Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Pagar los platos rotos

Se dice que "a toro pasado" es más sencillo explicar lo hecho. En el caso de la administración de Humberto Moreira esto no parece así: entre más tiempo pasa, nuevos giros se le agregan a la historia. Lo del endeudamiento irregular, sumado a lo del endeudamiento oculto, parecen apenas los síntomas visibles de una enfermedad (rápida y silenciosamente progresiva) que terminó por tumbar a quien parecía invencible.
¿Qué sucedió? Un "Año de Hidalgo" multiplicado por millones de pesos. ¿Habrá sido tal el desorden, que todos pensaron que un hueco más no se notaría? Y así, hasta que las cifras no cuadraron, y nadie supo quién se había llevado qué.
Cuando en septiembre de 2011 se acordó el refinanciamiento de la deuda (la legal y la no legal), el asunto quedó en poco menos de 34 mil millones, en 23 nuevos créditos obtenidos de 9 bancos. La historia parecía terminar. Meses después, se recordará, allá en Monclova el entonces Secretario de Gobierno  (luego Secretario de Desarrollo Social, ahora Alcalde electo de Torreón) decía que era tiempo de "darle vuelta a la página de la deuda pública" (VANGUARDIA, 23 febrero de 2012).
Las aguas, sin embargo, nunca han estado tranquilas.
Esta misma semana reaparece, rodeado de cifras y movimientos financieros aparentemente inexplicables, el nombre del gobernador interino. Y enfatizo eso de "aparentemente inexplicables", porque en este País nadie es culpable hasta que se le demuestra lo contrario. Situación que, cuando los casos suman muchos ceros a la derecha, además, nunca parece suceder. En fin.  
Pero, decía, contrario a lo que suele pensarse, en lo ocurrido con los tesoros coahuilenses el sexenio pasado el tiempo y la distancia nada aclaran. Por el contrario, la madeja crece.
Cuando todavía Gobernador, el ahora estudiante ibérico presumía una "ingeniería financiera" sin parangón. No ofrecía detalles para que nadie copiara la exitosa fórmula coahuilense. Pero, cuando hablaba, parecía tener todos los pelos de la burra en la mano. Ya cuando en las sumas y restas se bajó el cero y no se contuvo, resultó que había sido engañado por sus allegados.
Ahora que eso de que las cuentas no cuadran, es apenas una insistente idea de quien esto escribe. El actual Gobierno ha dicho en repetidas ocasiones que a ellos todo les resulta.  
Cuando, allá en Texas, se incautaron más de 2 millones de dólares al exsecretario ejecutivo del SATEC (el malo del cuento), por ejemplo, se dijo: "Revisamos las cuentas del Gobierno del Estado y, como se los hicimos saber a todos los medios, no existe evidencia que del Gobierno del Estado hayan salido esos recursos a una cuenta en particular". Son palabras del (ahora) Secretario de Finanzas (VANGUARDIA, 15 de marzo, 2013), ya se sabe: a quien en el desorden del sexenio pasado le falsificaron firmas.
Ahora bien, y si el dinero no es de Coahuila, ¿entonces?
Dicen hoy que el gobernador bisagra se hacía pasar por dueño de Cemex, que estuvo en el negocio de la compra venta de aeronaves de las que ahora nadie dice "esa boca es mía". ¿Sucedió esto? Y si así fue, ¿qué hay con la entrega-recepción? La administración del todavía Gobernador manifestó su conformidad con lo que le dieron. Y deben seguir muy contentotes, porque desde el Ejecutivo no ha salido un solo dato que haga sospechar la detección de alguna anomalía.
Fuera de Coahuila, la PGR y las Cortes Texanas hacen largas listas de probables responsables, incautan bienes y cuentas, señalan enriquecimientos inexplicables. ¿Y dentro de Coahuila? Apachurrados, apenas susurran que dejarán caer todo el peso de una ley que ha resultado bastante ligera. ¿Dónde están los organismos controladores? La Auditoría del Estado ha trabajado con las herramientas que tiene, ¿pero el ICAI? Cuando en julio de este mismo año se notificaba por Diario Oficial del probable aseguramiento de  23 cuentas bancarias a nombre de cinco exfuncionarios coahuilenses, ¿dónde estaba la Procuraduría del Estado?
Otra terca idea que no me quito: si los que estuvieron en el tejemaneje de la mega deuda son los mismos que están despachando, no hay demasiados incentivos para buscar responsables. Al menos, claro, que haya alguien que se mueva y quiera salirse de la foto familiar.

O que, estando las aguas bravas, deba ofrecerse un sacrificio. Alguien para pagar los platos rotos.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Patrimonio de todos, no de pocos

La Feria del Libro (antes de Saltillo, ahora de Arteaga), dijo el todavía Gobernador, "ha ido creciendo y no había otro recinto" (VANGUARDIA, agosto 15, 2013). Interesante que el titular del Ejecutivo reconozca la ausencia de espacios dignos en la capital para celebrar eventos de asistencia regular a importante (¿cómo aspirar, entonces, a un Estado competitivo; cómo promover, por ejemplo, el turismo de negocios y convenciones?).
Y luego, en esa misma entrevista, el remate muy al estilo. Emplear la palabra, esa que se lleva el viento, para que todo parezca fríamente calculado: "Estamos logrando el propósito nuestro que la cultura esté al alcance de todos, y que quede claro que la cultura no es patrimonio de unos pocos, sino es patrimonio de todos"  (VANGUARDIA, nota ya aludida).
Suena bien, pero ¿el discurso puede descansar en los hechos?
La asistencia en la Feria ha bajado. Resulta que es un evento que, en las palabras, va creciendo; pero su columna presupuestal cuenta otra historia.
¿Urge un replanteamiento? Tal vez desde aquella decisión de sacarla del Museo del Desierto, si se ve detenidamente.
Ser la sede de la Feria, sin duda, es un enorme honor para la Autónoma de Coahuila. Pero ¿sabrá la Universidad honrar tal distinción? Una anécdota, por lo que creo que la respuesta es no. Un testimonio personal, relacionado con la Feria y la Casa de Estudios.
El 17 de mayo del 2012 recibí un correo sobre un volumen que propuse, a partir de una convocatoria pública, para integrarse a la más reciente serie de la "Colección Editorial Siglo XXI, Escritores Coahuilenses". Era un correo de parte de la coordinadora y comenzaba diciendo: "quedaste dentro de la colección ¡¡¡¡felicidades!!!!".
No me entretengo en detalles. Ocho meses más tarde, en enero de este año, me avisaban que todo iba bien, que se estaba trabajando ya con las ilustraciones. En aquella ocasión, por primera vez, compartí en Facebook sobre los avances de ese proyecto editorial.
¿Existen las casualidades? De alguna manera, poco después de mi comentario en redes sociales, recibo otro correo citándome la primera semana de febrero para "hablar" sobre el manuscrito. Por diversas razones no podía asistir, así que la comunicación siguió de manera virtual.
Prácticamente diez meses después de la felicitación, todo cambió. Advertían "inconsistencias" en el texto, me pedían la eliminación de un apartado completo "porque no corresponde a los géneros que estamos aplicando en la colección". En un correo posterior, cuando manifesté mi sorpresa, hasta me avisaban "que el dictaminador no hizo el trabajo completo y me atrevo a decir que ni siquiera llegó a revisar la mitad". Me daban tiempo para cambiar los textos, escribir algo diferente. Pero frente a lo visto, ante la incertidumbre e irregularidades, opté por no formar parte de la Colección y le comuniqué mi decisión a la coordinadora.
A quienes en su momento les confié lo sucedido, opinaron que todo parecía censura: consecuente con la línea crítica manejada en este espacio, alguien habría querido quedar bien o evitarse problemas. ¿Existen las casualidades? Se supo por redes sociales, alguien avisó; así lo creen.
Yo me resisto a verlo así. Quienes hemos tenido la oportunidad de publicar, sabemos que por diversas razones no todo lo que se propone es publicado. Pero eso se sabe desde el principio, no un año después.
Total. Ahí anda, en la Feria del Libro de Arteaga en el Recinto Universitario,  la serie de la Colección con un parche en sus solapas. Tan bien iba todo, que hasta las pastas de la Colección estaban ya impresas. Ahí anda mi nombre tapado bajo una obra que, por muy buena que pueda ser, dudo haya llegado a la Colección vía la convocatoria pública.
Así, en este ejemplo, la manera en que la Universidad (sus funcionarios responsables, al menos) respeta sus propios procesos, sus propios productos culturales. Un parche: ni en el remiendo hubo pulcritud. Todo queda en la decisión de pocos. Pero basta de anécdotas.
Larga vida a la Feria del Libro. Esperamos, a pesar de todo, se vuelva una buena tradición.

Ojalá no se haya firmado ya el acta de defunción de este evento cultural que venía cuesta arriba, pero creciendo; ojalá que esta edición sea un bache pasajero.  Ojalá.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Festejar México

El año pasado se conocieron los últimos resultados de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP, como se le conoce). Un par de datos: 64% consideró que el País no iba por el rumbo adecuado; casi la mitad (el 44%) encuentra que trabajar en una causa común es difícil o muy difícil porque implica organizarnos como ciudadanos. 
Al día de hoy está en la agenda la situación económica del País. Calificadoras y analistas han dicho que México está al borde de una recesión económica, mientras que la Secretaría de Hacienda asegura que lo que estaría en puerta es una desaceleración, pero nada más. Y todos los demás nos quedamos viendo, temiendo que el asunto sea mucho más complejo que el mero uso de términos macroeconómicos y que, el día de mañana, estemos teniendo problemas para llevar comida a la mesa y completar el pago de lo que tengamos pendientes. 
Y así, qué difícil parece sentirse bien con lo que está sucediendo. 
La ENCUP nos muestra una fotografía del conocimiento, actitudes y comportamiento de los mexicanos frente al sistema político en México. Lo de la situación económica nos confronta con una radiografía de lo que parece una eterna lucha entre grupos de interés y gobiernos, donde la última voz que se escucha (y el último interés que parece atenderse) es la del ciudadano de a pie. 
Y la lista pudiera alargarse. Los plantones de maestros en la capital del País que afectan la educación de los niños que se quedan sin clases y afectan a la ya de por sí caótica Ciudad de México. Pero que, al mismo tiempo, están ejerciendo un derecho y estarían luchando por lo que consideran correcto. 
Por eso, parece no ser sencillo sentirse bien con lo que sucede. 
Las calles se visten con los colores de la bandera y con El Grito se recuerda el nacimiento de una nueva Nación. Pero qué difícil es disfrutar de esos momentos. Abrumados por noticias negativas, lastimados por las discusiones que parecen no tener fin.  Así, hasta el más íntegro héroe nacional parecería una estampa, una mera ilustración. 
Me aparto, por un momento de la línea mantenida por en este espacio. ¿Dónde está, pues, el orgullo nacional? No está en los juegos pirotécnicos ni en la representación de un capítulo de nuestra historia. 
Una pausa. Suspende la lectura y busca un espejo. Ahí está. Ahí encuentras el pilar nuestro País. 
Nuestro trabajo diario, lo que hacemos y dejamos de hacer. Una actitud frente a las malas noticias y las cifras descorazonadoras. La decisión individual de convertirse en agente de cambio o hilo conductor de una mala frecuencia. En ser ejemplo a nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros compañeros de trabajo. En la consciencia de que los cambios allá afuera comienzan con lo que piensas ahí adentro, en la cabeza, y en las acciones que emprendes con tus manos. 
Es un ejercicio diario. Buscar lo bueno, no como acto de ingenuidad ni como mecanismo para negar la realidad. Capitalizar la luz, sin olvidar la sobra. 
En nuestras manos, en las de cada uno, está el tener una mejor familia. Una mejor casa y un mejor barrio. Un mejor estado y un país del que todos podamos sentir orgullo. Para que los juegos pirotécnicos sean una alegre compañía de lo que ya se siente en los corazones y nuestros héroes nacionales sean ejemplo. Para que los símbolos patrios tengan sentido y nos recuerden que podemos diferir en muchos aspectos de nuestras vidas, pero vivimos bajo un mismo techo. Recordar que quien le hace daño al de enfrente, se daña a sí mismo. 
Un arranque eufórico es pasajero. De poco sirve gritar "¡Viva México!", si en las acciones diarias no le aportamos vida. Debe ser un hábito. Una permanente necesidad a satisfacer gota a gota. 

Por cierto, la misma ENCUP muestra un lado positivo: tres cuartas partes dijeron estar orgullosos de ser mexicanos. ¿Y el resto? Muy seguramente decidió no verse al espejo para encontrar la fortaleza del País. 

domingo, 8 de septiembre de 2013

Los jinetes de la transparencia

Pasa el tiempo y no se profesionaliza la actividad, ni se fortalece el tema. Se organizan cursos, hay `Semanas de la Transparencia', pero no mucho más.
La transparencia mejora la calidad de vida de la población. He escuchado quienes dicen, de manera socarrona, que mejora la calidad de vida de solo un pequeño un segmento de la población: quienes trabajan en los Institutos de Transparencia.
Cada quien dará la lucha que pueda, de eso no hay duda. Y, creo, nada debe reprochársele a quien genera un ingreso a partir de su trabajo.
El problema, en todo caso, vendría cuando se gana sin trabajar.
La próxima reforma constitucional en materia de transparencia busca fortalecer la instancia federal (el conocido IFAI) debilitando las instancias estatales. Podría incluso ser, me parece, un paso previo a la desaparición de estas últimas. ¿Cuál es el argumento central de la reforma que viene? Simplificándolo, que los organismos estatales no han sabido ganarse un lugar en las entidades federativas: por eso el IFAI resolverá, en revisión, asuntos de los Estados; por eso el legislador Federal se convierte en una especie de legislador nacional en la materia.
Hay, en los Institutos y Consejos Estatales de Transparencia, personas muy valiosas y de trabajo. Pero en su conjunto, en algunos casos, el arroz se les pega y agua se les quema.
Cuando, por ejemplo, se creó el Instituto Coahuilense de Acceso a la Información (ICAI) se le dotó de varios millones de pesos y un terreno en el Centro Metropolitano para que construyera un edificio digno. ¿Y qué ha sucedido? Al día de hoy, su Consejo General despacha en unos locales comerciales rentados, a manera de segundo piso de un restaurante de gorditas.
¿Qué faltó para concretar el proyecto? ¿Por qué no se terminó de cerrar aquél círculo? Pasa el tiempo y la actividad no parece profesionalizarse.
Véase, por ejemplo, esta actividad que se integra en el Plan Anual de Trabajo 2013: organizar la Posada Navideña.
Así es. la Dirección de Administración y Finanzas tiene, como proyecto, este trascendente evento para "fomentar la sana convivencia en el marco de fin de año, entre los empleados del instituto" (pág. 39). ¿En verdad ese es un proyecto que debe establecerse en un Plan Anual de trabajo? O si lo que se quiere es conocer el interés por trabajar léase la ambiciosa meta de la Dirección de Datos Personales: firmar un convenio de colaboración (uno, no más de uno) en la materia (pág. 22).
¿Y cómo va el asunto? A mayo de 2013, son dos los convenios que se han firmado: con la UAAAN, para que se integrara al Consejo Promotor de la Transparencia; y con la Administración Fiscal General del Estado de Coahuila, para otorgarle facilidades a los trabajadores del ICAI para pagar vía nómina la tenencia (formato ICAI-DJ-F-01, publicado por el propio instituto). Así de activos andan los muchachos, para no pagar la tenencia en una sola exhibición.
Claro que no hay mucho que esperar de los convenios que firman. Un poco de historia, como ejemplo. En agosto de 2008, un grupo del ICAI viajó a España para firmar un convenio de colaboración con la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid. Producto de este convenio internacional se esperaba iniciar "una etapa de cooperación y colaboración, desarrollar e implementar acciones y programas, realizar investigaciones" (Cuarto Informe, páginas 31 y 32). Se le terminó la vigencia al convenio y nada sucedió.
Regresando al presente. Vale decir, además, que en su Plan Anual de Trabajo, en el ICAI establecieron un formato que les quedó grande: definen para cada proyecto un espacio para aclarar el "desgloce" (sic) del presupuesto y los indicadores de resultados. A un lado la ortografía, estos espacios prácticamente quedaron en blanco. Salvo un par de excepciones, no quisieron o no pudieron llenarlos. Pasa el tiempo y no se profesionaliza la actividad, ni se fortalece el tema. Se organizan cursos, hay "Semanas de la Transparencia", pero no mucho más.

Por cierto ¿y qué sucedió con aquellos millones para la construcción del edificio? ¿Ya se regresó por subejercicio, o se lo están jineteando?

domingo, 1 de septiembre de 2013

Con dientes, sin hambre: transparencia Coahuila

Mucho tiempo se pugnó, a nivel nacional, para que los órganos para la transparencia tuvieran "dientes" y pudieran hacer cumplir la norma vía sanciones, castigos, medidas de apremio. 
Coahuila fue uno de los primeros Estados que levantó la mano e incorporó esa posibilidad en su Ley vía el Instituto de Acceso a la Información (ICAI). Luego, a fuerza de un artículo transitorio semi-eterno, se estuvo a la expectativa de cuándo se aplicaría la primera sanción. Y hoy, lamentablemente se sabe, el ICAI tiene dientes pero no hambre para hacer cumplir la Ley.  
Posterior a un intenso trabajo periodístico de VANGUARDIA sobre el incumplimiento en la publicación de la información básica de parte de los municipios, se preguntó qué pasará. Y el diálogo fue más o menos así: "A la fecha, en el Instituto no tenemos ninguna queja por incumplimiento respecto a información pública mínima. El trámite a seguir cuando se recibe una, es dar vista al órgano de control interno del propio sujeto obligado", explicó la presidenta del ICAI. Y el reportero preguntó "¿Esa es la única manera de actuar?". Y la respuesta fue un rotundo "Sí". (VANGUARDIA, agosto 27 de 2013).
Lamento la respuesta. No estoy de acuerdo. Dentro de la legalidad, hay alternativas. 
Dentro de las facultades del Consejo General del ICAI están las de "Vigilar y evaluar el cumplimiento de la garantía de la información pública mínima y demás obligaciones de transparencia, así como emitir las recomendaciones en la materia" (artículo 40, fracción II, numeral 6); "dictar las providencias y medidas necesarias para salvaguardar el derecho de acceso a la información pública" (artículo 40, fracción IV, numeral 1); "cumplir y hacer cumplir los principios en la materia" (artículo 40, fracción IV, numeral 3); "determinar y hacer del conocimiento de los órganos internos de control de los sujetos obligados, la posible existencia de alguna responsabilidad administrativa por violación a la ley de la materia" (artículo 40, fracción IV, numeral 6).
Mírese dónde está el truco: el último párrafo del artículo 141 (ley de transparencia) dice (desde el 2012, por cierto, de esas reformas para hacer lo de la transparencia en Coahuila una fantasía): "Las quejas y denuncias en contra de servidores públicos con motivo del incumplimiento de esta ley será causa del inicio del procedimiento para determinar la existencia de responsabilidad administrativa.". Por ahí se quieren lavar la cara.
Internamente, el ICAI cuenta con una unidad administrativa para la "Vinculación y Vigilancia" y de manera regular elabora e informa al Consejo General del cumplimiento (o, en su caso, incumplimiento) de la publicación de la información mínima. Sea porque es público y notorio, vía el trabajo periodístico de VANGUARDIA, o porque internamente tiene quién le provea de información sobre incumplimiento, los del ICAI no pueden decir que no saben que los sujetos obligados incumplen.
A la luz de lo demás que establece la Ley en la materia y la del Instituto, si se escudan porque no hay una "queja" exterior es porque no quieren despeinarse entre quincena y quincena. ¿Quieren una queja?, genérenla internamente. Ciertamente no se trata de las medidas de apremio establecidas en el artículo 140. Pero algo podrá hacerse que no está haciéndose.
Una de las ventajas que hace diez años se le veía a la "ciudadanización" de los órganos estatales para la transparencia era la de hacer ágil su actuación. Por eso no son tribunales. Porque, sin salirse de la aplicación de la Ley, se suponía que su posición les provocaría una actitud proactiva, flexible. 
Una referencia pasada. Antes de cumplir el primer año de existencia, el ICAI (bajo la presidencia de Eloy Dewey) envió "extrañamientos" a las dependencias que no cumplían totalmente con la publicación de la información en Internet. No había en la Ley una facultad expresa para hacerlo, pero se consideró que la medida era una "providencia y medida necesaria para salvaguardar el derecho de acceso a la información" como decía (y dice) la Ley del Instituto cuando habla de las facultades del Consejo General. 
En el ICAI no están amarrados de manos. Además de lo anterior, tienen (por si fuera poco) la posibilidad solicitar se reforme la Ley si consideraran les limita. Pueden, pero no quieren. 

Total que el ICAI tiene dientes, pero sus Consejeros no tienen hambre de transparencia. ¿O será que, por el hambre de los Consejeros, el ICAI no usa sus dientes?