diputado De la Fuente era pertinente y oportuna, una lástima los votos en
contra de sus copartidarios. Lo otro, la gira express, fue querer
enderezar las cosas, no una muestra de compromiso o sensibilidad. Pareció un
tirón de orejas que, de tan fuerte, los llevó directo a la cuna de Carranza.
De esos
compromisos que no quedan saldados con despensas y cobijas. Del Congreso se
esperan mejores leyes.