Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 22 de enero de 2012

Poderes Salvajes

Hace cosa de un año, allá en Roma, el filósofo Luigi Ferrajoli enviaba a imprenta su último libro, "Poderes Salvajes", un volumen más bien modesto donde se reúnen y sistematizan ensayos ya publicados y algunos otros de nuevo cuño, todos perfectamente engarzados en un hilo conductor: la crisis de la democracia constitucional.
Del escritorio de Ferrajoli y su perfecto italiano, a una casa editora española (Trotta) para su traducción e impresión, a una librería del norte de México, tardó menos de un año. Cosas de la modernidad, imagino.
Nota al margen. En 2004, Ediciones Cal y Arena publicó un libro homónimo, "Poderes Salvajes". Lo escribió el investigador Raúl Trejo Delarbre y versa sobre los medios de comunicación y su incidencia en diversos aspectos de la vida. Más allá de la coincidencia en el título, dato curioso, Trejo usó una cita de Ferrajoli para iniciar su texto. De esas cosas para coleccionar.
Pero regreso a Ferrajoli. Decía, entonces, que el hilo conductor del texto es la crisis de la democracia constitucional. Agrego que el laboratorio del filósofo es Italia, su país. Pues bien, lo primero no debiera limitar el interés de un público ajeno a la ciencia política o al derecho; con lo segundo, no debiera suponerse que lo ahí escrito es un asunto alejado de una realidad propia de, por ejemplo, nuestro país, nuestro estado o municipio. Y es que el tratamiento del profesor Ferrajoli es claro y contundente y las reflexiones que derivan de su natal Italia cobran plena vigencia, me parece, en nuestra comunidad.
Lo fundamental de "Poderes Salvajes" está en la advertencia que hace su autor de los abusos del modelo democrático, dada la omnipotencia de una mayoría irracional que neutraliza reglas y mecanismos de contrapesos. Y, dice el autor: "La idea elemental que está en la base de esta pretensión es que el consenso popular es la única fuente de legitimación del poder político y, por ello, serviría para legitimar todo abuso y para deslegitimar críticas y controles". Agrega que "los enemigos de la democracia constitucional son también los principales enemigos, disfrazados de amigos, de la democracia política", a quienes se les puede identificar porque tras una máscara democrática ocultan "una deformación profunda de las instituciones representativas".
Da el autor mayores datos para identificar la decadencia democrática: por una parte, existe un exacerbado populismo que genera la idea de que "el jefe" es la encarnación de la voluntad popular: ahí no cuenta la pluralidad o las voces disidentes, el líder político tiene tan afinada sensibilidad que lo sabe todo, para todo tiene una respuesta, de todo puede encargarse.
Un segundo factor es el conflicto de intereses entre las esferas públicas y privadas. Cuando se tienen funcionarios públicos pensando cómo llenarse la bolsa, llenársela a sus empresas o a las empresas de sus amigos, lo que hay es una bomba de tiempo. La corrupción es el signo externo de esta enfermedad del estado.  En palabras del autor, "La voracidad de la nueva clase política, su falta de sentido del límite y el desprecio de las reglas han hecho extenderse de nuevo los abusos del poder y los negocios sucios".
Un tercer factor es "la creciente integración de los partidos en el Estado y la consiguiente pérdida de otra separación: la separación entre partidos e instituciones y el papel de los primeros como instrumentos de la mediación representativa de las segundas con la sociedad".
Otro factor es el control de la información, el cual ilustra con las palabras de Condorcet: "Controlando la información, el poder político persigue la homologación ideológica y política haciendo que los ciudadanos no aprendan nada que no sirva para confirmarles en las opiniones que sus gobernantes quieren suscitar en ellos".
Lo ya dicho: la Italia que observa Ferrajoli pudiera no estar tan lejos. ¿O sí?

Me dicen que ya no es fácil encontrar en librerías "Poderes Salvajes". Es altamente probable que a Saltillo, mírese que no somos buen mercado para la lectura, ni haya llegado. Es una lástima; es de esos textos que te replantean muchas cosas como ciudadanía.
     

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