No hay un intento
por formular alguna respuesta a las inquietudes, no hay acercamiento, no hay
espacio para la participación.
Gobernar por
titulares. Afirmar que algo se hizo, para que los medios de comunicación
recojan la declaración y la hagan pública antes de hacerse el análisis que
comprueba que, en lo dicho, sólo hay medias verdades. Seleccionar las mejores
frases y los nombres más vistosos para programas, para prometer, pues eso no
empobrece.
Así, el todavía
Gobernador, no tiene reparo en decir que, en transparencia, su administración
está haciendo más de lo que la Ley exige cuando, en los hechos, el asunto está
lleno de hoyos. Dan el campanazo al publicar el llamado Padrón Único de
Beneficiarios y, meses después, en los hechos, aceptan que no era tan único y
que una gran parte de los beneficiados no estaba ahí. Que si, ahora, han
publicado la nómina de los burócratas, cuando siguen sin cumplir lo que la Ley
señala como información mínima.
Ya después de las
declaraciones, resulta que quieren vender muy cara la supuesta dádiva:
comprarla como la verdad, creer el mito de que aquello es el máximo esfuerzo y
muestra de voluntad histórica de que las cosas se hacen diferente y, por lo
tanto, bien.
Hay voces
críticas e inconformes, que son sistemáticamente ignoradas: no hay un intento
por formular alguna respuesta a las inquietudes, no hay acercamiento, no hay
espacio para la participación. Es casi como si debiéramos darnos por bien
servidos por no ser objeto de una persecución directa por opinar. Y, así, se
entienden democráticos.
Lo último de esta
estrategia por titulares fue la publicación de -dicen- toda la información que
el Gobierno tiene sobre la deuda. Sin rodeos: se trata de una acción que nada
aporta y obedece a criterios electorales.
En los kilos de
documentos escaneados se borraron casi todos los nombres de los involucrados,
direcciones de los bancos, números de cuenta, tasas de interés, los ingresos
afectados como garantía y las comisiones bancarias. Sin esta información,
contrastar lo que se presenta con lo existente en alguna fuente es una tarea
poco menos que imposible. Sin esa información, no se puede saber a qué grado se
jugó con los flujos de capital (en las deudas de corto plazo, el asunto es
fundamental) para llegar a un gran total que, se sospecha por cierto, debe ser
superior al anunciado.
En esto, es culpa
del indio y de quien lo hizo compadre. Frente a esta cortina de humo, el
organismo "ciudadano" apenas y ha servido para lo que se ha
especializado en tanto año, ser parapeto. Cuando al presidente del ICAI
le preguntaron por esos datos faltantes, dijo: "Le podría dar una opinión
más precisa y más puntual si me da oportunidad de checar los documentos, que no
lo he hecho" (VANGUARDIA, enero 31, 2013). En una situación tan
importante, a cualquiera le daría pena no haber hecho su tarea. Pero, si aquí
la tarea ha sido, precisamente, patear la lata, la declaración cobra sentido.
No es, pues, asunto de una administración sino el tinglado de varias instancias
del Estado.
Pero no es el
único, para ser justos. El Secretario de Finanzas, el brazo ejecutor de la
publicación, dijo: "No falta información. Lo único que quitamos nosotros,
y así nos lo pidieron los bancos, son la firmas" (VANGUARDIA, la fecha ya
citada). Resulta, pues, que el Secretario tampoco ha leído lo que
publicó. Debe ser mala suerte: a este Secretario, guardián del dinero, lo mismo
le falsifican la firma como le borran datos que él no solicitó. Una comparsa
institucional.
Y ya que estamos
en esto, ¿recuerda que hace un año, el entonces Secretario de Gobierno, pidió
"darle vuelta a la página" al tema de la deuda (VANGUARDIA, febrero
23, 2012? Doce meses después, ¿por qué, entonces, hacer pública la información
(por llamarle de alguna manera)? Sencillo. Vienen las elecciones y, con esto,
medio desactivan a una oposición cuya principal arma seguramente sería el tema.
Desde el Gobierno, para decirlo de otra manera, le están ahorrando saliva a más
de un candidato que, cuando le pregunten por la deuda, va a decir: "todo
está publicado en la página, vayan y consulten". Lo dicho por los
candidatos, insisto, será una verdad a medias: de la deuda, prácticamente nada
puede conocerse con lo publicado.
Lo que menos
apura es que la oposición tenga una estrategia alternativa, es asunto de
partidos políticos y su juego. Sí preocupa que, estando ahí los titulares y
comentarios en televisión como buena materia prima para construir un mito, la
gente crea que no hay más allá de esta transparencia estilo Coahuila.
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