Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 16 de agosto de 2015

Fotomultas

Padeciendo una embestida mediática cotidiana y siendo un gobierno procedente de una arena partidista diferente a la dominante en el Estado, la administración municipal de Saltillo decidió implementar un programa impopular, contratar a una empresa de antecedentes poco claros y hacerla efectiva mediante un procedimiento nebuloso o hasta indeterminado: las fotomultas.

Podemos estar de acuerdo en algo: a mayor velocidad en las calles, mayor el número de accidentes y su gravedad. En otra idea, las discrepancias son inexistentes: la reducción de accidentes es algo bueno.  Las diferencias no están en el “qué” (el diagnóstico, el objetivo)… comienzan cuando se piensa en el “cómo”.

Quienes defienden el “qué”, pueden tener razón... pero la inconformidad no está ahí.  Todos los ejemplos y argumentos que den serán insuficientes porque la autoridad municipal se encargó de truncarse el camino al descuidar el “cómo”. Y ahí, para rectificar no hay otra, solo la media vuelta.

¿Cómo fue que se concluyó que las fotomultas eran la mejor (y única) alternativa para atender el asunto? ¿Cómo fue que se decidió contratar a una empresa cuya única dirección conocida es la de una página de internet de no más de dos años de antigüedad? ¿Cómo fue que se llegó a tener una de las multas más costosas en el país?

Quienes tomaron la decisión, debieron sopesar las ventajas frente a las ventajas. Con la información que tuvieron, según su análisis, resultaba mejor andar el camino de la fotomulta. ¿Dónde están esos elementos?

Y aquí, con cuidado. La presente no tendría que ser la peor administración ni la decisión de las fotomultas la más desafortunada que pueda, hoy por hoy, identificarse. El gobierno estatal tiene las suyas, de las que pocos hablan. Pero acá lo importante es cómo se llevó a la práctica: las medidas para amortiguar el (natural) descontento entre la población fueron insípidas y los huecos dejados fueron aprovechados por las fuerzas que siempre ha tenido en contra.

Los brincos para explicar cómo se harán efectivas, pasando de la licencia de conducir al predial y un largo etcétera. Las medidas aplicadas a unidades con placas foráneas o con el domicilio en otro municipio, donde parece reinó la improvisación. El aviso de la colocación de nuevas cámaras para después, de inmediato, eso de que se posponía hasta nuevo aviso. Todo esto, gasolina al fuego.  

La capacidad de la administración municipal para responder los señalamientos en su contra ha sido evidentemente insuficiente. Mientras que los medios ya comprados  por nada cambiarán su agenda, quienes intentaron ver el asunto desde otro ángulo tiraron la toalla al carecer de información. 

Trabajar como oposición no debe ser sencillo: exige el doble del cuidado a quienes tienen apenas la mitad de la experiencia. En un contexto donde vale más tener el poder que la razón y mejor resulta tener cómplices que una buena idea, enfrentar al sistema por mensajes en redes sociales es algo menos que ingenuo.

En Coahuila, el ejemplo es claro: la carrera más exitosa de un alcalde panista la tiene aquél que, en funciones durante un segundo mandato, prácticamente se cambió de partido. En Ramos Arizpe lo recuerdan. No es un caso aislado. Los más feroces contrincantes de la administración panista son los que fueron de casa y ahora tienen puesto bajo otras siglas.  


Lo hecho no tiene eco, la impericia se magnifica. Quien así comenzó, así terminará. 

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