Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La corrupción y su mensaje

El primer día de este mes, allá en Berlín, se publicó el informe del Indice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2011, elaborado anualmente por Transparencia Internacional. 
En breves frases generales, nuestro país quedó -si es que vale la expresión- un poco peor calificado. En una escala del 0 al 10, donde lo más corrupto es el 0, México obtuvo un 3, colocándose en una lista de 183 países, en el número 100. El año pasado estuvimos en el lugar 98 y, hace un par de años, no llegábamos al 80. Vamos empeorando. 
Hay, al respecto, una analogía del director editorial de El Economista, Luis Miguel González que me permito usar: "Podemos pelearnos con Transparencia del mismo modo que el obeso se confronta con la báscula, pero no tiene caso". El IPC emplea una de las metodologías más sólidas y tiene más de una década siendo el referente. Es decir, la discusión no debe centrarse en la metodología sino en qué hacer para regresar a niveles más aceptables. 
El IPC, por cierto, no mide al Gobierno Federal, sino a lo que está sucediendo en el país. De hecho, tan pronto se conoció el resultado del estudio, el Secretario de la Función Pública federal dio un paso al frente para decir que es en los estados de la república donde germina la enfermedad. ¿Sus fuentes? Entre otras, el Indice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2010 que elaboró el Capítulo Mexicano de Transparencia Internacional. De ahí puede derivarse que los trámites relacionados con el Gobierno Federal son los que menos corrupción presentan, mientras que los relacionados con los estados y municipios han presentado incrementos anuales de este mal, hasta del 400 por ciento. 
El asunto lo mismo es importante que interesante. La existencia de organizaciones pro-transparencia en los estados no ha inhibido la corrupción. El modelo, prometedor hace una década, se agotó.
Pero entonces, ¿qué hacer?
La Coparmex, también como consecuencia de los datos del IPC, dijo que la alternativa es un "zar anticorrupción para tener un representante que tenga capacidad de revisar y proponer e incidir en la mejora de la corrupción" (palabras de Gerardo Gutiérrez, presidente del organismo, entrevistado por medios nacionales). El modelo de un "zar" es de los menos recomendados: una golondrina no hace verano.
¿Qué hacer? En el ámbito de la implementación de políticas públicas, se recomienda que debe avanzarse, al mismo tiempo, en tres frentes: la parte legislativa, para reforzar las normas a partir de un diseño que incluya premios y castigos; la parte de las organizaciones públicas implementadoras, incluyendo una revisión de los procesos y su profesionalización; la parte de los arreglos y acuerdos -instituciones les llaman algunos-, que se gestan en la relación personal al interior de la organización y entre diferentes instancias. Avanzar sólo en uno de los ámbitos es como sentarse en una silla de una sola pata y no querer caerse.
No menos importante que el tema central es el del mensaje que trae consigo el Indice 2011 de Transparencia Internacional.
Huguette Labelle, presidenta del organismo, dijo durante la presentación: "Este año hemos visto referencias a la corrupción en los reclamos de los manifestantes, tanto de origen rico como pobre. Los líderes deben tener en cuenta los reclamos que exigen un gobierno más efectivo". La referencia no es gratuita: antes de las revueltas de la denominada "Primavera Arabe", Transparencia Internacional había publicado un informe para aquella región donde advertía la importante presencia de prácticas íntimamente relacionadas con la corrupción (léase nepotismo, soborno y padrinazgos) que terminaron por ser un catalizador.
El mensaje es claro: combatir la corrupción es abonar a la gobernabilidad.
En un ambiente de corrupción, quien tiene el poder y lo ejerce, podrá hacerlo de manera autoritaria: pero nada dura para siempre. La caída de un régimen es la medida extrema. Antes de eso, existe una serie de escalones que el descontento social trepa.

O se le entra al tema, o las consecuencias serán dolorosas para todos. Esto, creo, se incluye en el mensaje.

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