La evidencia se acumula: acá, primero la sumisión al desempeño.
Así, entre otros, nada deben temer algunas Secretarías que se
inventaron de la nada y cuyos resultados no difieren a cuando sobrevivían como
modestos institutos: la de la Juventud, la de la Mujer. Esta administración,
recuérdese, se inventó también una Secretaría del Trabajo. Elefantes blancos,
la lista es larga.
Conocida esta última como SETRA, tiene entre sus responsabilidades (por
cierto) la de “realizar visitas de verificación e inspección… para comprobar el
cumplimiento” de las normas laborales (artículo 35, fracción XII Ley Orgánica).
Asuntos recientes sobre trabajo infantil, demuestran un muy pobre desempeño.
En 2014, según cifras de la propia SETRA, los menores encontrados
trabajando de manera irregular sumaron 26. Para julio de este año eran 40
(VANGUARDIA, julio 29, 2015). Súmele los 54, de lo acontecido recientemente.
En el Plan Estatal de Desarrollo se establece una meta para 2017:
bajar el porcentaje de ocupación infantil, del 7.4% (reportado en 2011) al 3%.
¿Cómo van? Los resultados no son alentadores, pero será hasta septiembre que,
gracias al INEGI, podrá saberse algo con certeza.
Por cierto, no se crea que el rescate de más de cinco decenas de
menores fue resultado de atinadas visitas de verificación: de no ser porque un
padre interpuso una denuncia, el asunto seguiría en el anonimato. Golpe de
suerte, pues.
No hay contundencia en los resultados debido a esa maña de inventarse
elefantes blancos y ponerlos sobre una telaraña de normas y procedimientos que
merman su efectividad. Se llenan de planeaciones y formatos que nadie revisa
pues a nadie interesa.
Cuando en el Programa Operativo Anual 2015, por ejemplo, explican el
programa de visitas de verificación e inspección ¡dejaron el formato usado desde el 2012!... ni
el año pudieron cambiar. Aquí el hueco que hoy es noticia. Sobra decir que no
hay información de cuántas inspecciones harán ni cuáles son los resultados
esperados. Un documento para salir del paso.
Como veían que resistía, además, fueron a llamar a otro elefante. Y le
llamaron “Comisión Interinstitucional para la Prevención y Erradicación del
Trabajo Infantil y la Protección de Adolescentes Trabajadores en Edad Permitida
en el Estado de Coahuila de Zaragoza”.
No escatimaron en palabras para la denominación, pero hasta ahí llegó
el esfuerzo. Cumplir la forma y nada más.
Su Acuerdo de Creación se publicó en marzo de 2014. Era tal la
prioridad del asunto que no fue sino hasta septiembre (seis meses después) que celebraron
su primera sesión. Según trasciende en boletines del propio Ejecutivo, se
presentó un programa de trabajo. Pero ¿después de eso? Lo que haya sucedido no
es información disponible por medios ordinarios.
La Comisión debiera reunirse cada tres meses. De su primera sesión al
día de hoy debió haber, entonces, tres más. ¿Fue así? ¿Sirvieron para algo?
Esta Comisión, pomposamente se afirma, es de “carácter permanente” y debiera funcionar
para “la coordinación de las dependencias y entidades… en el diseño, ejecución
y evaluación de políticas, programas y acciones” etcétera (artículo 1). Palabras.
En el mismo documento (artículo 10) se establece que la Secretaría del Trabajo
es la que, en términos de la normatividad en materia de transparencia, debe responsabilizarse
de la información y solicitudes. Pero ni por ahí se le puede entrar a la
maraña.
Todo un aparato montado… para la foto. Todas las instancias
coordinadas… en el discurso. Unos 54 menores explotados en ranchos agrícolas
hoy rescatados… por casualidad.
Pero, hablemos de toros…