Es la
vieja práctica de hacer organismos obesos, poco flexibles y enquistados en el
presupuesto
Ecos de las
elecciones. Que eso del retroceso electoral del PRI es la manera en que el
pueblo se cobró el aún pendiente asunto de la mega deuda. Dicen. Será o no de
esta manera: cómo saberlo.
Ecos de las
elecciones. Algunos analistas post electorales ubican al todavía Gobernador en
una faceta doble de administrador y actor político que, frente al desorden del
sexenio pasado, no ha tenido de otra que amarrarse el cinturón y utilizar los
dos primeros años de su mandato poniendo orden en la casa.
Visto así, hasta
heroico suena.
Mientras que para
otros Estados ver a sus exgobernadores en la silla de los acusados se ha vuelto
una (penosa) realidad, en Coahuila el asunto pareciera desvanecerse tras el
triunfo de la oposición en un puñado de municipios. ¿La diferencia allá y aquí?
El perfil del sucesor, así de simple.
Algunos podrán
estar muy contentos por el cambio del color en algunas pocas administraciones. Esto
no se trata de que un partido pierda algunas alcaldías y diputaciones o
senadurías para estar "a mano".
Aquí lo
sustantivo es no olvidar que el irresponsable manejo financiero de Coahuila por
(al menos) un sexenio y el todavía ausente ejercicio de rendición de cuentas al
respecto son aspectos que deben trascender las urnas.
Si las cuentas no
cuadraron en el sexenio pasado, la presente administración (a quien le
entregaron todos los asuntos) debió señalarlo. Para ejercitar la memoria: no
solo no hubo señalamientos sino que, hasta la fecha, se ha insistido que ni un
solo peso de las arcas terminó en lugar equivocado.
En todo caso,
debían amarrarse el cinturón y llamar ante la ley a quienes provocaron y
permitieron el desorden. Hacer lo contrario no es de héroes, sino de cómplices.
Para lo de la
deuda, habrá otra ocasión; centrémonos ahora en eso de gastar dos años poniendo
orden. ¿Ha sido de esta manera?
La presente
administración se está llenando de elefantes blancos. Se trata,
específicamente, de Secretarías de nueva creación que, salvo a quienes cobran
de sus nóminas, ningún bien le hacen a alguien.
¿Qué diferencia
han significado, en realidad, las Secretarías de Cultura, del Trabajo, de las
Mujeres y de la Juventud? Está por consumirse una tercera parte del sexenio y
que existan a nivel Secretaría no ha reportado mejoras significativas en sus
áreas, no hay mucho más trabajo que cuando eran institutos o direcciones.
No es que no
hagan algo. Claro que tendrán algún trabajo por hacer: publicar alguna
convocatoria, replicar algún programa federal, entregar algún apoyo económico.
Pero, en verdad, ¿se justifican como Secretarías?
Se trata de
instancias que hacen lo mismo o menos, donde el único cambio palpable se
encuentra en la jerarquía del titular. Esto, aunque no se acepte, impacta en el
presupuesto pero no mejora la calidad del servicio prestado ni la cobertura
lograda.
Y como son
remiendos, ocurrencias y parches, estas organizaciones (además) deben lidiar
con un entramado normativo desarticulado y desactualizado.
La Secretaría de
las Mujeres, por ejemplo, tiene como un asunto encomendado "elaborar,
coordinar y aplicar el Programa Estatal de las Mujeres" (artículo 32 bis,
fracción I de la Ley Orgánica). ¿Dónde está ese programa? Hay un Programa
Estatal de Igualdad de Género 2011-2017. Y, por principio de legalidad, el
asunto es más que un simple cambio de nombre.
Remiendo,
ocurrencias y parches. A la Secretaría del Trabajo, antes de los dieciocho
meses de creada ya le habían derogado tres funciones en la Ley Orgánica. Pero
le quedan otras imposibles de cumplir, como esa que le señala, como asunto de
su competencia, "procurar el equilibrio entre los factores de la
producción.". En serio, ¿cómo puede procurar algo así? Para junio de este
año, por cierto, se publicaba que Coahuila era la tercera entidad que más
empleos urbanos había perdido.
Y la lista puede
seguir y el detalle ser más interesante.
Lo que en su
tiempo fue la ocurrencia de una Secretaría de Turismo, ahora estas cuatro. Es
la vieja práctica de hacer organismos obesos, poco flexibles y enquistados en
el presupuesto. Caldos de cultivo de burocracias que no ofrecen valor en su
trabajo.
¿En orden la
casa? Tampoco. Lo de la deuda, en breve.