En entrevistas a medios, noventa días antes de
iniciar su gestión, el actual Gobernador aseguró que tendría el Plan Estatal de
Desarrollo para febrero. Sin embargo, fue hasta mayo (dentro del plazo señalado
por ley, cierto, pero tres meses después de la fecha anunciada originalmente)
que el Plan se presentó.
Al evento siguieron felicitaciones y caras
sonrientes. Algunos comentaristas, de fácil elogio, no escatimaron adjetivos
poéticos a favor del documento, calificándolo, incluso, como la base del
Coahuila de los próximos siglos.
En
entrevistas a medios, noventa días antes de iniciar su gestión, el actual
Gobernador aseguró que tendría el Plan Estatal de Desarrollo para febrero. Sin
embargo, fue hasta mayo (dentro del plazo señalado por ley, cierto, pero tres
meses después de la fecha anunciada originalmente) que el Plan se presentó.
Al
evento siguieron felicitaciones y caras sonrientes. Algunos comentaristas, de
fácil elogio, no escatimaron adjetivos poéticos a favor del documento,
calificándolo, incluso, como la base del Coahuila de los próximos siglos.
El
Plan, sin duda, es importante. Por su naturaleza, debiera ser una guía de
trabajo; las aspiraciones de esta administración tendría en el Plan su
plataforma. Pero de ahí a interpretarlo como la base de un nuevo Coahuila para
los milenios por venir, hay mucho trecho.
En
fin. Sobre la experiencia alrededor del Plan, dos comentarios.
El
primero, sobre las fechas. Alguien le habrá dicho al gobernador, supongo, que
tener el Plan de Desarrollo al tercer mes de su gestión, además de posible,
sería un hecho sin precedentes y buen augurio. Pasaron los meses y las palabras
se sumaron a lo prometido sin cumplir ¿Por qué nadie le advirtió que no tenía
caso prometer lo que no podría cumplir? ¿O le dijeron y no escuchó? Solo los
directamente involucrados sabrán. Pero, en esencia, es lo mismo: el
Gobernador dice que hará y no hace y el equipo no lo amortigua.
El
segundo de los comentarios se enfoca al contenido de un documento que, se suponía,
debía ser técnico. Quien lea el Plan a conciencia podrá encontrarle errores,
omisiones e inconsistencias que dejarían mal parado el trabajo de, al menos,
seis meses. A vuela pluma algunos de estos detalles.
Todo
proceso de planificación requiere un buen diagnóstico: saber con qué contamos
para, de ahí, proyectar lo realizable. Pues bien, qué tan bueno y acertado será
el diagnóstico del Plan cuando la palabra "deuda" se utiliza una sola
vez y no para referirse al pasivo que carga la administración de Coahuila. Así,
de entrada, el Plan es un producto político y no técnico. Y esto ya es una
enorme carencia.
La
falta de mano técnica también se siente en lo relacionado a la medición de
resultados.
En
el documento hay 204 "indicadores de resultados". Desde el comienzo
es debatible si se tratan de indicadores y si, en verdad, reflejan algún tipo
de resultado. El caso de la medición sobre "fiscalización y rendición de
cuentas", es ilustrativo.
Al
respecto, el Plan señala se utilizarán cuatro mediciones: el "Indice
Nacional de Corrupción y Buen Gobierno" (INCBG) de Transparencia Mexicana,
el "Indice de Transparencia y Disponibilidad de la Información Fiscal de
Transparencia Mexicana", el "Lugar del Estado como Gobierno
Eficiente" y la "Inversión en bienes informáticos".
¿Le
sirven al Gobierno estas mediciones? El INCGB integra trámites municipales,
estatales y federales. De hecho, la variación de la calificación obtenida por
Coahuila depende en muy poca medida de lo que el Ejecutivo del Estado puede
hacer, situación que parece ignoraron quienes estuvieron atrás del documento.
La segunda de las mediciones enlistadas, el "Indice de Transparencia y
Disponibilidad de la Información Fiscal de Transparencia Mexicana"
sencillamente ¡no existe!, imagino se la jugaron a que nadie leería el Plan y
que al gobernador poco podría molestarle el hecho de presentar un documento con
tan obvia deficiencia.
Sobre
el "lugar del Estado como Gobierno Eficiente" nada se dice sobre cuál
sería la fuente de esa información o qué integra. Y cuando se enlista eso de
"inversión en bienes informáticos" como indicador de resultados,
bueno, no podemos más que quedarnos con la enorme duda sobre qué cruzó por la
mente de quienes redactaron el Plan: ¿en verdad comprar "bienes informáticos"
reflejará un resultado en algo? A pesar de que en el documento se hace énfasis
de que la innovación gubernamental será llevada a niveles de excelencia,
resulta que el tema se quedó sin indicador.
¿Para
qué sirve un Plan cuando no se tiene manera de saber si se avanza o no en lo
comprometido?
En todo gobierno debe
haber, para usar términos pugilísticos, técnicos y rudos. Cuando la balanza se
carga para un lado, comienzan los problemas: se incumplen fechas, se presentan
documentos que refieren Indices inexistentes, el seguimiento es una ilusión.