Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 13 de octubre de 2013

Postal desde Santiago

Me recomendaron el salmón como almuerzo. Acá, en Chile, es un manjar relativamente económico por ser un país productor. Pedirlo en "Donde Augusto", restaurante tradicional en el seno del Mercado Central -un espacio para el comercio desde tiempos precoloniales completa la orientación recibida. Para beber, un pisco sour -preparado a base de uva fermentada cuya denominación de origen le pelearon, con mal resultado, al Perú-. Todo muy bueno, dicho sea de paso. Lo mejor, sin embargo, fue la charla.
Dentro de un mes se estará eligiendo nuevo Presidente. O Presidenta, según parece. Bachelet, las encuestas lo indican, regresará para reinstalar un gobierno de izquierda. La derecha, con el actual presidente, ha presentado buenos números y resultados en lo macro, pero el reclamo sigue siendo que en las mesas de las familias de clase media, y para abajo, ello no se siente.
Mi anfitrión en esta ocasión es un académico de próspera carrera acercándose a los cincuenta años. Especialista en gestión pública, nació en Santiago y, salvo unos cuatro años que vivió en el sur de California realizando su posgrado, siempre ha estado aquí. Conoce al dedillo las calles y barrios de esta enorme mancha urbana; fue testigo de las transformaciones, crestas o valles por igual. Apenas le escucha a alguien un par de palabras, identifica si es un migrante o, como él, completamente santiaguino.
Un poco de historia sobre el lugar, referencias gastronómicas. Más o menos así va la charla.
Aprovecho una pausa: Y cómo fue la vida en tiempos de dictadura, le pregunto. La muerte de Salvador Allende le tomó iniciando la educación básica; a partir de entonces, y hasta sus estudios universitarios, no conoció liderazgo diferente al de Augusto Pinochet, la dictadura militar. Me confía un par de anécdotas, sus recuerdos.
En Chile, todo aquél que quiera trabajar como profesionista debe ostentar un título. Mi anfitrión, desde siempre interesado en lo gubernamental, estudió administración pública. Tengo frente a mí, entonces, a alguien que desde siempre ha comprendido la labor en el sector. Y que lo aprendió en tiempos donde había que ser tan disciplinado como en un ejército.
¿Y la innovación y la iniciativa del funcionario? Pues de eso, nada. En la universidad podían estudiarse todos los sistemas políticos que el hombre ha sido capaz de inventarse, pero la práctica era una sola; ¿la democracia? Un capítulo más en un libro de los muchos estudiados.
Algo de activismo, me dice. La participación, ya como estudiante, en alguna manifestación o protesta. Nada demasiado grande, pero con grandes consecuencias. Cualquier intento de organización era abordado por la fuerza y, de inmediato, obligado a desaparecer. Y si por cuestiones del destino algún compañero era capturado por los gendarmes, debía inmediatamente organizarse una guardia alrededor del edificio  donde se suponía le tenían para, proclamando su nombre, asegurar que no desapareciera en el anonimato. Con nombre, existía; sin nombre, a una estadística de bordes confusos. Sigue la charla y la buena comida. Son ellos una generación que nada debe al gobierno, me dice. La educación es pública, pero no por ello gratuita: quien se interese en estudiar, debe buscarse los medios. El, mi interlocutor, sigue pagando el crédito universitario contratado hace un par de décadas. Y el sistema de pensiones funciona de manera similar. Y el de salud, y un largo etcétera.
En aquel ánimo por simplificarse la vida administrativa, el gobierno se lavó las manos en muchos temas.
Así ha sido la vida para ellos; dura a los ojos externos. Las nuevas generaciones, las que debieran ser el voto mayoritario en las próximas elecciones, por el contrario, parecen ver la cosa diferente. Identifican, como todos, que la vida es dura; pero quieren que el Gobierno se involucre.
Chile es un país ilustrado y con muchos indicadores por encima de los mexicanos. Es un progreso con cimientos en el autoritarismo y la disciplina. Y aquí no hay un juicio de valor, apenas mera descripción.
Chile florece en muchos renglones; en la parte política, va avanzando.

Acá ando, en la capital chilena. Invitado por el Colegio de Administradores Públicos y la Universidad Central, con una conferencia en el VI Congreso Chileno de Administración Pública que lleva por tema "Transparencia y probidad en la función pública". Como siempre, un saludo.

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