Padeciendo
una embestida mediática cotidiana y siendo un gobierno procedente de una arena
partidista diferente a la dominante en el Estado, la administración municipal
de Saltillo decidió implementar un programa impopular, contratar a una empresa
de antecedentes poco claros y hacerla efectiva mediante un procedimiento nebuloso
o hasta indeterminado: las fotomultas.
Podemos
estar de acuerdo en algo: a mayor velocidad en las calles, mayor el número de
accidentes y su gravedad. En otra idea, las discrepancias son inexistentes: la
reducción de accidentes es algo bueno.
Las diferencias no están en el “qué” (el diagnóstico, el objetivo)…
comienzan cuando se piensa en el “cómo”.
Quienes
defienden el “qué”, pueden tener razón... pero la inconformidad no está
ahí. Todos los ejemplos y argumentos que
den serán insuficientes porque la autoridad municipal se encargó de truncarse
el camino al descuidar el “cómo”. Y ahí, para rectificar no hay otra, solo la
media vuelta.
¿Cómo fue
que se concluyó que las fotomultas eran la mejor (y única) alternativa para
atender el asunto? ¿Cómo fue que se decidió contratar a una empresa cuya única
dirección conocida es la de una página de internet de no más de dos años de
antigüedad? ¿Cómo fue que se llegó a tener una de las multas más costosas en el
país?
Quienes
tomaron la decisión, debieron sopesar las ventajas frente a las ventajas. Con
la información que tuvieron, según su análisis, resultaba mejor andar el camino
de la fotomulta. ¿Dónde están esos elementos?
Y aquí, con
cuidado. La presente no tendría que ser la peor administración ni la decisión
de las fotomultas la más desafortunada que pueda, hoy por hoy, identificarse. El
gobierno estatal tiene las suyas, de las que pocos hablan. Pero acá lo importante
es cómo se llevó a la práctica: las medidas para amortiguar el (natural)
descontento entre la población fueron insípidas y los huecos dejados fueron
aprovechados por las fuerzas que siempre ha tenido en contra.
Los brincos
para explicar cómo se harán efectivas, pasando de la licencia de conducir al
predial y un largo etcétera. Las medidas aplicadas a unidades con placas
foráneas o con el domicilio en otro municipio, donde parece reinó la
improvisación. El aviso de la colocación de nuevas cámaras para después, de
inmediato, eso de que se posponía hasta nuevo aviso. Todo esto, gasolina al
fuego.
La capacidad
de la administración municipal para responder los señalamientos en su contra ha
sido evidentemente insuficiente. Mientras que los medios ya comprados por nada cambiarán su agenda, quienes
intentaron ver el asunto desde otro ángulo tiraron la toalla al carecer de
información.
Trabajar
como oposición no debe ser sencillo: exige el doble del cuidado a quienes
tienen apenas la mitad de la experiencia. En un contexto donde vale más tener
el poder que la razón y mejor resulta tener cómplices que una buena idea,
enfrentar al sistema por mensajes en redes sociales es algo menos que ingenuo.
En Coahuila,
el ejemplo es claro: la carrera más exitosa de un alcalde panista la tiene
aquél que, en funciones durante un segundo mandato, prácticamente se cambió de
partido. En Ramos Arizpe lo recuerdan. No es un caso aislado. Los más feroces
contrincantes de la administración panista son los que fueron de casa y ahora
tienen puesto bajo otras siglas.
Lo hecho no
tiene eco, la impericia se magnifica. Quien así comenzó, así terminará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario