En el
pasado debate en Saltillo, los ataques fueron de cosquilla y las propuestas una
receta ya muy leída.
Como ejercicio,
de esos donde se queman pocas calorías: de muy bajo impacto. Como debate, muy
por debajo de lo que cualquier diccionario dice deben ser.
Pero hubo.
Quienes buscan el voto para ocupar la silla en Presidencia Municipal abrieron
un espacio en sus agendas, acudieron, cumplieron con el compromiso. Y, en
perspectiva, no es asunto menor.
Sin embargo, algo
sucede en esos debates. Hasta quienes en otros espacios se han caracterizado
por una interesante capacidad de reacción, prefieren quedarse callados. Como si
quien callara estuviese otorgando y dando la razón a quien le acusa. ¿Será?
Algo sucede,
digo. Una maldición que acartona a quienes se presienten en la delantera,
expone a quienes no saben leer y empuja a una fama momentánea a quienes ocupan
los últimos peldaños (y hasta el sótano) en las encuestas.
En el pasado
debate en la capital de Coahuila, los ataques fueron de cosquilla y las
propuestas una receta ya muy leída. Los espacios para las réplicas y las
contraréplicas fueron de todo, menos réplicas y contraréplicas. Ahí los
silencios; ahí, ante la ausencia de confrontación, la extensión de las ideas y
propuestas.
Pero hubo. Sin
tratar de ver el vaso medio lleno ni medio vacío, finalmente importa el agua
que tuvo el vaso. Más o menos con esa impresión me quedo después de
seguir el debate a través de la página de VANGUARDIA.
¿El balance? Va
la opinión personal.
El candidato del
PAN y compañía, si de leer se trataba, debió practicarlo más. En las muchas virtudes
y fortalezas que como persona y empresario tiene, no puede contar con eso de
ser tribuno. Hasta el final del encuentro, quienes lograron mantenerse
despiertos, habrán identificado un candidato con más elementos para la
discusión. Habrá querido abrir la Caja de Pandora con unos señalamientos
iniciales, pero no tuvo un plan B en caso de que, como ocurrió, la respuesta
fuera el silencio.
El candidato del
PRI y toda la menudencia de partidos que quieren crecer a su sombra, se fue a
la segura: apegarse al guión, leer rápido y no incomodarse al dejar espacios
vacíos o en silencio. Seguirse de largo sin confrontar, sin comparar, sin
contrastar. Muy en esa actitud de quien sabe que las elecciones no se ganan en
los debates.
El PSD tiene
mucha candidata para el Partido. Leyó bien, hay ideas novedosas y atractivas.
Es solo que, en lo personal, sigo con esta idea que no me deja: la tarea de su
postulación es ayudar a la división eterna del PAN y quitarle votos. Más o
menos así veo al PSD, como un comodín que el poder usa cuando requiere de una
aparente oposición.
En el PT hay
presencia e ideas. pero poca capacidad de síntesis. Todas las propuestas y
recuentos históricos, terminaban en algo así como "en el próximo
bloque" les platico más de esto y aquello. Aun así, en términos de debate,
lució más que los dos punteros.
El abanderado del
PRD fue, me parece, una sorpresa. Informado, con ideas, con dotes de orador. En
redes sociales al menos, creció como espuma y salió de la sombra. Pero lo que
sucede en los debates, se queda en los debates. Algunos votos indecisos, en el
mejor de los casos, terminarán beneficiando al Partido Amarillo que, al menos
en Coahuila y de manera lamentable, ha sido de candidatos desechables.
El debate ya fue.
Así, más o menos. Como sucede al final de este tipo de ejercicios, queda la
sensación de cuánto nos falta por tener perfiles completos, con ideas y
convicciones propias. Ya vendrán nuevas generaciones. Ojalá.
Dicho sea de
paso. Eso de los Partidos es mera referencia. Hace tiempo que me olvidé de
tratar de entender a los políticos a partir de las siglas y colores que les
postulan. Antes, mucho antes, los partidos funcionaban a partir de ideologías;
eso ya le ha quedado muy grande a la clase política y a quienes aspiran a un
puesto con poder. Tan buenos y malos hay en uno como en otro. Ahora se trata de
la persona, así de simple.
Hubo debate. Al
menos así se le llamó. Las campañas siguen y cada quien estará formando su
criterio y tomando una decisión. Y, como siempre, este debate será, si acaso,
un elemento más. Nada dramático, nada que le dé la vuelta a las cosas.