Los institutos y
consejos electorales de los Estados andan preocupados: los vientos soplan a
favor de un Instituto Nacional Electoral. y, allá en México, no alcanza con
prestarse de notario del gobernador en turno para ser consejero, reelegirse,
presidir una organización en la materia.
Y mírese que eso
de que no alcanza allá en el centro del País, tampoco significa que el panorama
sea demasiado alentador. Dicen que la culpa, a final de cuentas, no la tiene el
indio sino quien lo hizo compadre. y en esto de las clases políticas, todos son
indios y compadres.
La sombra del
centralismo está creciendo. El legislador federal se está convirtiendo en
legislador nacional y el Ejecutivo, poco a poco, vuelve a juntar las piezas de
aquello que por largo tiempo se llamaba facultades
"metaconstitucionales".
Poco se habla de
esto: los principales foros son acaparados por los del centro. Como si solo
allá hubiera estatura para hacer, decir, pensar.
Ahí andan, en
solitaria batalla, los de los institutos y consejos electorales, defendiendo la
chuleta, qué más. Eso, lo principal. Pagándose con dinero público una cruzada
personal: lo mismo manifestaciones en la capital del País, como giras de
"análisis y reflexión" a lo largo y ancho de la nación. Ahí andan,
llorando como infantes lo que no defendieron como hombres: su autonomía.
La razón, por
cierto, está de su lado. Pero la política no.
En un esquema
federalista, eso de un Instituto Nacional queda muy apretado, con calzador.
Pero allá en la capital del País, las acciones vienen vestidas de centralismo.
Los electorales,
al menos, se defienden. A quienes aún cobran en los Institutos de
Transparencia, por el contrario, les acaban de aplicar una muy parecida. Y
nadie movió una ceja. Es más: los consejeros y comisionados estatales de la
transparencia (salvo algunas excepciones) aplaudieron la reciente reforma
constitucional que los arrodilla ante el IFAI. Otro golpe al sistema federal. Pero
así viene la moda: con tonalidades de centralismo.
En pocos meses la
nómina magisterial será confeccionada en tierras aztecas. Poco falta para que
se perfeccione la reforma constitucional en materia de predial y
registros públicos. ¿En qué se parecen estas dos tácticas? En que todo va al
centro; allá se tomarán las decisiones.
El argumento es
más o menos el mismo: en los Estados, los gobernadores se convirtieron en
señores feudales, que todo controlaban y, por lo mismo, todo saquearon
impunemente. No hay en los Estados, explican, contrapesos efectivos frente a la
voluntad del gobernador. Y es verdad: la evidencia sobra.
Pero un
centralismo en los hechos, enjaretado en un país federalista por ley, nada
resuelve.
Comparto el
repudio que provoca el cacicazgo estatal. Aborrezco que baste una declaración
del líder estatal del partido gobernante para que se considere en riesgo (vía
triquiñuelas) una elección ya consumada y ratificada en tribunales (lo que pasa
en Acuña, por ejemplo). Me lastima ver consejeros y comisionados al frente de
organismos constitucionales autónomos que apenas recuerdan cómo se llaman (mmm.
¿Pongo un ejemplo?). Me desanima pensar que la justicia para un Estado debe
venir de tribunales extranjeros porque dentro de un mismo Estado todos son
cómplices o familiares (lo de la mega deuda en Coahuila, por ejemplo, que
parece ir por buen camino en Texas).
Rechazo, sin
embargo, que la mejor alternativa sea recorrer la (ya conocida) senda del
centralismo.
Antes que
tratarlos con respeto y reconociéndoles (a la distancia, seguramente) una
posición de madurez, se optó por recoger las canicas para que los chiquillos
malcriados ya no hicieran sus fechorías. Pero claro que hay alternativas.
Los otrora
brabucones-organiza-mega-marchas, ahora callan. Cuando se trataba de quitarle
la presidencia al PAN, se rasgaban las vestiduras por todo. ¿Y ahora? Sin ropa,
se entregan calladitos. Antes levantaban mantas de "no más
impuestos". ¿Y ahora? Ocupan su tiempo recordando las efemérides en redes
sociales, volteando a otro lado, conociendo (todavía) el mundo con cargo al
erario.
Cuando el
presidencialismo vacacionó, los gobernadores no supieron comportarse a la
altura. Fueron de todo y sin medida, está claro. Los pretendidos contrapesos,
prefirieron ser comparsa: no asumieron un compromiso histórico, aprendieron a
navegar con la única bandera que pudieron.
De regreso el
centralismo, la fiesta se acabó. Todo lo que no sea centro, pierde.
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