¿Cuáles son sus
tradiciones, cómo entienden la vida, qué pueden aportar y qué podemos
aportarles? Son preguntas nunca hechas o ya olvidadas.
Hace una semana y
días se celebró, a nivel mundial, el Día de la Lengua Materna. Se trata de una
iniciativa de las Naciones Unidas para promover la preservación y protección de
todos los idiomas. ¿Una trivialidad? Para nada.
Las lenguas son
el principal instrumento de preservación de lo que somos. No se puede
subestimar lo que hay detrás de una palabra, su historia y lo que contiene. El
lenguaje es movimiento, es cierto. Su evolución es también el registro de lo
que sucede y de cómo la humanidad va ajustando sus preferencias, valores,
prioridades. No se trata, pues, de abogar por el estancamiento pero tampoco,
por descuido, dejar que una parte de lo que somos muera con la última persona
que conoce y utiliza una lengua.
Pues bien, en el
marco del Día de la Lengua Materna varios de nuestros políticos (mujeres y
hombres, que nadie se sienta discriminado) llenaron sus redes sociales
recordándole al mundo (y a sus seguidores, de paso) sobre este día. Alguno que
otro (otra, pues, por la equidad de género) hasta intentaron destacar su
importancia relacionándole con el respeto a los derechos humanos, la dignidad
de las personas y otros muchos temas que son importantes pero, en voz de muchos
de ellos, no resultan más que lugares comunes y un discurso gastado.
Había en
Coahuila, sin embargo, una manera diferente (y trascendente) de celebrar ese
día.
Desde el pasado
mes de septiembre, en nuestro Congreso de Coahuila, duerme una iniciativa de
Ley que pretende articular una serie de programas a favor de lo que denomina el
"Derecho Lingüístico Kikapú". Una iniciativa presentada por la
oposición y, por lo mismo, no atendida por la improductiva mayoría que lo único
que ha sabido medio hacer es aprobar automáticamente cuanto documento presenta
el primer legislador del Estado, el Ejecutivo.
Coahuila no es un
estado con fuerte presencia indígena; pero esto no se trata de números.
El asunto está en
que no deberíamos hacer nuestra vida en Coahuila olvidándonos de la tribu
kikapú. Representan, en muchos aspectos, una porción atípica en nuestro Estado,
ahí parte de su valor. ¿Cuáles son sus tradiciones, cómo entienden la vida, qué
pueden aportar y qué podemos aportarles? Son preguntas nunca hechas o ya
olvidadas. Se despilfarran discursos a favor de los derechos humanos, pero no
todos están en la mente de quienes gobiernan.
Lamentablemente,
sólo parecen interesar cuando se va a filmar un anuncio para el Canal de las
Estrellas, o cuando el ciudadano en el turno de Gobernador quiere una
fotografía exótica.
Hace tiempo que la
UNESCO identificó la lengua kikapú como "seriamente en peligro". En
México, Coahuila es el único lugar donde se habla. Hay pocos estudios sobre
cuántos y en dónde están pero para 2005, se estimó, el número de hablantes
superaba apenas unos cientos. ¿Cómo pensar en los Objetivos del Milenio cuando
el tema indígena en Coahuila no pinta en la agenda?
La iniciativa
coahuilense que duerme desde septiembre propone, como punto de partida, se le
considere a la lengua hablada por esta tribu como patrimonio cultural del
Estado. Le reconoce validez para cualquier trámite o asunto frente a la
autoridad coahuilense. Establece lineamientos generales y distribuye tareas
para promover, valorar y conservar la lengua y cultura kikapú.
Tener una ley no
resuelve, de manera automática, el asunto que preocupa. Pero es,
definitivamente, un primer paso. Debe ser mucho pedir, pero lo que se espera de
la mayoría, al hacer su trabajo, es que desempolven el asunto.
En la propuesta
que ya está en el Congreso, cabrán ajustes, complementos. Es lo normal cuando
se participa en el análisis de una propuesta. De eso se trata el proceso
legislativo, de que haya diálogo para que un proyecto se enriquezca. Esas
propuestas que se presentan en bandeja de plata podrán ser técnicamente
impecables pero nunca comunitariamente apropiadas.
En lugar de publicar mensajes e imágenes en el
Facebook de cuanto día internacional se encuentran, ahí, en el Congreso, las y
los legisladores tienen trabajo por hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario