Algunos
datos: se calcula que por la frontera sur de México hay poco menos de dos
millones de entradas de extranjeros. Arriba del 80 por ciento son documentadas;
el resto, personas que buscan su camino hacia Estados Unidos de manera ilegal.
Todos ellos son migrantes.
La
delegación en Coahuila del Instituto Nacional de Migración habla de unos 6 mil
migrantes radicados en la entidad -particularmente en Saltillo, Torreón y
Monclova-, provenientes, la mayoría, de Israel, Líbano y Estados Unidos. Pero
esta es, digamos, la parte bonita de la historia de los migrantes. Los que
vienen de Estados Unidos, Europa o Asia le miran otra cara, una buena, a los
estados fronterizos como Coahuila. Las puertas no están cerradas para ellos.
El
problema está en aquellos ilegales quienes no llegan al vecino del norte, o
llegan y los regresan.
A
lo largo de México fluyen ríos humanos: de sur a norte. Fluyen con más
esperanza que certeza; abandonándose a una suerte que no conocen. Mujeres,
hombres y niños engrosan su corriente. La mayoría, centroamericanos: hasta el
95 por ciento de los alojados en estaciones migratorias provienen de Guatemala,
Honduras, El Salvador y Nicaragua. Los motiva el American Dream, y se topan con
un Mexican Nigthmare.
La
tendencia de la migración dibuja ya una pendiente descendente. Después del
2006, un poco por la violencia y mucho por el tema económico mundial, irse a
los Estados Unidos parece poco menos atractivo. Sin embargo, después de 2007,
la pendiente ascendente la dibuja el número de migrantes ilegales devueltos:
ahora, después de ese año, el número de migrantes devueltos es prácticamente
mayor al número de migrantes retenidos por las autoridades americanas.
Esta
situación genera problemas: qué hace el migrante que no vio realizado su sueño
de empezar una mejor vida con el Tío Sam; qué hace cuando se ve obligado a
vivir, por ejemplo, en Coahuila.
El
tema migrante es ocupación de distintos foros y agrupaciones. Un ejemplo: hace
un mes, los días 17 y 18 de noviembre para ser preciso, la Escuela de Ciencias Sociales
de la Universidad organizó su primer Congreso sobre el tema. En el marco del
evento, la nota se la llevaría la Delegación en Coahuila del Instituto de Migración,
quien canceló el patrocinio comprometido: problemas logísticos, argumentó. De
cualquier manera, el evento se efectuó -a sacar la casta, dijeron los organizadores-
con menos pompa, pero sin demérito en el contenido.
El
tema, por cierto, requiere más que su atención en un ambiente académico. El
migrante, antes que objeto de estudio, es persona. ¿Quién les tiende la mano?
Podrán
no pertenecer a la comunidad, pero no por ello son ajenos. Mírese que no se
trata de un juego de palabras: las circunstancias los colocaron en el último lugar
que imaginaron; sus costumbres y circunstancias particulares desquebrajan su
proceso de integración. Pero están aquí y no sobran, ni estorban, ni contaminan.
Historias
dolorosas tienen cara, nombre y apellido. Ahí se tiene, por un lado, la
caravana de madres de desaparecidos en tránsito y su lema "Sigo tus
huellas con la esperanza de encontrarte". Ahí la historia de otras muchas madres,
esposas e hijas que, pudiendo no estar adheridas a este o cualquier otro grupo,
también lloran una separación y el silencio del esposo, el padre o el hijo que
se fue y del que nada más se supo.
La
labor de mujeres y hombres como Pedro Pantoja, de Casa del Migrante, cobra sentido
desde la óptica más profunda del respeto a los derechos humanos. No se trata de
solapar delincuentes, crear madrigueras de malvivientes; se trata, por el contrario,
de elevar la mira y entenderlo todo desde una perspectiva mucho más amplia. En
lo que podría ser un ambiente hostil, organizaciones pro-migrante les tienden
la mano para tratar de ser una especie de hogar muy lejos de la casa.
En
todo esto la importancia de que el Gobierno le entre de una manera seria, planificada,
bien pensada.
Desde
el 2000, por proclamación de las Naciones Unidas, cada 18 de diciembre es el
Día Internacional del Migrante. Sin duda, un día de reflexión.
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