Algo no anda
bien. No cuadra, como luego se dice.
La agenda
estatal fue recientemente ocupada con lo de los taurinos. Una batalla librada
no hace mucho y ya resuelta, que revivió más como revancha política que como un
asunto bien meditado. Los legisladores dicen que no, que las cosas cambian.
Pero pueden decir mucho: no han dado elementos para confiarles demasiado.
Si cambiar
leyes para apaciguar contrarios no está bien, peor aquello de que la maquinaria
pública se gaste en esos ruedos en lugar de ocuparse de otra agenda, la de los
niños esclavos. Pero todo esto, al fin, es un síntoma de los tiempos que se
viven: dónde están las prioridades y cómo funciona un régimen que insiste en
mostrar una cara democrática.
Algo no anda
bien, no cuadra. La semana dio muchas
muestras.
El
Secretario de Desarrollo Rural convocó a una rueda de prensa para aclarar lo
que dijo y no durante un evento en el centro del Estado. De ahí, tres hallazgos:
primero, algunos medios se encargaron de inventarse y sostener una versión
malintencionada de lo que nunca sucedió… sus hábitos, necesidades y razones
tendrán; segundo, éste Secretario está entero y da la cara; tercero, en este
gobierno la comunicación entre Secretarios se da vía periodicazos.
La medida
extrema del de Desarrollo Rural se da después de que el Secretario de Gobierno
dijera a la prensa: “Yo creo que
anda mal nuestro compañero de gabinete, puede que tenga un problema de salud
mental, tenemos que analizarlo bien, verlo con él, sobre todo que no le falte
el respeto al poder legislativo” (VANGUARDIA, agosto 18, 2015).
Así, sin todos los elementos y haciendo
caso del chisme, el Secretario encargado de mantener el orden dentro de la entidad
le desordena el equipo de trabajo a su patrón.
Esa falta de
delicadeza en las declaraciones es tanto como provocarle una crisis a su
gobierno afirmando tener una narconómina de periodistas. ¿Qué ya sucedió?...
¡Avísenme!
Se
recordarán las semanas donde el centro de atención estuvo en lo revelado por el
Secretario en una entrevista de banqueta. Entonces, como hasta ahora, el motivo
pareció el mismo: mandar un mensaje. La incapacidad de hacerlo, de manera
efectiva, por otros medios oficiales.
Allá, el
punto final lo puso el anuncio de que todos los elementos en poder del
Secretario habían sido entregados a la autoridad competente. Ya podemos
imaginar la relevancia de la información presentada: nada ha sucedido.
Pero el
asunto es que algo no anda bien. No cuadra.
La
administración que al entrar prometió integrar a los perfiles mejor calificados,
muy pronto se convirtió en un gobierno de los perfiles regulares disponibles.
De la primera alineación, pocos quedan. Este gobierno no incentiva ni premia un
buen trabajo. Otros han de ser los requerimientos del jefe; a lo mejor gusta de
la convivencia en conflicto, donde quien quiera pertenecer debe rasparse.
En un
gabinete, las patadas debajo de la mesa son algo hasta cierto punto normal. La
tensión del poder y la esperanza de ser el siguiente. Pero cuando las patadas
se las dan en público hay, de plano, una disfuncionalidad.
El
Secretario de Gobierno se fue de boca sin medir las consecuencias, mostrando
las debilidades de un equipo fracturado. No es la primera vez, pero ni lo
mueven ni se disculpa.
O su jefe no
está enterado (por tanto viaje) o es quien da las instrucciones. Así de
sencillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario