Con
una presencia más imponente en redes sociales que en la realidad, inconformes
con las medidas impositivas tomadas aquí en Coahuila, se han adjudicado la
exitosa etiqueta del movimiento mundial de los "indignados". La
etiqueta, por cierto, nada garantiza.
A
lo largo de la semana pasada, sobre todo el martes durante la sesión en el
Congreso, los "Indignados Coahuila" salieron de la realidad virtual
para hacerse oír en la realidad a secas. Lo más sencillo sería descalificarlos;
pero, hay ocasiones en que lo más sencillo no es lo más prudente. Por el
contrario, creo, debiera mirárseles de cerca para saber cuántos de ellos tienen
argumentos para, honestamente, estar inconformes y cuántos, sabiéndolo o no,
están siendo manipulados y utilizados como carne de cañón o marionetas de
precampañas disfrazadas.
Si
son lo que dicen ser, indignados del tipo espontáneo, en el pecado llevarán la
penitencia: los une la inconformidad, y eso dificultará, puedan ponerse de
acuerdo en una agenda sólida y común. Si son lo que dicen ser, creo, sus
manifestaciones no se convertirán en movimiento. Pero debe escuchárseles.
En
un sistema democrático, nada de malo tendría que los indignados fueran de algún
partido: se entendería como un mecanismo de oposición. Sin embargo, se anuncian
apartidistas a pesar de que las consignas que gritan -por ignorancia, quizás,
queriendo darles el beneficio de la duda- tienen una fuerte carga de partido.
Se dicen apartidistas, pero personas muy ligadas a partidos se aparecen entre
ellos.
Aquí
cabría decir que los indignados, los espontáneos inconformes, no podrían
impedir que cualquier persona -particularmente los vinculados a partidos
políticos-, no se les unan: en una convocatoria abierta, quien quiere asiste.
La cordura debiera caber en los que son de partidos: sumándose, restan.
Pero
de lo que se trata, como digo, es de mirarlos de cerca: no de fingir que no
existen.
Algunos
podrán pensar que de nada sirve abrirles espacios a los pocos, pero quienes eso
dicen se están viendo al ombligo y se pierden la película completa. En esto hay
que ser democráticos y escucharlos a todos. Quien esté inconforme y dispuesto a
sumarse a favor del Estado, debe ser bienvenido por el régimen; quien se diga
inconforme sólo porque así le sirve a su agenda personal, debe ser detectado y
señalado. Pero fingir que no existen, envía un pésimo mensaje vestido en
ropajes que se parecen al autoritarismo.
En
una comunidad se discute, se argumenta, hay decisiones. Así, al menos, en las
democracias deliberativas. El poder expresarse es respeto a derechos humanos.
Hay decisiones, por cierto, que deben tomarse. Subir impuestos, crearlos, mantener la tenencia, por citar ejemplos, no debió ser sencillo. ¿Existió la alternativa de no subirlos, crearlos, mantenerlos? Creo que la respuesta es no. Aquí el ingrediente incómodo sigue siendo el contexto en el cual estas difíciles decisiones debieron tomarse.
Hay decisiones, por cierto, que deben tomarse. Subir impuestos, crearlos, mantener la tenencia, por citar ejemplos, no debió ser sencillo. ¿Existió la alternativa de no subirlos, crearlos, mantenerlos? Creo que la respuesta es no. Aquí el ingrediente incómodo sigue siendo el contexto en el cual estas difíciles decisiones debieron tomarse.
Emblemático,
en este asunto, parece ser lo del pago por la visita a espacios públicos.
Quienes se manifiestan en contra, al menos en lo que alcanzo a comprender,
sencillamente están en contra: ¿por qué pagar ahora por lo que antes fue
gratis? Algunos, los que estén a favor de la medida, podrán decir que el precio
es simbólico y, al mismo tiempo, necesario para el sostenimiento. A mí, en lo
particular, la medida me genera algunas dudas: si es un costo simbólico
¿significa que no será suficiente para mantener las instalaciones en
condiciones óptimas?, o dicho de otra manera, ¿significa que se pagará sin que
exista la garantía de buenas instalaciones?
Cobrar
por el uso de espacios públicos, además, no sólo significa ingresos. Se
necesitará alguien que cobre, un lugar para que lo haga y algún mecanismo de
supervisión para que los simbólicos cinco pesos, o lo que sea, lleguen a donde
deba y no al cochinito, a la alcancía de un particular. ¿Se hicieron
estimaciones del costo por operación del cobro?; no vaya saliendo más caro el
caldo que las albóndigas.
Insisto:
en una comunidad se discute, se argumenta, hay decisiones.
En
esto que estamos viviendo habrá indignados sinceros. Y estoy convencido: no se
les debe hacer a un lado.
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