Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Sureste seguro

De esas cosas que no entiendo del todo. Mediados de la semana que concluyó. Se anuncia una reunión a puerta cerrada sostenida entre los gobernadores de Coahuila, Durango, los alcaldes de la zona metropolitana y el Secretario de Gobernación en las instalaciones de la XI Región Militar. Se reunieron, se dijo, para hacer una evaluación del operativo
"Laguna Segura".
Habrá que reconocer que en aquella mesa se sentaron quienes debían: existirá quien diga que, si asegurar la tranquilidad es parte del trabajo ordinario de las autoridades, es cuestionable destacar a alguien por hacer algo que es su obligación. Sin embargo, dados los antecedentes donde parecía más sencillo echar culpas que asumir responsabilidades, creo que se debe hacer.
El hecho de evaluar, la médula de la reunión, también debe destacarse. Es la cereza del pastel. Al menos del lado coahuilense, el "Laguna Segura" no es la única acción emprendida: hacer una evaluación es contribuir a no dejar cabos sueltos, de esas veces donde se dan banderazos de arranque, pero no se sabe en qué termina el asunto.
Lo que no entiendo, lo que confunde, según me parece, es el énfasis que se le ha dado al mensaje. Tanto en los medios de comunicación como en el boletín 477 de la Secretaría de Gobernación, las cifras que van por delante, como muestra de logros, son las siguientes: el delito de robo a casa habitación disminuyó en 68.5 por ciento; el robo a vehículos en 8.5 por ciento y el robo a transeúntes en 61.5 por ciento en los municipios de Torreón y Gómez Palacio.
El operativo ¿en verdad tiene como principal logro la disminución de índices en asuntos del orden común? Iniciado allá en la última semana de octubre, se anunció sería por tiempo indefinido, contaría con un despliegue intenso en 29 colonias conflictivas en cuatro municipios laguneros, presencia militar que podría sumar los miles de elementos. ¿En serio lo más destacable son los robos ordinarios a la baja? Esto es lo que confunde.
La propia comunicación, ya después, relata la detención de más de 2 mil presuntos delincuentes, el decomiso de unas 90 armas, más de 2 mil 700 cartuchos y más de 300 vehículos utilizados para actividades criminales. ¿Por qué dejar estos logros en segundo término? Las "grandes cifras" de apertura, creo, debieran ser éstas. Que el mensaje sea el impacto del Ejército en asuntos de profundo calado y no en sustitución de actividades ordinarias de las instituciones municipales.
Me detengo en minucias o interpreto negativamente, podrán decirme.
Familia, amigas y amigos laguneros me hablan de cómo el Ejército en las calles ha contribuido, en términos generales, mejorando la sensación de seguridad. Allá en la Región Laguna, me explican, no se andan con detalles si el asunto es del fuero común o no: quieren tranquilidad, la reconocen y la agradecen sin importar las insignias de la corporación que la provea. Al Ejército y demás fuerzas federales se les reconoce su entrega; también a los buenos elementos del Estado y el Municipio, que los hay.
Y mientras allá hay buenas noticias, acá en la Región Sureste pareciera que la cosa se está complicando.
Diciembre, que aún no termina, está siendo especialmente violento. Hay quienes analizan y dicen que lo sucedido no es sino la consecuencia de estar entre Monterrey y La Laguna, áreas donde los operativos ahuyentan a delincuentes. Hay quienes dicen que es respuesta a diferentes medidas que comienzan a efectuarse en la administración que se estrena.
Será lo que se quiera pero, a estas alturas, parece que la única ventaja para el Sureste es la cobertura de la Fiscalía en avisos por Twitter. No es broma: a mediados de este mismo mes, un periódico lagunero señalaba que de los entonces 49 mensajes emitidos por la instancia a través de esta red social, todos hacían referencia al sureste.
Hoy domingo, muchos habrán amanecido abriendo regalos; la época de escribir cartas y ponerlas en el pino navideño esperando se haga realidad, ya pasó. Sin embargo, hay un deseo que pudiera haberse quedado en el tintero: que pronto tengamos, como regalo, un operativo "Sureste Seguro". O algo así.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Muy cerca del ‘américan dream’

Algunos datos: se calcula que por la frontera sur de México hay poco menos de dos millones de entradas de extranjeros. Arriba del 80 por ciento son documentadas; el resto, personas que buscan su camino hacia Estados Unidos de manera ilegal. Todos ellos son migrantes.
La delegación en Coahuila del Instituto Nacional de Migración habla de unos 6 mil migrantes radicados en la entidad -particularmente en Saltillo, Torreón y Monclova-, provenientes, la mayoría, de Israel, Líbano y Estados Unidos. Pero esta es, digamos, la parte bonita de la historia de los migrantes. Los que vienen de Estados Unidos, Europa o Asia le miran otra cara, una buena, a los estados fronterizos como Coahuila. Las puertas no están cerradas para ellos.
El problema está en aquellos ilegales quienes no llegan al vecino del norte, o llegan y los regresan.
A lo largo de México fluyen ríos humanos: de sur a norte. Fluyen con más esperanza que certeza; abandonándose a una suerte que no conocen. Mujeres, hombres y niños engrosan su corriente. La mayoría, centroamericanos: hasta el 95 por ciento de los alojados en estaciones migratorias provienen de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Los motiva el American Dream, y se topan con un Mexican Nigthmare.
La tendencia de la migración dibuja ya una pendiente descendente. Después del 2006, un poco por la violencia y mucho por el tema económico mundial, irse a los Estados Unidos parece poco menos atractivo. Sin embargo, después de 2007, la pendiente ascendente la dibuja el número de migrantes ilegales devueltos: ahora, después de ese año, el número de migrantes devueltos es prácticamente mayor al número de migrantes retenidos por las autoridades americanas.
Esta situación genera problemas: qué hace el migrante que no vio realizado su sueño de empezar una mejor vida con el Tío Sam; qué hace cuando se ve obligado a vivir, por ejemplo, en Coahuila.
El tema migrante es ocupación de distintos foros y agrupaciones. Un ejemplo: hace un mes, los días 17 y 18 de noviembre para ser preciso, la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad organizó su primer Congreso sobre el tema. En el marco del evento, la nota se la llevaría la Delegación en Coahuila del Instituto de Migración, quien canceló el patrocinio comprometido: problemas logísticos, argumentó. De cualquier manera, el evento se efectuó -a sacar la casta, dijeron los organizadores- con menos pompa, pero sin demérito en el contenido.
El tema, por cierto, requiere más que su atención en un ambiente académico. El migrante, antes que objeto de estudio, es persona. ¿Quién les tiende la mano?
Podrán no pertenecer a la comunidad, pero no por ello son ajenos. Mírese que no se trata de un juego de palabras: las circunstancias los colocaron en el último lugar que imaginaron; sus costumbres y circunstancias particulares desquebrajan su proceso de integración. Pero están aquí y no sobran, ni estorban, ni contaminan.
Historias dolorosas tienen cara, nombre y apellido. Ahí se tiene, por un lado, la caravana de madres de desaparecidos en tránsito y su lema "Sigo tus huellas con la esperanza de encontrarte". Ahí la historia de otras muchas madres, esposas e hijas que, pudiendo no estar adheridas a este o cualquier otro grupo, también lloran una separación y el silencio del esposo, el padre o el hijo que se fue y del que nada más se supo.
La labor de mujeres y hombres como Pedro Pantoja, de Casa del Migrante, cobra sentido desde la óptica más profunda del respeto a los derechos humanos. No se trata de solapar delincuentes, crear madrigueras de malvivientes; se trata, por el contrario, de elevar la mira y entenderlo todo desde una perspectiva mucho más amplia. En lo que podría ser un ambiente hostil, organizaciones pro-migrante les tienden la mano para tratar de ser una especie de hogar muy lejos de la casa.
En todo esto la importancia de que el Gobierno le entre de una manera seria, planificada, bien pensada.

Desde el 2000, por proclamación de las Naciones Unidas, cada 18 de diciembre es el Día Internacional del Migrante. Sin duda, un día de reflexión. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Cumplir fuera del tiempo

Pudiera ser la necesidad de sentirse algo así como héroes. 0, quizá, es con la intención de  construirse una leyenda de administradores muy efectivos o de políticos muy chambeadores.
Con el cierre de este año, prácticamente hemos llegado a la mitad de los gobiernos municipales aquí en Coahuila. Los 38 alcaldes presentan sus informes y, en la medida de sus posibilidades (o mejor dicho, en la medida de lo posible, según los presupuestos a disposición), publicitan sus logros.
Pues bien, en todo lo anunciado y divulgado hasta ahora, llama la atención que más de un alcalde se ha ufanado por haber cumplido casi la totalidad de sus metas estando a la mitad de su mandato. El mensaje es sencillo y atractivo: ha trabajado tanto, que sólo necesitó la mitad del tiempo para cumplir lo prometido. Y aquí es donde, digo, pareciera tratan de abonarle a una leyenda; se están construyendo un perfil de algo así como un salvador del pueblo, un incansable trabajador.
Sin embargo, cuando se piensa a detalle, cumplimientos tan desmedidamente fuera de tiempo, no son necesariamente buena señal.
Cuando se escuchan esas expresiones de metas cumplidas a mitad del camino, debiera cuestionarse el proceso de planeación: o fue defectuoso o no existió. Más allá de la formalidad de tener un documento, la adecuada planeación tiene mucho sentido y es parte de ser responsables. Acá en Coahuila, desde lo dicho en la Constitución, los municipios tienen la obligación de planear, entre otras cosas, qué van a hacer y cuándo lo van a hacer. No viene al caso hacer cita de los artículos a los que me refiero: pero todo está ahí, en las leyes. En los Planes Municipales de Desarrollo y los programas operativos anuales, además, debieran especificarse metas, beneficiarios, tiempos y amarrarlos con el tema presupuestal.
En ejecución de toda actividad, así lo refieren organizaciones internacionales como el PMI international, coexisten tres ejes: el tiempo, el dinero, la calidad. Muy parecido a lo que diría el filósofo de Güemez, las cosas suceden cuando deben suceder, según el equilibrio que haya en estos tres factores. Si hay mucho dinero puedes disminuir el tiempo de la ejecución o incrementar la calidad de lo que realizas; si quieres más calidad, o le inviertes más tiempo o más dinero. Pero si lo que buscas es reducir el tiempo, o se incrementa el dinero que se le destina a los proyectos o se disminuye la calidad del resultado. Este triángulo, con sus variaciones, es casi una ley: los milagros existen, pero por su naturaleza rara vez se presentan.
¿Cumplir en menos tiempo significó menos calidad en los bienes y servicios? Luego hay esas obras de relumbrón que sirven para la foto del banderazo, pero al poco tiempo deslucen o no hay dinero o mecanismos para su mantenimiento.
¿Cumplir fuera de tiempo significó un incremento en los flujos de efectivo? Las deudas no son, en sí mismas, malas. Lo complicado viene cuando lo debido no estaba contemplado. Recuérdese que a mitad de este año, la deuda de los estados y municipios llegaba a su (hasta entonces) máximo histórico; antes ni noticia era. Las deudas, insisto, no son malas en sí mismas... pero hay veces que el horno no está para bollos.
Cumplir demasiado tarde no es bueno; tampoco hacerlo demasiado pronto. El acento debe cargarse en la planeación: qué se tiene, qué se quiere, qué se puede.
Llegar a la mitad del mandato y decir que su tarea ha terminado debiera servirle más al Alcalde que, por alguna u otra razón, está por dejar su encomienda que a quien todavía tiene dos años más por hacer. En fin.
Muchas veces (¿siempre?) los tomadores de decisiones están rodeados de porras, cantos de sirena, y no pueden ver más allá. Superando el mero discurso, terminar en la mitad del tiempo puede significar profundos problemas en la planeación o en la ejecución de las políticas públicas. Y eso huele a problemas en el mediano y largo plazo. Eso, me parece, también puede aprenderse de la historia reciente.


La corrupción y su mensaje

El primer día de este mes, allá en Berlín, se publicó el informe del Indice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2011, elaborado anualmente por Transparencia Internacional. 
En breves frases generales, nuestro país quedó -si es que vale la expresión- un poco peor calificado. En una escala del 0 al 10, donde lo más corrupto es el 0, México obtuvo un 3, colocándose en una lista de 183 países, en el número 100. El año pasado estuvimos en el lugar 98 y, hace un par de años, no llegábamos al 80. Vamos empeorando. 
Hay, al respecto, una analogía del director editorial de El Economista, Luis Miguel González que me permito usar: "Podemos pelearnos con Transparencia del mismo modo que el obeso se confronta con la báscula, pero no tiene caso". El IPC emplea una de las metodologías más sólidas y tiene más de una década siendo el referente. Es decir, la discusión no debe centrarse en la metodología sino en qué hacer para regresar a niveles más aceptables. 
El IPC, por cierto, no mide al Gobierno Federal, sino a lo que está sucediendo en el país. De hecho, tan pronto se conoció el resultado del estudio, el Secretario de la Función Pública federal dio un paso al frente para decir que es en los estados de la república donde germina la enfermedad. ¿Sus fuentes? Entre otras, el Indice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2010 que elaboró el Capítulo Mexicano de Transparencia Internacional. De ahí puede derivarse que los trámites relacionados con el Gobierno Federal son los que menos corrupción presentan, mientras que los relacionados con los estados y municipios han presentado incrementos anuales de este mal, hasta del 400 por ciento. 
El asunto lo mismo es importante que interesante. La existencia de organizaciones pro-transparencia en los estados no ha inhibido la corrupción. El modelo, prometedor hace una década, se agotó.
Pero entonces, ¿qué hacer?
La Coparmex, también como consecuencia de los datos del IPC, dijo que la alternativa es un "zar anticorrupción para tener un representante que tenga capacidad de revisar y proponer e incidir en la mejora de la corrupción" (palabras de Gerardo Gutiérrez, presidente del organismo, entrevistado por medios nacionales). El modelo de un "zar" es de los menos recomendados: una golondrina no hace verano.
¿Qué hacer? En el ámbito de la implementación de políticas públicas, se recomienda que debe avanzarse, al mismo tiempo, en tres frentes: la parte legislativa, para reforzar las normas a partir de un diseño que incluya premios y castigos; la parte de las organizaciones públicas implementadoras, incluyendo una revisión de los procesos y su profesionalización; la parte de los arreglos y acuerdos -instituciones les llaman algunos-, que se gestan en la relación personal al interior de la organización y entre diferentes instancias. Avanzar sólo en uno de los ámbitos es como sentarse en una silla de una sola pata y no querer caerse.
No menos importante que el tema central es el del mensaje que trae consigo el Indice 2011 de Transparencia Internacional.
Huguette Labelle, presidenta del organismo, dijo durante la presentación: "Este año hemos visto referencias a la corrupción en los reclamos de los manifestantes, tanto de origen rico como pobre. Los líderes deben tener en cuenta los reclamos que exigen un gobierno más efectivo". La referencia no es gratuita: antes de las revueltas de la denominada "Primavera Arabe", Transparencia Internacional había publicado un informe para aquella región donde advertía la importante presencia de prácticas íntimamente relacionadas con la corrupción (léase nepotismo, soborno y padrinazgos) que terminaron por ser un catalizador.
El mensaje es claro: combatir la corrupción es abonar a la gobernabilidad.
En un ambiente de corrupción, quien tiene el poder y lo ejerce, podrá hacerlo de manera autoritaria: pero nada dura para siempre. La caída de un régimen es la medida extrema. Antes de eso, existe una serie de escalones que el descontento social trepa.

O se le entra al tema, o las consecuencias serán dolorosas para todos. Esto, creo, se incluye en el mensaje.