En la palabra, la
permanente promesa de transparencia, y en los hechos, la simulación burda y
demostraciones `chafas'.
Algunos se habrán
hecho los sordos, los ciegos y los mudos. Otros, se habrán hecho ricos. Todos
los demás, nos habremos perdido. Así va lo de la deuda en Coahuila.
De todos los
cabos sueltos, uno para refrescar la memoria.
Entre abril y
mayo del año pasado se supo que el "18 y el 25 de febrero de 2011 el
Gobierno del estado de Coahuila dispuso de 600 y 400 millones de pesos,
respectivamente, al amparo del crédito citado, por conducto del Secretario
Ejecutivo del SATEC, Héctor Javier Villarreal Hernández"
(VANGUARDIA, 1 de mayo de 2012). Se trata, se dijo entonces, del
testimonio de la directora de la región norte del Banco del Bajío, otorgado
ante la Unidad Especializada en Investigación de Delitos Fiscales y
Financieros de la PGR en noviembre de 2011. Se habló, incluso, de una causa
penal, la 7/2012.
De los cabos
sueltos, ahora el más reciente.
Hace un par de
días, autoridades norteamericanas incautaron los 2.2 millones de dólares que
había en una cuenta a nombre de Villarreal Hernández en un banco de Bermudas.
Unas horas después, se haría pública la posición del Gobierno de Coahuila en el
que se indica que "los recursos provenientes de los créditos obtenidos por
el Gobierno del Estado con el sistema financiero, fueron ingresados en su
totalidad a las propias cuentas del Gobierno, asimismo, no existen faltantes
que presuman irregularidades" (VANGUARDIA, 7 de febrero de 2013). Aquí,
las finanzas sanas y todo en orden, dicen.
Entre estos dos
episodios, una administración que prefería hablar de financiamiento en lugar de
deuda. Un secretario de Gobierno que pidió darle vuelta a la página. La
publicación de la documentación de la deuda sin datos esenciales. En la
palabra, la permanente promesa de transparencia, y en los hechos, la simulación
burda y demostraciones "chafas".
¿En qué terminó,
o en qué va, aquella causa penal donde obra un testimonio que indica el retiro
de mil millones de pesos? ¿Por qué ese retiro no figura como una irregularidad
en la, digamos, escrupulosa revisión hecha por el Gobierno de la eterna
esperanza (lo mejor está por venir, dicen)?
Por cierto, ¿a
nadie le llama la atención que la mente brillante detrás de la alquimia
financiera coahuilense tenga una cuenta a su nombre? Digo, los prestanombres
debieran ser como el ABC en estos temas. En fin.
Hace menos de un
año, se habló de retiros irregulares y ahora dicen que nada hay. Porque, a ver
si me ayudan con esto, ¿cuántas alternativas hay?
Primera, el
dinero sí salió de las arcas estatales, pero alguien no sabe hacer cuentas y es
demasiado tarde para aceptar un error. Segunda, el dinero no salió del Gobierno
de Coahuila pero ¿y entonces?
En Texas es bueno
el negocio de bienes raíces. Recuérdese que, a principios del año pasado, al
hasta hace poco supersecretario se le colgaron propiedades como una farmacia
CVS en Stone Oak, un centro comercial en Redland Road y una docena de inmuebles
valorados en 20 millones de dólares en San Antonio (VANGUARDIA, 29 de abril de
2012). En Brownsville, la lista también era larga. ¿En qué quedo aquello?
Aun pensando que
hubo una muy buena venta de aspirinas en la CVS, no se comprende el ritmo de
ingresos. ¿De dónde, entonces, salió el dinero para apropiarse de medio Texas?
Porque, si
comenzamos a pensar que aquel dinero (el de las propiedades y el de la cuenta
en Bermudas) es ilegítimo, del crimen organizado por ejemplo, el asunto toma
otro perfil. ¿Qué será, como se diría coloquialmente, menos peor: que la mano
derecha del exgobernador se haya apropiado de dinero público o que la mano
derecha del exgobernador haya tenido oportunidad de crecer una fortuna a la
sombra del crimen?
En la médula del
hueso, o la corrupción o el narco. La respuesta no es sencilla. Porque los
gobiernos funcionan como sistema y en política, lo único que no se perdona es
la falta de complicidad. Así las cosas, lo que no corta lastima y nadie está
limpio.
Y lo de menos
será que las autoridades actuales se inventen una explicación. O que insistan
en que todo va bien. Lo real no cambia, por más que se salga en
televisión sonriendo.
Al día de hoy no
se sabe en qué se gastó la deuda contraída; a ellos, los de ahora, les
entregaron las cuentas y no señalaron algún faltante o irregularidad.
Punto.
Cabos sueltos.
Muchas preguntas sin respuesta que, en última instancia, son evidencias de que
todo aquel espectáculo de publicar a medias contratos censurados y otras
simulaciones, no ha logrado resolver aquello que debiera quitarles el
sueño.
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