Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 27 de octubre de 2013

Ensañarse contra el ausente

En los últimos tres o cuatro días, los principales medios han dado cuenta de la más reciente pretensión legal del (todavía) Señor de los Dineros, Javier Villarreal.
Para malestar del hígado de muchos, el recuento va más o menos así: arrancando semana, un periódico con circulación nacional dio a conocer que el prófugo de la justicia anda buscando recuperar las cuentas y bienes que (se ha dicho) la PGR le tiene aseguradas. Presentó un amparo, y le fue admitido. De ese documento se desprende esta declaración relacionada con una operación bancaria (un retiro, que no pudo realizar) el pasado 26 de julio: "Procedí a ponerme en contacto con funcionarios del banco mencionado, quienes me informaron que la cuenta estaba asegurada precautoriamente, mostrándome una copia del acuerdo correspondiente" (VANGUARDIA, octubre 25, 2013).
De lo anterior, se infiere (al menos) que: primero, Javier Villarreal sigue vivo; segundo, está en México; tercero, aun cuando debe saberse prófugo de la justicia en ambos lados del Río Bravo, el señor decide retirar, sin éxito, dinero de su tarjeta (operación que queda registrada y de la que puede desprenderse ubicación y un largo etcétera); cuarto, si requiere sacar dinero del banco es porque no tiene efectivo (aun cuando, de alguna manera, seguirá pagando lo que requiere para vivir y a los abogados que le tramitan amparos); quinto, sabiéndose prófugo de la justicia, tranquilamente decide acudir a una sucursal bancaria (donde, por cierto, hay cámaras de seguridad, ¿ya se estarán pidiendo las imágenes?) para reclamar el servicio recibido; sexto, la PGR se dedica a algo diferente y no a buscarlo; séptimo, Javier Villarreal no tiene cuentas con nombres falsos y por eso decide usar una a su nombre. O, si las tuvo, ya se acabaron; octavo, sabiéndose prófugo de la justicia, después de querer retirar dinero, después de reclamar en una sucursal bancaria, decide buscar el amparo.
Muchas piezas no terminan de encajar. ¿O sí?
A dos años de que las autoridades en Coahuila lo aprehendieran fugazmente (recuérdese aquella foto, chaleco gris y corbata azul bien anudada), a un año de que fuera brevemente aprehendido en Texas (allá, la del recuerdo fue en playera Nike, poblado bigote y cabellos alborotados). ¿Decide hacer todo lo necesario para ser ubicado y (al menos) ocupar un espacio en la primera plana?
El periodismo, dijo Tomás Eloy Martínez en tierras colombianas por allá de 1996, no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar. Y aquí, en este caso en particular, sigue habiendo más preguntas que respuestas.  
Acostumbrados a la reacción y no a la reflexión, atinaríamos apenas a decir que el exSecretario es un cínico y por eso anda buscando recuperar lo mal habido. Pero ¿ahí termina, en verdad, el análisis? ¿Dónde estaba, por ejemplo, la PGR? ¿Quién avisó al periódico de circulación nacional lo del amparo? (¿O van a decir que de los miles de amparos tramitados, algún reportero curioso se encontró con el dato, en un estrado, por casualidad?) ¿Por qué reaparecer en escena de manera tan obvia?
Poca reflexión, como digo. Y no solo eso: al ensañarse contra el ausente, se olvida a los presentes.   
Al reforzarse la idea de que Javier Villarreal es el villano y un cínico, perdemos la perspectiva de que todos aquellos movimientos no pudieron efectuarse en la soledad. Blanca paloma, tampoco. Pero en la corrupción, mejor tener cómplices que testigos; tejer una red, para que los amigos no caigan.
Insisto en la idea aquí vertida reiteradamente: después de Villarreal, nadie de quienes le siguieron han señalado faltantes, trucos o inconsistencias. Los que estaban entonces, siguen ahora. Del Gobierno de la Gente al Gobierno Bisagra, y de ahí al Gobierno de la Identidad Múltiple (o del Eslogan Inquieto, como quiera decírsele), no ha habido funcionario que haga eco de lo que, desde afuera, parece claro.
El actual Gobierno insiste, de hecho, en algo así como una teoría del enriquecimiento espontáneo. Desde siempre, este Gobierno, con sus omisiones, encubre.

En este mar embravecido, la poca esperanza remanente se guarda en la Auditoría Superior del Estado. No correrá a la velocidad de las expectativas, pero tiene paso firme. ¿O no?

domingo, 20 de octubre de 2013

El centralismo que viene

Los institutos y consejos electorales de los Estados andan preocupados: los vientos soplan a favor de un Instituto Nacional Electoral. y, allá en México, no alcanza con prestarse de notario del gobernador en turno para ser consejero, reelegirse, presidir una organización en la materia.
Y mírese que eso de que no alcanza allá en el centro del País, tampoco significa que el panorama sea demasiado alentador. Dicen que la culpa, a final de cuentas, no la tiene el indio sino quien lo hizo compadre. y en esto de las clases políticas, todos son indios y compadres.
La sombra del centralismo está creciendo. El legislador federal se está convirtiendo en legislador nacional y el Ejecutivo, poco a poco, vuelve a juntar las piezas de aquello que por largo tiempo se llamaba facultades "metaconstitucionales".
Poco se habla de esto: los principales foros son acaparados por los del centro. Como si solo allá hubiera estatura para hacer, decir, pensar.
Ahí andan, en solitaria batalla, los de los institutos y consejos electorales, defendiendo la chuleta, qué más. Eso, lo principal. Pagándose con dinero público una cruzada personal: lo mismo manifestaciones en la capital del País, como giras de "análisis y reflexión" a lo largo y ancho de la nación. Ahí andan, llorando como infantes lo que no defendieron como hombres: su autonomía.
La razón, por cierto, está de su lado. Pero la política no.
En un esquema federalista, eso de un Instituto Nacional queda muy apretado, con calzador. Pero allá en la capital del País, las acciones vienen vestidas de centralismo.
Los electorales, al menos, se defienden. A quienes aún cobran en los Institutos de Transparencia, por el contrario, les acaban de aplicar una muy parecida. Y nadie movió una ceja. Es más: los consejeros y comisionados estatales de la transparencia (salvo algunas excepciones) aplaudieron la reciente reforma constitucional que los arrodilla ante el IFAI. Otro golpe al sistema federal. Pero así viene la moda: con tonalidades de centralismo.
En pocos meses la nómina magisterial será confeccionada en tierras aztecas. Poco falta para que se perfeccione la reforma constitucional en materia de predial y  registros públicos. ¿En qué se parecen estas dos tácticas? En que todo va al centro; allá se tomarán las decisiones.
El argumento es más o menos el mismo: en los Estados, los gobernadores se convirtieron en señores feudales, que todo controlaban y, por lo mismo, todo saquearon impunemente. No hay en los Estados, explican, contrapesos efectivos frente a la voluntad del gobernador. Y es verdad: la evidencia sobra.
Pero un centralismo en los hechos, enjaretado en un país federalista por ley, nada resuelve.
Comparto el repudio que provoca el cacicazgo estatal. Aborrezco que baste una declaración del líder estatal del partido gobernante para que se considere en riesgo (vía triquiñuelas) una elección ya consumada y ratificada en tribunales (lo que pasa en Acuña, por ejemplo). Me lastima ver consejeros y comisionados al frente de organismos constitucionales autónomos que apenas recuerdan cómo se llaman (mmm. ¿Pongo un ejemplo?). Me desanima pensar que la justicia para un Estado debe venir de tribunales extranjeros porque dentro de un mismo Estado todos son cómplices o familiares (lo de la mega deuda en Coahuila, por ejemplo, que parece ir por buen camino en Texas).
Rechazo, sin embargo, que la mejor alternativa sea recorrer la (ya conocida) senda del centralismo.
Antes que tratarlos con respeto y reconociéndoles (a la distancia, seguramente) una posición de madurez, se optó por recoger las canicas para que los chiquillos malcriados ya no hicieran sus fechorías. Pero claro que hay alternativas.
Los otrora brabucones-organiza-mega-marchas, ahora callan. Cuando se trataba de quitarle la presidencia al PAN, se rasgaban las vestiduras por todo. ¿Y ahora? Sin ropa, se entregan calladitos. Antes levantaban mantas de "no más impuestos". ¿Y ahora? Ocupan su tiempo recordando las efemérides en redes sociales, volteando a otro lado, conociendo (todavía) el mundo con cargo al erario.
Cuando el presidencialismo vacacionó, los gobernadores no supieron comportarse a la altura. Fueron de todo y sin medida, está claro. Los pretendidos contrapesos, prefirieron ser comparsa: no asumieron un compromiso histórico, aprendieron a navegar con la única bandera que pudieron.

De regreso el centralismo, la fiesta se acabó. Todo lo que no sea centro, pierde.   

domingo, 13 de octubre de 2013

Lo que Sojo le reconoció a Coahuila

Don Eduardo Sojo, presidente del INEGI, estuvo en Coahuila. En el marco de la instalación del Comité Estatal de Información Estadística y Geográfica, dijo: "Coahuila es ejemplo de cómo darle seguimiento al Plan Estatal de Desarrollo. Contar con indicadores que permitan ir evaluando la evolución del desarrollo del Estado, es realmente un ejemplo que hay que contar a lo largo del País".
Que el nombre de la entidad pueda colocarse como referencia a lo largo y ancho del País, es buena noticia.
Hace poco más de un año, el mismo Sojo hablaba también de Coahuila. Decía que en tres entidades (Sinaloa, Coahuila y Zacatecas) sus encuestadores sufrían. "Hemos tenido algunos incidentes, algunos levantones, pero cuando ven de quién se trata y de qué se trata, que traen sus cuestionarios, se meten al perfil en Internet en la página del INEGI y los dejan ir", reconoció en aquella ocasión (Notimex, 22 de mayo de 2012).
Sin embargo, que la buena noticia surja (como en esta ocasión) a partir de información imprecisa, resta.
El presidente del INEGI cumplió con la invitación: habló bien en casa de quien le abrió la puerta. ¿Dónde está el detalle? En que sus palabras desconocen que el Gobierno de Coahuila, su anfitrión, ha estado (y está) ignorando la aplicación de la Ley en la materia.
Después del 23 de diciembre del 2009, en Coahuila existe la Ley del Sistema de Información Estadística y Geográfica que establece y regula, dicho sea en términos generales, las bases para establecer un sistema estatal en esas materias. En la visita de Sojo se instaló el Comité que, de acuerdo con esta Ley, es un "órgano colegiado que tiene por objeto coordinar y ordenar las actividades de las unidades administrativas con funciones de información estadística y geográfica, para asegurar la generación de información estratégica para el seguimiento y evaluación del Plan Estatal de Desarrollo" (artículo 2, fracción II).
Esta Ley señala varias obligaciones a la administración del todavía Gobernador. Salvo la del Comité, que se instala dos años después de que el titular del Ejecutivo tomara protesta, todas ellas han quedado en el olvido.  
¿Qué ha sucedido? El brazo ejecutor de lo que debiera ser el Sistema Estatal de Información Estadística y Geográfica es, en términos de Ley, la Coordinación de Población y Desarrollo Municipal (artículo 3, entre otros, de referida norma). ¿Existe esta Coordinación? Debiera depender de la Secretaría de Gobierno, pero ni en el organigrama publicado (http://sgob.sfpcoahuila.gob.mx/) ni en su directorio, aparece.
No sería la primera vez que a este Gobernador le da por implementar sus políticas a través de dependencias "fantasma": en este mismo espacio, hará un año, señalábamos que la entrega de escrituras para la regularización de la tierra se estaba haciendo vía una Comisión legalmente inexistente. Meses después, tuvieron que crearla de nuevo, hacer "como que la Virgen les hablaba" y parchar el error.
Para ponerle orden a la información de Coahuila, de acuerdo con la Ley vigente desde 2009, debiera existir un "Registro Estatal de Estadística y de Información Geográfica". ¿En cuál cajón estará?... Por medios ordinarios, no se encuentra.
Eso que reconocía Sojo, específicamente lo del seguimiento al Plan Estatal de Desarrollo, debería darse de acuerdo con el "Programa Estatal de Información Estadística y Geográfica" (artículo 21, multicitada Ley). Este Programa debió elaborarse iniciando el sexenio (artículo 22) y ser publicado en el Periódico Oficial. ¿Dónde está? No entre los 14 programas sectoriales; tampoco entre los 10 programas especiales. Y si no existe ¿cómo se le da seguimiento al Plan de Desarrollo? Pues como se vaya pudiendo, imagino.
Ignorar la Ley y obtener un reconocimiento, ¿cómo lograrlo?, publicando lo que sea e invitando personalidades nacionales quienes, engañadas, validen la simulación. Como cuando el todavía Gobernador se comprometía a hacer pública su declaración patrimonial desde el inicio de su mandato. Se lo firmó a la organización Causa en Común, de María Elena Morera, quien no regateó halagos. ¿y dónde está el cumplimiento? Así, el estilo.
En fin: Sojo no tendría por qué conocer esta Ley local. La administración estatal, por el contrario, sí.

Así la nueva forma de gobernar: antes que con la Ley, propaganda.

Postal desde Santiago

Me recomendaron el salmón como almuerzo. Acá, en Chile, es un manjar relativamente económico por ser un país productor. Pedirlo en "Donde Augusto", restaurante tradicional en el seno del Mercado Central -un espacio para el comercio desde tiempos precoloniales completa la orientación recibida. Para beber, un pisco sour -preparado a base de uva fermentada cuya denominación de origen le pelearon, con mal resultado, al Perú-. Todo muy bueno, dicho sea de paso. Lo mejor, sin embargo, fue la charla.
Dentro de un mes se estará eligiendo nuevo Presidente. O Presidenta, según parece. Bachelet, las encuestas lo indican, regresará para reinstalar un gobierno de izquierda. La derecha, con el actual presidente, ha presentado buenos números y resultados en lo macro, pero el reclamo sigue siendo que en las mesas de las familias de clase media, y para abajo, ello no se siente.
Mi anfitrión en esta ocasión es un académico de próspera carrera acercándose a los cincuenta años. Especialista en gestión pública, nació en Santiago y, salvo unos cuatro años que vivió en el sur de California realizando su posgrado, siempre ha estado aquí. Conoce al dedillo las calles y barrios de esta enorme mancha urbana; fue testigo de las transformaciones, crestas o valles por igual. Apenas le escucha a alguien un par de palabras, identifica si es un migrante o, como él, completamente santiaguino.
Un poco de historia sobre el lugar, referencias gastronómicas. Más o menos así va la charla.
Aprovecho una pausa: Y cómo fue la vida en tiempos de dictadura, le pregunto. La muerte de Salvador Allende le tomó iniciando la educación básica; a partir de entonces, y hasta sus estudios universitarios, no conoció liderazgo diferente al de Augusto Pinochet, la dictadura militar. Me confía un par de anécdotas, sus recuerdos.
En Chile, todo aquél que quiera trabajar como profesionista debe ostentar un título. Mi anfitrión, desde siempre interesado en lo gubernamental, estudió administración pública. Tengo frente a mí, entonces, a alguien que desde siempre ha comprendido la labor en el sector. Y que lo aprendió en tiempos donde había que ser tan disciplinado como en un ejército.
¿Y la innovación y la iniciativa del funcionario? Pues de eso, nada. En la universidad podían estudiarse todos los sistemas políticos que el hombre ha sido capaz de inventarse, pero la práctica era una sola; ¿la democracia? Un capítulo más en un libro de los muchos estudiados.
Algo de activismo, me dice. La participación, ya como estudiante, en alguna manifestación o protesta. Nada demasiado grande, pero con grandes consecuencias. Cualquier intento de organización era abordado por la fuerza y, de inmediato, obligado a desaparecer. Y si por cuestiones del destino algún compañero era capturado por los gendarmes, debía inmediatamente organizarse una guardia alrededor del edificio  donde se suponía le tenían para, proclamando su nombre, asegurar que no desapareciera en el anonimato. Con nombre, existía; sin nombre, a una estadística de bordes confusos. Sigue la charla y la buena comida. Son ellos una generación que nada debe al gobierno, me dice. La educación es pública, pero no por ello gratuita: quien se interese en estudiar, debe buscarse los medios. El, mi interlocutor, sigue pagando el crédito universitario contratado hace un par de décadas. Y el sistema de pensiones funciona de manera similar. Y el de salud, y un largo etcétera.
En aquel ánimo por simplificarse la vida administrativa, el gobierno se lavó las manos en muchos temas.
Así ha sido la vida para ellos; dura a los ojos externos. Las nuevas generaciones, las que debieran ser el voto mayoritario en las próximas elecciones, por el contrario, parecen ver la cosa diferente. Identifican, como todos, que la vida es dura; pero quieren que el Gobierno se involucre.
Chile es un país ilustrado y con muchos indicadores por encima de los mexicanos. Es un progreso con cimientos en el autoritarismo y la disciplina. Y aquí no hay un juicio de valor, apenas mera descripción.
Chile florece en muchos renglones; en la parte política, va avanzando.

Acá ando, en la capital chilena. Invitado por el Colegio de Administradores Públicos y la Universidad Central, con una conferencia en el VI Congreso Chileno de Administración Pública que lleva por tema "Transparencia y probidad en la función pública". Como siempre, un saludo.