Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Indignados

Con una presencia más imponente en redes sociales que en la realidad, inconformes con las medidas impositivas tomadas aquí en Coahuila, se han adjudicado la exitosa etiqueta del movimiento mundial de los "indignados". La etiqueta, por cierto, nada garantiza. 
A lo largo de la semana pasada, sobre todo el martes durante la sesión en el Congreso, los "Indignados Coahuila" salieron de la realidad virtual para hacerse oír en la realidad a secas. Lo más sencillo sería descalificarlos; pero, hay ocasiones en que lo más sencillo no es lo más prudente. Por el contrario, creo, debiera mirárseles de cerca para saber cuántos de ellos tienen argumentos para, honestamente, estar inconformes y cuántos, sabiéndolo o no, están siendo manipulados y utilizados como carne de cañón o marionetas de precampañas disfrazadas.
Si son lo que dicen ser, indignados del tipo espontáneo, en el pecado llevarán la penitencia: los une la inconformidad, y eso dificultará, puedan ponerse de acuerdo en una agenda sólida y común. Si son lo que dicen ser, creo, sus manifestaciones no se convertirán en movimiento. Pero debe escuchárseles. 
En un sistema democrático, nada de malo tendría que los indignados fueran de algún partido: se entendería como un mecanismo de oposición. Sin embargo, se anuncian apartidistas a pesar de que las consignas que gritan -por ignorancia, quizás, queriendo darles el beneficio de la duda- tienen una fuerte carga de partido. Se dicen apartidistas, pero personas muy ligadas a partidos se aparecen entre ellos. 
Aquí cabría decir que los indignados, los espontáneos inconformes, no podrían impedir que cualquier persona -particularmente los vinculados a partidos políticos-, no se les unan: en una convocatoria abierta, quien quiere asiste. La cordura debiera caber en los que son de partidos: sumándose, restan.
Pero de lo que se trata, como digo, es de mirarlos de cerca: no de fingir que no existen.
Algunos podrán pensar que de nada sirve abrirles espacios a los pocos, pero quienes eso dicen se están viendo al ombligo y se pierden la película completa. En esto hay que ser democráticos y escucharlos a todos. Quien esté inconforme y dispuesto a sumarse a favor del Estado, debe ser bienvenido por el régimen; quien se diga inconforme sólo porque así le sirve a su agenda personal, debe ser detectado y señalado. Pero fingir que no existen, envía un pésimo mensaje vestido en ropajes que se parecen al autoritarismo. 
En una comunidad se discute, se argumenta, hay decisiones. Así, al menos, en las democracias deliberativas. El poder expresarse es respeto a derechos humanos.
Hay decisiones, por cierto, que deben tomarse. Subir impuestos, crearlos, mantener la tenencia, por citar ejemplos, no debió ser sencillo. ¿Existió la alternativa de no subirlos, crearlos, mantenerlos? Creo que la respuesta es no. Aquí el ingrediente incómodo sigue siendo el contexto en el cual estas difíciles decisiones debieron tomarse.
Emblemático, en este asunto, parece ser lo del pago por la visita a espacios públicos. Quienes se manifiestan en contra, al menos en lo que alcanzo a comprender, sencillamente están en contra: ¿por qué pagar ahora por lo que antes fue gratis? Algunos, los que estén a favor de la medida, podrán decir que el precio es simbólico y, al mismo tiempo, necesario para el sostenimiento. A mí, en lo particular, la medida me genera algunas dudas: si es un costo simbólico ¿significa que no será suficiente para mantener las instalaciones en condiciones óptimas?, o dicho de otra manera, ¿significa que se pagará sin que exista la garantía de buenas instalaciones?
Cobrar por el uso de espacios públicos, además, no sólo significa ingresos. Se necesitará alguien que cobre, un lugar para que lo haga y algún mecanismo de supervisión para que los simbólicos cinco pesos, o lo que sea, lleguen a donde deba y no al cochinito, a la alcancía de un particular. ¿Se hicieron estimaciones del costo por operación del cobro?; no vaya saliendo más caro el caldo que las albóndigas.
Insisto: en una comunidad se discute, se argumenta, hay decisiones.
En esto que estamos viviendo habrá indignados sinceros. Y estoy convencido: no se les debe hacer a un lado.


domingo, 13 de noviembre de 2011

‘Nos cambiaron la jugada’

La propuesta del paquete económico 2012, a rasgos muy grandes, fue: incrementar tres veces el Impuesto Sobre Nómina (ISN), mantener la tenencia con las mismas tasas y crear nuevos derechos de cobro en diferentes dependencias. 
Horas después de que se presentara en el Congreso la Ley de Ingresos, las crónicas periodísticas recuperaron el decir y el sentir de empresarios. 
Francisco Javier Grijalva, Secretario de la Unión de Organismos Empresariales Coahuila-Surte, dijo: "Esto no fue lo que nos vino a prometer en campaña el ahora Gobernador Electo, Rubén Moreira, quien en esa ocasión nos dijo que no habría incrementos, ni nuevos impuestos". El líder hotelero Armando de la Garza, dijo: "Incrementar el ISN del uno al tres por ciento, es totalmente contrario a la política que pensamos iba a tener la próxima administración, además de que fue un tema de campaña, de que no iba a haber nuevos impuestos, y que se iba a eliminar la tenencia". Al unísono dicen: "Nos cambiaron la jugada".
El anuncio de probables aumentos sigue al escándalo por la falsificación de documentos para contraer deudas y las dudas sobre el destino del dinero que, se ha dicho, se empleó. Ahí parte de la incomodidad.
Podrá decirse que de cambiar el pacto de federalismo fiscal en el cual vivimos, Coahuila se quedaría con absolutamente todo lo que recauda; en meses se pagaría la deuda.
Esta idea funciona en el discurso, pero está muy alejada de la realidad y de lo que podría ser una propuesta responsable de un gobierno serio. La tradición financiera, tremendamente paternalista en menoscabo de los Estados, hace que cerca del 85 por ciento de lo que ingresa a las entidades federativas sea vía transferencias federales. A nivel subnacional, por cierto, los tributos recaudados por los estados apenas si llegan al cuatro por ciento del total. En el Indice de Autonomía Fiscal (la razón ingresos propios sobre ingresos totales, datos al 2008), Coahuila se encontraba por debajo del promedio nacional.
Esto se sabe desde siempre. ¿Por qué no hay una propuesta seria al respecto? El tema, por cierto, no es sólo la baja recaudación, sino la alta opacidad. 
Podría también argumentarse que no es una imposición, sino una propuesta de la administración que sale (énfasis, para que no haya duda: quienes proponen no son los que vienen, sino los que se van) y que será el Congreso actual o los empresarios o una mezcla de ellos, quienes decidirían. 
Pero esto, aunque pudiera ser formalmente cierto, no genera certeza sobre quién está asumiendo qué parte de la responsabilidad. De no aceptar el tras por ciento de ISN, a los empresarios, por ejemplo, se les ha planteado un falso debate para que decidan qué dejar desprotegido: la educación, la seguridad o la infraestructura. Forzar una respuesta sobre eso no es gentil, ni conciliador, ni fomenta la participación. En las comunidades polarizadas suceden desgracias; ¿para qué alimentar el fuego?
Nada es gratis, es cierto. Cada apoyo, obra y acción que hace cualquier gobierno cuesta. El debate, sin embargo, no está ahí, sino en la distancia que se está dibujando entre las promesas de campaña y las decisiones de gobierno.
Pasó el Sexto Informe y las cuentas presentadas no disiparon dudas. Así como había una deuda social (ésa, que no podía esperar, por la que se dice se contrajo la deuda económica), ahora hay una deuda de credibilidad que tampoco espera. Al cierre de la semana se habló del pago sorpresivo de los 3 mil millones de deuda mal contratada: podría descargar algunos aspectos jurídicos, pero produce más preguntas que respuestas. 
El antídoto es único: la transparencia. La de verdad. Además, para que las medidas sean las correctas, el diagnóstico debe ser objetivo. Por eso a las cosas hay que llamarlas como son: una deuda se contrae para pagar obligaciones adquiridas en el pasado; un financiamiento, para cumplir un plan a futuro. ¿En dónde estamos?

Todo sistema que se basa en la política se sostiene en la esperanza de que la palabra dada, la promesa, se cumplirá. Y aunque el tema de los incrementos impositivos tiene aún mucho camino por recorrer, lo que sucedió esta semana no es, precisamente, un buen augurio.