Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 9 de agosto de 2015

El crack inmobiliario que viene

Hace más de tres años lo señalé. Este Gobierno desarrolló un “Programa Integral de la Regularización de la Tenencia de la Tierra” en 959 colonias populares a través de dos oficinas jurídicamente inexistentes. Los del gobierno se dieron cuenta del error. Silenciosamente se legisló para medio enmendar. Más información de esto en “La pesadilla de la incertidumbre”, este espacio un primero de abril de 2012.

La pregunta de entonces se mantiene: ¿Qué sucederá con las miles de escrituras repartidas durante la irregularidad? Una bomba de tiempo.

Pues resulta que la presente administración no atina en asuntos inmobiliarios. Ahora los ojos en el Registro Público, Saltillo.

La (llamada) modernización comenzó en 2013. En virtud de convenio con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano se debieron invertir a este fin 15.9 millones en ese año (convenio publicado en el Diario Oficial del 24 de octubre, 2013) y otros 12.5 millones entre 2014 y 2015 para el Registro y su vinculación con Catastro (en Diario Oficial de diciembre 17, 2014).

¿En qué quedaron esos casi 30 millones de pesos? 

Lo más vistoso fue que se trajeron un software desarrollado en Colima, el Sistema  de Información Registral y Gestión Administrativa (SIRGA). Y, después de eso, todo se detuvo en enero de 2015.

Siete meses después y tres directores, el Registro Público funciona a un tercio, ahogando al sector inmobiliario. Constructores, vendedores, notarios, albañiles y hasta el municipio que ya no cobra sus impuestos: todos la llevan por la impericia estatal.

El nudo, sin embargo, no está solo en lo que puede o no hacer el SIRGA; ya ni en la tan publicitada corrupción “descubierta”. El traslado a un sistema registral de “Folio Real” terminó de complicarlo todo. Ahora, de la madeja, no encuentran ni la punta.

A finales de mayo la presidencia de la CANADEVI parecía hablar de la agilización de trámites. Lo agilizado se llama expedición de “libertad de gravamen” y es, apenas, el primer paso de un largo camino. Fue lo más que pudo hacerse cuando los constructores presionaron porque “no hay empresa que aguante 4 meses cobrando el 40 por ciento de lo que debe cobrar”  (VANGUARDIA, mayo 31, 2015) expresión que dibuja en un solo trazo las consecuencias de un gobierno deficiente en la implementación de lo que decide.

El producto final, la escritura, es lo que da seguridad al dueño del terreno o la casa. Todo lo demás, lo previo (léase, la libertad de gravamen), sirve a los bancos y los constructores, para no detener su negocio. Solo a ellos… y no por mucho.

Los acuerdos con el INFONAVIT, por ejemplo, va más o menos así: si para diciembre de este año no hay escrituras, el constructor y el notario deberán regresarle al propio INFONAVIT el dinero que haya dado para la operación.

El problema ahora no puede verse solo desde el rezago: el daño económico ya fue y sigue siendo causado. El asunto de fondo es que no hay garantías de cuándo ni cómo se resolverá el asunto.

Los meses en lo que todo está casi suspendido es otra bomba de tiempo para el sector inmobiliario. Sobre todo lo que se ha medio tramitado en estos meses descansa la sombra de la inseguridad, la incertidumbre.  Al tiempo.


En la compañía que decidió, el todavía gobernador escribe su legado con capítulos que van más o menos así. 

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