No
es retórica o pregunta sarcástica. Estando a un par de pasos para su
desaparición, estoy convencido de que debe hacerse la pregunta: ¿en qué fracasó
la Fiscalía General de Coahuila?
La
Fiscalía, recuérdese, comienza a ver la luz allá por enero de 2009 (para el
supersticioso señalo: la iniciativa se recibe en el Congreso un martes 13).
Según la exposición de motivos, la idea de fusionar la Procuraduría y la
Secretaría de Seguridad fue producto de "un estudio y profundo
análisis" y "en función de la urgencia con la que tenemos que
afrontar a la delincuencia". Se anunciaba un modelo innovador para la
seguridad pública y la procuración de justicia: era para hacerle frente a la
situación que predominaba y para adelantarse a los tiempos violentos que, por
cierto, son hoy historia reciente y anécdota del día a día.
La
Fiscalía, sigo con la exposición de motivos, se creó con autonomía constitucional
y criterio jurídico propio; se fortaleció, al menos en papel, al Ministerio
Público; con el "objeto de dar continuidad a las acciones y
funciones" se les proveyó de periodos transexenales a sus titulares y una
larga lista de etcéteras que harían de la Fiscalía una superinstancia: todo se
profesionalizaba, todo se fortalecía.
Aquello
era la máxima solución.
El
crimen, sin tener cifras a la mano, parece haberse incrementado en los últimos
años. Concediendo esto ¿qué del modelo lo propició? O, por el contrario, ¿no
será que gracias a la Fiscalía no se está peor? Preguntas sin respuesta pues,
de un plumazo (aparentemente sin una amplia discusión, en foros por ejemplo) la
máxima solución no durará ni tres años.
Es
costoso desaparecer organizaciones públicas. Y -déjeme lo digo con cuidado-,
dentro de los costos, el económico es el menor. El nacimiento de una oficina
pública viene acompañada de la expectativa de que el trabajo a realizar llenará
un faltante en el concierto del quehacer público. Su desaparición genera, al
menos, incertidumbre (¿entonces, para qué se constituyó?) y desilusión (y si
esto, anunciado como el remedio, no sirvió ¿será que no hay esperanza?). Estos
costos, la incertidumbre y la desilusión, no son algo que pueda compensarse con
moneda corriente.
Debe
hacerse la pregunta, además, porque ¿cómo reparar algo cuando se desconoce cuál
parte es la que no funciona?
En
esencia, el modelo de la Fiscalía parecía lógico. ¿Qué falló entonces? Ahora
que se le ha preguntado sobre su pasada labor, el Fiscal con licencia dice:
"Hice mi trabajo con todo el empeño y profesionalismo que debí haber
puesto. No tengo más comentarios sobre eso". Es decir, ahí hay un callejón
sin salida.
Habrá
otras instancias de cuya efectividad puede dudarse y, sin embargo, ¡ahí siguen!
Por esto llama la atención esta desaparición.
Desde
su creación la que fuera la fracción del PAN en el Congreso se opuso bajo cinco
argumentos principales: la concentración del poder en una sola persona; lo
prolongado del periodo del cargo de Fiscal (lo que se veía como inconveniente);
el hecho de que, por transitorios, el entonces Procurador aseguraba casi 20
años de ejercicio; que la autonomía dada a la Fiscalía era insuficiente y,
finalmente, que había disposiciones en la reforma que atentaban contra la
autonomía municipal (en el Diario de Debates del 17 de febrero de aquel año,
por ejemplo, puede leerse la argumentación completa). ¿Fueron aquellas razones
las que, finalmente, obligaron a la desaparición de la Fiscalía? Lo dudo.
Entonces ¿qué motiva el cambio de modelo, por qué regresar a una Procuraduría?
Si
fue un asunto de personas ¿por qué no simplemente cambiarlas?: una parte
importante, parece, incluso se mantendrá. Si el problema fue el modelo ¿por qué
no hacer ajustes legislativos? La Fiscalía podía presentar iniciativas de leyes
en las materias de seguridad pública y procuración de justicia. ¿Por qué no se
hizo antes? ¿Por qué una solución radical? ¿A quién no le gustó el modelo?
Por
cierto: quien como Fiscal pudo presentar reformas para fortalecer las materias
a su cargo y no lo hizo es, ahora, la mente tras el paquete de iniciativas en
materias relacionadas que se estarían presentando hoy domingo ante el Congreso.
¿Tiene lógica?
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