Este
sexenio no tiñe más que para una pálida extensión del anterior. No se hace más
que administrar la inercia.
El
pasado sexenio es recordado por un liderazgo extremadamente popular (populista,
se dice) y una administración escandalosamente deficiente. El asunto de la
megadeuda es, en muchos aspectos, efecto y causa de este peligroso binomio. ¿Y
este sexenio? Su primer aniversario está a la vuelta de la esquina y, por sus
primeros frutos, podemos ya suponer que no habrá muchas mejoras en lo
administrativo y sí una pesada merma en aquello de la popularidad.
En
diciembre, el mensaje fue que este Gobierno asumiría el costo de las decisiones
difíciles que, pudiendo no ser populares, brillarían por su eficiencia y
eficacia. Pero, en esto también, el discurso muy pronto se diluyó.
En
la práctica, este sexenio no tiñe más que para una pálida extensión del
anterior. No se hace más que administrar la inercia. Con rostro impasible, la
estrategia es decir que todo va según lo planeado aun cuando, desesperadamente,
cruzan los dedos esperando el milagro de que el barco no termine de hundirse.
En
la Secretaría de Desarrollo Social, una de las áreas más sensibles y delicadas
en toda gestión pública, pueden encontrarse ejemplos paradigmáticos de cómo a
este Gobernador se le puede cumplir a medias, trabajarle a medias, decirle
verdades a medias y, aun así (o, quizás, por eso mismo) mantenerse en el feudo.
Ya
en marzo, en este espacio, señalé los anuncios mentirosos que decían que en
Coahuila todos los programas sociales estaban siendo implementados de manera
transparente y en estricto apego a las Reglas de Operación. Eran tan
transparentes, dije, que no se veían por ningún lado. La verdad es que no
existían.
Mírese
la eficiencia de la Secretaría que hasta el octavo mes del primer año, a mediados
de esta semana, pudo por fin publicar en el Periódico Oficial sus Reglas de
Operación. Nótese la consideración que le tienen a la legalidad cuando (sin
reglas de operación) en tiempos (casualmente) electorales, estuvo distribuyendo
despensas, materiales para construcción, tarjetas y otras ayudas por, al menos,
cuatro meses y medio. Y ni así alcanzó, uff.
Y
no se piense que redactar estas Reglas de Operación les demandó demasiado
trabajo. Se trata, en realidad, de un mismo formato al que sólo adecuaron el
nombre del programa. Están hechas para que nadie las lea. Tan así es que,
incluso, omiten aspectos sustantivos que la Ley de Desarrollo Social marca,
como el caso de la evaluación externa de sus programas, que debe hacerla el
Congreso del Estado y no la Secretaría de Fiscalización, como poco les importó
afirmar.
Ahora
que eso de fijarse en las Reglas de Operación, dadas las circunstancias, es
tejer fino. Hasta en lo básico hay carencias. Toda la política social del
Estado debiera partir de la definición de lineamientos y criterios para
identificar y medir la pobreza. Este trabajo, dice la Ley estatal, debiera
desarrollarse en la Secretaría y someterlo a consideración del Congreso para su
aprobación. Pues ni ese requisito (más un asunto de forma pues qué pueden saber
los Legisladores como para aprobar o no un asunto técnico) se ha satisfecho.
El
asunto de la publicación de los padrones de beneficiarios sigue siendo una
fantasía de quienes creemos aún en la transparencia. A nivel federal y en
muchos otros Estados, no son tema complicado y la información está disponible
en Internet. Aquí, la Secretaría se compromete a su publicación, luego dice que
se le entendió mal y luego nada dice. Hay, en la Ley, mecanismos para que el
ciudadano se queje en caso de detectar omisiones o irregularidades de esta
dependencia. Valdría la pena experimentarlas, aunque dado el contexto y
conociendo la dinámica imperante, más probabilidades hay de que el olmo de
peras.
Cuando
arrancó campaña, en mayo, el ahora gobernador dijo en su primer discurso:
"Factor esencial para lograr un alto grado de competitividad es la calidad
de nuestras instituciones, en particular las gubernamentales. Requerimos, que
aseguren el cumplimiento de la ley y la aplicación de sanciones cuando éstas se
quebrantan, que presten los servicios para los que fueron creadas y que lo
hagan con eficiencia y eficacia". Era esta la visión del candidato.
Allá,
en diciembre, cuando se presentaron los programas sociales, el ahora gobernador
le dijo a la todavía Secretaria de Desarrollo Social: "le encargo que
Coahuila sonría". Teniendo en cuenta cómo ha cumplido con aquella visión
de campaña, en verdad que no le queda a uno más que sonreír. Amargamente.
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