Me recomendaron
el salmón como almuerzo. Acá, en Chile, es un manjar relativamente económico
por ser un país productor. Pedirlo en "Donde Augusto", restaurante
tradicional en el seno del Mercado Central -un espacio para el comercio desde
tiempos precoloniales completa la orientación recibida. Para beber, un pisco
sour -preparado a base de uva fermentada cuya denominación de origen le
pelearon, con mal resultado, al Perú-. Todo muy bueno, dicho sea de paso. Lo
mejor, sin embargo, fue la charla.
Dentro de un mes
se estará eligiendo nuevo Presidente. O Presidenta, según parece. Bachelet, las
encuestas lo indican, regresará para reinstalar un gobierno de izquierda. La
derecha, con el actual presidente, ha presentado buenos números y resultados en
lo macro, pero el reclamo sigue siendo que en las mesas de las familias de
clase media, y para abajo, ello no se siente.
Mi anfitrión en
esta ocasión es un académico de próspera carrera acercándose a los cincuenta
años. Especialista en gestión pública, nació en Santiago y, salvo unos cuatro
años que vivió en el sur de California realizando su posgrado, siempre ha
estado aquí. Conoce al dedillo las calles y barrios de esta enorme mancha
urbana; fue testigo de las transformaciones, crestas o valles por igual. Apenas
le escucha a alguien un par de palabras, identifica si es un migrante o, como
él, completamente santiaguino.
Un poco de
historia sobre el lugar, referencias gastronómicas. Más o menos así va la
charla.
Aprovecho una
pausa: Y cómo fue la vida en tiempos de dictadura, le pregunto. La muerte de
Salvador Allende le tomó iniciando la educación básica; a partir de entonces, y
hasta sus estudios universitarios, no conoció liderazgo diferente al de Augusto
Pinochet, la dictadura militar. Me confía un par de anécdotas, sus recuerdos.
En Chile, todo
aquél que quiera trabajar como profesionista debe ostentar un título. Mi
anfitrión, desde siempre interesado en lo gubernamental, estudió administración
pública. Tengo frente a mí, entonces, a alguien que desde siempre ha
comprendido la labor en el sector. Y que lo aprendió en tiempos donde había que
ser tan disciplinado como en un ejército.
¿Y la innovación
y la iniciativa del funcionario? Pues de eso, nada. En la universidad podían
estudiarse todos los sistemas políticos que el hombre ha sido capaz de
inventarse, pero la práctica era una sola; ¿la democracia? Un capítulo más en
un libro de los muchos estudiados.
Algo de
activismo, me dice. La participación, ya como estudiante, en alguna
manifestación o protesta. Nada demasiado grande, pero con grandes consecuencias.
Cualquier intento de organización era abordado por la fuerza y, de inmediato,
obligado a desaparecer. Y si por cuestiones del destino algún compañero era
capturado por los gendarmes, debía inmediatamente organizarse una guardia
alrededor del edificio donde se suponía le tenían para, proclamando su
nombre, asegurar que no desapareciera en el anonimato. Con nombre, existía; sin
nombre, a una estadística de bordes confusos. Sigue la charla y la buena
comida. Son ellos una generación que nada debe al gobierno, me dice. La
educación es pública, pero no por ello gratuita: quien se interese en estudiar,
debe buscarse los medios. El, mi interlocutor, sigue pagando el crédito
universitario contratado hace un par de décadas. Y el sistema de pensiones funciona
de manera similar. Y el de salud, y un largo etcétera.
En aquel ánimo
por simplificarse la vida administrativa, el gobierno se lavó las manos en
muchos temas.
Así ha sido la
vida para ellos; dura a los ojos externos. Las nuevas generaciones, las que
debieran ser el voto mayoritario en las próximas elecciones, por el contrario,
parecen ver la cosa diferente. Identifican, como todos, que la vida es dura;
pero quieren que el Gobierno se involucre.
Chile es un país
ilustrado y con muchos indicadores por encima de los mexicanos. Es un progreso
con cimientos en el autoritarismo y la disciplina. Y aquí no hay un juicio de
valor, apenas mera descripción.
Chile florece en
muchos renglones; en la parte política, va avanzando.
Acá ando, en la
capital chilena. Invitado por el Colegio de Administradores Públicos y la
Universidad Central, con una conferencia en el VI Congreso Chileno de
Administración Pública que lleva por tema "Transparencia y probidad en la
función pública". Como siempre, un saludo.
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