Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 23 de agosto de 2015

Secretario de (des)Gobierno

Algo no anda bien. No cuadra, como luego se dice.

La agenda estatal fue recientemente ocupada con lo de los taurinos. Una batalla librada no hace mucho y ya resuelta, que revivió más como revancha política que como un asunto bien meditado. Los legisladores dicen que no, que las cosas cambian. Pero pueden decir mucho: no han dado elementos para confiarles demasiado.

Si cambiar leyes para apaciguar contrarios no está bien, peor aquello de que la maquinaria pública se gaste en esos ruedos en lugar de ocuparse de otra agenda, la de los niños esclavos. Pero todo esto, al fin, es un síntoma de los tiempos que se viven: dónde están las prioridades y cómo funciona un régimen que insiste en mostrar una cara democrática.

Algo no anda bien, no cuadra.  La semana dio muchas muestras.

El Secretario de Desarrollo Rural convocó a una rueda de prensa para aclarar lo que dijo y no durante un evento en el centro del Estado. De ahí, tres hallazgos: primero, algunos medios se encargaron de inventarse y sostener una versión malintencionada de lo que nunca sucedió… sus hábitos, necesidades y razones tendrán; segundo, éste Secretario está entero y da la cara; tercero, en este gobierno la comunicación entre Secretarios se da vía periodicazos.

La medida extrema del de Desarrollo Rural se da después de que el Secretario de Gobierno dijera a la prensa: “Yo creo que anda mal nuestro compañero de gabinete, puede que tenga un problema de salud mental, tenemos que analizarlo bien, verlo con él, sobre todo que no le falte el respeto al poder legislativo” (VANGUARDIA, agosto 18, 2015).

Así, sin todos los elementos y haciendo caso del chisme, el Secretario encargado de mantener el orden dentro de la entidad le desordena el equipo de trabajo a su patrón.

Esa falta de delicadeza en las declaraciones es tanto como provocarle una crisis a su gobierno afirmando tener una narconómina de periodistas. ¿Qué ya sucedió?... ¡Avísenme!

Se recordarán las semanas donde el centro de atención estuvo en lo revelado por el Secretario en una entrevista de banqueta. Entonces, como hasta ahora, el motivo pareció el mismo: mandar un mensaje. La incapacidad de hacerlo, de manera efectiva, por otros medios oficiales.

Allá, el punto final lo puso el anuncio de que todos los elementos en poder del Secretario habían sido entregados a la autoridad competente. Ya podemos imaginar la relevancia de la información presentada: nada ha sucedido.

Pero el asunto es que algo no anda bien. No cuadra.

La administración que al entrar prometió integrar a los perfiles mejor calificados, muy pronto se convirtió en un gobierno de los perfiles regulares disponibles. De la primera alineación, pocos quedan. Este gobierno no incentiva ni premia un buen trabajo. Otros han de ser los requerimientos del jefe; a lo mejor gusta de la convivencia en conflicto, donde quien quiera pertenecer debe rasparse.

En un gabinete, las patadas debajo de la mesa son algo hasta cierto punto normal. La tensión del poder y la esperanza de ser el siguiente. Pero cuando las patadas se las dan en público hay, de plano, una disfuncionalidad.

El Secretario de Gobierno se fue de boca sin medir las consecuencias, mostrando las debilidades de un equipo fracturado. No es la primera vez, pero ni lo mueven ni se disculpa.


O su jefe no está enterado (por tanto viaje) o es quien da las instrucciones. Así de sencillo. 

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