El año pasado se
conocieron los últimos resultados de la Encuesta Nacional sobre Cultura
Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP, como se le conoce). Un par de datos:
64% consideró que el País no iba por el rumbo adecuado; casi la mitad (el 44%)
encuentra que trabajar en una causa común es difícil o muy difícil porque
implica organizarnos como ciudadanos.
Al día de hoy
está en la agenda la situación económica del País. Calificadoras y analistas
han dicho que México está al borde de una recesión económica, mientras que la
Secretaría de Hacienda asegura que lo que estaría en puerta es una
desaceleración, pero nada más. Y todos los demás nos quedamos viendo, temiendo
que el asunto sea mucho más complejo que el mero uso de términos
macroeconómicos y que, el día de mañana, estemos teniendo problemas para llevar
comida a la mesa y completar el pago de lo que tengamos pendientes.
Y así, qué
difícil parece sentirse bien con lo que está sucediendo.
La ENCUP nos muestra
una fotografía del conocimiento, actitudes y comportamiento de los mexicanos
frente al sistema político en México. Lo de la situación económica nos
confronta con una radiografía de lo que parece una eterna lucha entre grupos de
interés y gobiernos, donde la última voz que se escucha (y el último interés
que parece atenderse) es la del ciudadano de a pie.
Y la lista
pudiera alargarse. Los plantones de maestros en la capital del País que afectan
la educación de los niños que se quedan sin clases y afectan a la ya de por sí
caótica Ciudad de México. Pero que, al mismo tiempo, están ejerciendo un
derecho y estarían luchando por lo que consideran correcto.
Por eso, parece
no ser sencillo sentirse bien con lo que sucede.
Las calles se
visten con los colores de la bandera y con El Grito se recuerda el nacimiento
de una nueva Nación. Pero qué difícil es disfrutar de esos momentos. Abrumados
por noticias negativas, lastimados por las discusiones que parecen no tener
fin. Así, hasta el más íntegro héroe nacional parecería una estampa, una
mera ilustración.
Me aparto, por un
momento de la línea mantenida por en este espacio. ¿Dónde está, pues, el
orgullo nacional? No está en los juegos pirotécnicos ni en la representación de
un capítulo de nuestra historia.
Una pausa.
Suspende la lectura y busca un espejo. Ahí está. Ahí encuentras el pilar
nuestro País.
Nuestro trabajo
diario, lo que hacemos y dejamos de hacer. Una actitud frente a las malas
noticias y las cifras descorazonadoras. La decisión individual de convertirse
en agente de cambio o hilo conductor de una mala frecuencia. En ser ejemplo a
nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros compañeros de trabajo. En la
consciencia de que los cambios allá afuera comienzan con lo que piensas ahí
adentro, en la cabeza, y en las acciones que emprendes con tus manos.
Es un ejercicio
diario. Buscar lo bueno, no como acto de ingenuidad ni como mecanismo para
negar la realidad. Capitalizar la luz, sin olvidar la sobra.
En nuestras
manos, en las de cada uno, está el tener una mejor familia. Una mejor casa y un
mejor barrio. Un mejor estado y un país del que todos podamos sentir orgullo.
Para que los juegos pirotécnicos sean una alegre compañía de lo que ya se
siente en los corazones y nuestros héroes nacionales sean ejemplo. Para que los
símbolos patrios tengan sentido y nos recuerden que podemos diferir en muchos
aspectos de nuestras vidas, pero vivimos bajo un mismo techo. Recordar que
quien le hace daño al de enfrente, se daña a sí mismo.
Un arranque
eufórico es pasajero. De poco sirve gritar "¡Viva México!", si en las
acciones diarias no le aportamos vida. Debe ser un hábito. Una permanente
necesidad a satisfacer gota a gota.
Por cierto, la
misma ENCUP muestra un lado positivo: tres cuartas partes dijeron estar orgullosos
de ser mexicanos. ¿Y el resto? Muy seguramente decidió no verse al espejo para
encontrar la fortaleza del País.
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