No vaya siendo
que alguien salga a decir que toda promesa del Ejecutivo no era más que un
chascarrillo. Y así parece, por cierto.
En un evento,
allá en Torreón, el todavía Gobernador le dijo a quien ocupa la Presidencia del
Municipio: "Vamos a hacer una cosa, para que ya no me estés dando siempre
la bienvenida, me vengo a vivir a Torreón". ¿Comentario jocoso? En la
primera oportunidad, los reporteros le preguntaron sobre la veracidad del
dicho, y respondió "Ya vivo aquí prácticamente. Ahora lo vamos a hacer
formalmente" (VANGUARDIA, febrero 20). Antes de que terminara el día,
alguien salió a aclarar que no fue más que un comentario "chusco".
Esta misma
semana, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal A.C.,
dio a conocer un informe donde coloca a Torreón entre las diez ciudades más
violentas del País. y a cinco más de las coahuilenses entre las primeras
cien.
Detrás de los
resultados sistematizados por el Consejo Ciudadano, hay un tejido social
herido, niños que crecen en un ambiente de violencia sistémica, jóvenes que van
conformando su personalidad sabiendo que una tarde de esparcimiento puede ser
la última en sus vidas, madres y padres que son asesinados enfrente de sus
hijos.
Frente a una
situación real y seria de violencia ¿qué clase de humor debe tenerse para hacer
un comentario "chusco", en un evento público y en el corazón del
municipio que más violencia sufre?
Entre la dizque
broma y la aclaración, los medios de comunicación propagaron lo que,
finalmente, fue una treta del titular del Ejecutivo. Fue un acto de
desinformación oficial que se dejó crecer porque, ante la pregunta expresa, no
se quiso aclarar.
La Constitución
de Coahuila, en su artículo 190, dice: "La Ciudad de Saltillo, será la
Capital del Estado y la residencia del Congreso, del Gobernador, y del Supremo
Tribunal de Justicia. Sólo en caso de invasión extranjera o de trastorno grave
del orden público, podrá el Gobernador cambiar tal residencia a otro lugar, con
aprobación del Congreso, y en sus recesos, de la Diputación Permanente".
La Constitución
imposibilita, por ahora, una decisión como la falsamente anunciada. Pero ahí
viene una nueva, ¿será un traje a la medida de las ocurrencias o a la altura de
las circunstancias?
Así se va
delineando el perfil de las administraciones y la impronta de quien las
encabeza. Tal vez al ciudadano en turno le gusta, en eventos oficiales, parecer
cómico y poco le importa medir el oleaje que causa una piedra desenfadadamente
tirada al agua. Cada quien, podrán decirme. Pero, de este lado, una práctica
mínima (y necesaria, por cierto) tendrá que ser sopesar cada palabra bajo el
lente de la duda: no vaya siendo que, antes de que termine el día, alguien
salga a decir que toda promesa del Ejecutivo no era más que un chascarrillo. Y
así parece, por cierto.
Falta tino en el
mensaje. Así ha sido desde el primer día. Recuérdese, a manera de ejemplo, la
primera semana del mes de marzo del año pasado. Aquel martes, el asunto se puso
tan feo en Piedras Negras que hasta corrió la información de que se había
cerrado el cruce para Estados Unidos y, el miércoles, sobre el norte de
Saltillo cayó una pesada lluvia de plomo. Mientras eso sucedía, en su momento
se señaló, el desde entonces Gobernador subió una fotografía a través de su
cuenta de twitter caminando, tranquilamente, a las diez de mañana por la calle
de Victoria, como si nada estuviera sucediendo. ¿Desafortunada coincidencia o
un mensaje mal encausado?
Al menos en
breve, mientras no venga una Constitución que lo permita, el Ejecutivo se queda
en Saltillo. Allá en Torreón, alguno se habrá quedado con el amargo sabor del
engaño; en todos los demás municipios, con la incómoda duda: cómo saber cuándo
habla con verdad.
Y mientras hay
quienes tienen humor para soltar comentarios chuscos en eventos oficiales, en
Saltillo, el todavía Alcalde habla de que, bajo su administración, se ha
logrado una calma real y no una "calma chicha", como ocurre en otros
municipios.
Dice, también, que él sí ha tomado decisiones
importantes (únicas e históricas), no como los otros que estuvieron antes, que
bajaban la mirada cuando les golpeaban el escritorio. Algunos de esos, de los
que "se hacían pato" diría el actual, buscan por cierto regresar al
mismo puesto. ¿Otro que no mide las consecuencias de su dicho o habla con toda
la intención?
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