`El silencio no
sólo existe, sino que además transmite, comunica. Y por lo tanto, el silencio
puede mentir'.
Comienza a
circular el último libro de Alex Grijelmo, "La Información del Silencio.
Cómo se Miente Contando Hechos Verdaderos" (se imprimió bajo el sello
Editorial Taurus, en octubre de 2012). Es un volumen de unas 540 cuartillas, en
las que el autor nos comparte una versión "más manejable" de su tesis
doctoral defendida en la Complutense de Madrid el 12 de marzo pasado.
Grijelmo trabajó
en el diario La Voz de Castilla, la agencia Europa Press y por más de cinco
lustros, en el diario El País, para el cual publicó, en 1988, su libro de
estilo. De su obra, el volumen que mayor difusión habrá tenido en nuestro País
es el titulado "La Seducción de las Palabras", publicado en el 2000,
en el que describe, en una prosa elegantemente sencilla, la carga y la fuerza
de todas las palabras que utilizamos.
Pero si en aquel
libro el objeto de estudio fue la palabra, en esta su nueva obra, lo que
analiza es el silencio. Entre sus primeros enunciados puede leerse: "El
silencio, frente a lo que pudiera pensarse a primera vista, no forma parte del
no ser. Forma parte del ser, puede tener un contenido y adquirir un
significado. El silencio no sólo existe, sino que además transmite, comunica. Y
por lo tanto, el silencio puede mentir".
Como no niega su
origen, el libro tiene claramente enunciadas todas las partes de una
investigación académica. Cuando comparte sus tres preguntas de investigación,
el lector puede hacerse a la idea de lo que está por leer: ¿Cómo funciona el
silencio en un texto? ¿Qué hace el receptor para interpretarlo? ¿Qué
trascendencia ética tiene ese uso del silencio y qué consecuencias acarrea el
ejercicio de la omisión?
Entendida aquella
frase inicial y conociendo las preguntas, mientras uno va recorriendo sus
páginas, la advertencia de que el texto que se tiene en las manos es una
versión "más manejable", tiene sentido.
Al menos los
primeros cinco de los diez capítulos que componen la obra, tienen tan alto
contenido histórico y filosófico alrededor de lo que el silencio ha significado
en diferentes campos de la expresión humana, que si uno no se anda con cuidado
o se quiere ir con demasiada prisa, fácilmente puede caerse. Pero el esfuerzo
del autor por expresarse en términos llanos, y no por ello términos rudos, es
entrañable. Él, allá en el momento en que llenaba las hojas, hizo todo su
trabajo y el esfuerzo que pide a cambio es mínimo en comparación con lo que
tendría que hacerse de querer emprender este viaje sin guía.
Entre las muchas
virtudes del libro, se agradece que no termine en el plano filosófico o
histórico. Y no se trata de despreciar lo que sucede en esos niveles; la propuesta,
quedándose ahí, ya hubiese sido una importante contribución al estado del arte.
Pero hay, como digo, un esfuerzo por encontrar en lo cotidiano aquello ya
descrito en el recorrido realizado por el dicho de los grandes pensadores.
¿Dónde lo logra? En, al menos, dos campos: el periodismo y la impartición de
justicia.
Para el caso del
periodismo, la exposición se desarrolla a partir de las conocidas Máximas de
Grice que rigen la conversación en el lenguaje natural, cantidad, cualidad,
relevancia y claridad o modalidad. Ya con esto, el autor nos lleva de la mano
para comprender cómo, sea por la construcción de la oración, las imágenes y los
signos de puntuación utilizados o los pies de foto, puede mentirse con el
silencio.
Para el caso de
la impartición de la justicia, décimo y último capítulo, la experiencia
referida es la de los Tribunales Españoles. No por ello, creo, el lector fuera
de aquel país debe sentirse ajeno a las reglas y funciones que se exploran
pues, en muchos sentidos, el silencio incide en todos los procesos
judiciales.
Si tienes todavía
algún regalo pendiente, este libro de Grijelmo es, sin duda, una excelente
idea.
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