Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 16 de junio de 2013

El Instituto de los faltantes

Menuda certeza tenemos los ciudadanos, si hasta lo escrito puede ser negociado...
La memoria es corta. Con esfuerzo, entonces, podrán recordarse aquellas serias acusaciones entre consejeros del Instituto Electoral de corrupción, de pagos indebidos, de viáticos desmedidos. ¿Se recuerda? Vagamente, ¿cierto? El tema no era menor. Al día de hoy, los actores prácticamente son los mismos, pero las acusaciones (fueran o no ciertas), quedaron olvidadas.
Las acusaciones fueron públicas. Por el contrario, si aquello se resolvió por la vía legal o por la vía del carpetazo, sólo ellos, los Consejeros, lo sabrán. Así la memoria y actividad selectiva del Instituto Electoral.
¿Se recordará aquello de la urna electrónica, la tan anunciada aportación de Coahuila para el mundo? La inversión e investigación de años se usa para elección de Mesas Directivas de Sociedades de Alumnos y alguna que otra consulta. Esto no es malo, pero es limitar el potencial de un producto desarrollado con dinero público. Es condenar a que el proyecto termine en nada.
¿Algo de actualidad? Pues que en pleno proceso electoral, el órgano superior del Instituto funciona fuera de lo que, estrictamente, establece la Ley. ¿Cómo? Precisamente, en su memoria y actividad selectiva, sucede que las decisiones se están tomando en ausencia de uno de sus miembros.
De conformidad al artículo 68 del Código Electoral del Estado, el Instituto que carga con todo el peso del proceso electoral debe integrarse, entre otras personas, por siete Consejeros Electorales. El Instituto, por cierto, debiera contribuir al desarrollo de la vida democrática.
En desafortunados hechos, a comienzos de año, el Consejo General perdió a uno de sus integrantes. ¿Qué debió operar entonces? De acuerdo con la Ley, mandarse a llamar a un suplente. No es por ganas ni debiera depender del humor: el artículo 74 del Código Electoral dice: "En caso de ausencia definitiva de algún consejero electoral, el Consejo General llamará al consejero suplente que corresponda, según el orden de prelación en que fueron designados por el Congreso del Estado, para que desempeñe la función...".
Pero la memoria es corta y la actividad selectiva.  
Allá en el 2008, en el Periódico Oficial se publicó el Decreto 630 donde se estableció el orden de prelación. En un contexto donde lo legal se respete, el piso está parejo y no requiere mucho brinco: tómese aquélla lista y llámese al siguiente.
Pero, otra vez,  la memoria es corta y la actividad selectiva.
Apenas se redescubrió aquella lista del 2008, algunos diputados de oposición argumentaron, hace unos meses, que el siguiente en la lista había trabajado para priístas: el beso del diablo, casi literal. ¿Basta un señalamiento para justificar no acatar un mandato legal? ¿Y de cuándo acá tanto caso a la oposición?
Quien ejerce libremente su profesión habrá tenido clientes de todos los colores. ¿Eso, por sí solo, descalifica para ocupar un cargo? La Ley señalará los supuestos en los que una persona no puede desempeñarse en un puesto. Fuera de eso, de lo que dice la Ley, todo es grilla.
Además, menuda certeza tenemos los ciudadanos si hasta lo escrito puede ser negociado.
En los primeros meses del año, entre pasillos, incluso se escuchaba la intención de manosear la publicación del Periódico Oficial para mandar a llamar a una suplente que vive en Monclova. El decreto que menciono, de hecho, no ha escapado de zancadillas y remiendos.
Pero, grilla a un lado, la pregunta sigue siendo ¿por qué el Instituto no ha llamado al suplente? La falta de un posicionamiento oficial es una grave carencia ética; la silla vacía es una grave falta a la Ley, que sigue así porque en un mundo de cinismo, la tranquilidad está del lado de quienes saben no hay sanción por no observar la norma.
Así, el organismo que debiera impulsar los valores democráticos pareciera guiarse por el rumor y no por la Ley. Asunto delicado porque va dibujando la naturaleza de sus decisiones colegiadas. ¿Su comportamiento de apega a la Ley o a la coyuntura?
El tiempo nos alcanzó. Pero preguntarse si es "buen tiempo" para discutir sobre la vacante es poner la política por encima de lo técnico, en una instancia cuya legitimidad se ubica, precisamente, en sus decisiones técnicas.

Acusaciones internas sin resolver; proyectos que terminan en ninguna parte; vacantes sin definir. Todo se les va entre los dedos, confiados en la apatía generalizada, en que siguen quedando bien con el patrón, y en la ausencia sistemática del señalamiento ciudadano: así el árbitro electoral en Coahuila.

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