Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Patrimonio de todos, no de pocos

La Feria del Libro (antes de Saltillo, ahora de Arteaga), dijo el todavía Gobernador, "ha ido creciendo y no había otro recinto" (VANGUARDIA, agosto 15, 2013). Interesante que el titular del Ejecutivo reconozca la ausencia de espacios dignos en la capital para celebrar eventos de asistencia regular a importante (¿cómo aspirar, entonces, a un Estado competitivo; cómo promover, por ejemplo, el turismo de negocios y convenciones?).
Y luego, en esa misma entrevista, el remate muy al estilo. Emplear la palabra, esa que se lleva el viento, para que todo parezca fríamente calculado: "Estamos logrando el propósito nuestro que la cultura esté al alcance de todos, y que quede claro que la cultura no es patrimonio de unos pocos, sino es patrimonio de todos"  (VANGUARDIA, nota ya aludida).
Suena bien, pero ¿el discurso puede descansar en los hechos?
La asistencia en la Feria ha bajado. Resulta que es un evento que, en las palabras, va creciendo; pero su columna presupuestal cuenta otra historia.
¿Urge un replanteamiento? Tal vez desde aquella decisión de sacarla del Museo del Desierto, si se ve detenidamente.
Ser la sede de la Feria, sin duda, es un enorme honor para la Autónoma de Coahuila. Pero ¿sabrá la Universidad honrar tal distinción? Una anécdota, por lo que creo que la respuesta es no. Un testimonio personal, relacionado con la Feria y la Casa de Estudios.
El 17 de mayo del 2012 recibí un correo sobre un volumen que propuse, a partir de una convocatoria pública, para integrarse a la más reciente serie de la "Colección Editorial Siglo XXI, Escritores Coahuilenses". Era un correo de parte de la coordinadora y comenzaba diciendo: "quedaste dentro de la colección ¡¡¡¡felicidades!!!!".
No me entretengo en detalles. Ocho meses más tarde, en enero de este año, me avisaban que todo iba bien, que se estaba trabajando ya con las ilustraciones. En aquella ocasión, por primera vez, compartí en Facebook sobre los avances de ese proyecto editorial.
¿Existen las casualidades? De alguna manera, poco después de mi comentario en redes sociales, recibo otro correo citándome la primera semana de febrero para "hablar" sobre el manuscrito. Por diversas razones no podía asistir, así que la comunicación siguió de manera virtual.
Prácticamente diez meses después de la felicitación, todo cambió. Advertían "inconsistencias" en el texto, me pedían la eliminación de un apartado completo "porque no corresponde a los géneros que estamos aplicando en la colección". En un correo posterior, cuando manifesté mi sorpresa, hasta me avisaban "que el dictaminador no hizo el trabajo completo y me atrevo a decir que ni siquiera llegó a revisar la mitad". Me daban tiempo para cambiar los textos, escribir algo diferente. Pero frente a lo visto, ante la incertidumbre e irregularidades, opté por no formar parte de la Colección y le comuniqué mi decisión a la coordinadora.
A quienes en su momento les confié lo sucedido, opinaron que todo parecía censura: consecuente con la línea crítica manejada en este espacio, alguien habría querido quedar bien o evitarse problemas. ¿Existen las casualidades? Se supo por redes sociales, alguien avisó; así lo creen.
Yo me resisto a verlo así. Quienes hemos tenido la oportunidad de publicar, sabemos que por diversas razones no todo lo que se propone es publicado. Pero eso se sabe desde el principio, no un año después.
Total. Ahí anda, en la Feria del Libro de Arteaga en el Recinto Universitario,  la serie de la Colección con un parche en sus solapas. Tan bien iba todo, que hasta las pastas de la Colección estaban ya impresas. Ahí anda mi nombre tapado bajo una obra que, por muy buena que pueda ser, dudo haya llegado a la Colección vía la convocatoria pública.
Así, en este ejemplo, la manera en que la Universidad (sus funcionarios responsables, al menos) respeta sus propios procesos, sus propios productos culturales. Un parche: ni en el remiendo hubo pulcritud. Todo queda en la decisión de pocos. Pero basta de anécdotas.
Larga vida a la Feria del Libro. Esperamos, a pesar de todo, se vuelva una buena tradición.

Ojalá no se haya firmado ya el acta de defunción de este evento cultural que venía cuesta arriba, pero creciendo; ojalá que esta edición sea un bache pasajero.  Ojalá.

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