Del texto previo publicado en este mismo espacio, tres ideas: nadie es
culpable en tanto no se le compruebe, lo que suceda en interés de los españoles
en poco o nada se relaciona con el interés de los coahuilenses, esto no se
acaba hasta que se acaba.
En las mesas de café, entre amigos, todos los juicios valen. En redes
sociales es más o menos lo mismo, pero a mayor escala. Diferente el honor de
poder expresarse a través de medios de comunicación.
Cada quien lo interpretará como mejor pueda: hubo quienes confesaron
escribir más con el corazón que con el cerebro y otros que quisieron disfrazar
con cerebro lo que salió de las vísceras. Cada quien, pero los asuntos legales
no se resuelven con anécdotas de santos o demonios.
En su descontento, habrá quien llame al desconocimiento de las reglas
que parecen hechas para atrapar peces de medio pelo o, de plano, a quienes
tuvieron la mala fortuna de enfrentar la maquinaria sin aceitarla previamente.
Pero, de nuevo, sería la víscera la que habla.
Así funciona: la inocencia se presume, quien acusa prueba.
La detención del ex gobernador en España y lo que resulte, además,
interesa a ese país y su sistema. El centro de aquella investigación no
coincide con los intereses de los coahuilenses, de los mexicanos. Lo que
acá, para muchos, pudiera ser el plato
principal, en el viejo continente apenas asunto accesorio.
Por cierto, lo que hagan las autoridades españolas no debiera
considerarse sustituto del trabajo (o su ausencia) de la autoridad nacional. Lo
mismo aplica para lo que suceda en tribunales texanos.
Acá, por cierto, en el
Legislativo local se han conformado varios colegiados sobre el tema. ¿El
resultado? El silencio. El Senador que ha traído el tema de manera consistente
ha librado su batalla prácticamente en la soledad y solo le acompañan cuando,
como ahora, había dividendos mediáticos.
Organizaciones ciudadanas (léase Colectivo de Ciudadanos por el Cambio
y Pastoral Social Diocesana, entre otros) proponen en medios y sus redes
sociales la desaparición de los Poderes o, “mínimo”, la renuncia del Gobernador
(VANGUARDIA, enero 21 de 2016). Cada
quien su lucha, pero subirse así a la ola también parece oportunismo.
Lo de España no fue consecuencia de lo poco o mucho que se ha dicho o
hecho acá. Es claro que no aporta a interés alguno de quienes vivimos en
México, pues acá ni investigación hay. Y la que hubo determinó su verdad
histórica: ni para qué buscarle.
Algún dato nuevo parece sumarse a la trama local. La Auditoría
Superior del Estado, en voz de su titular, señaló algo importante: “No.
Autoridad judicial ninguna (nos ha consultado). Salvo la autoridad legislativa”
(VANGUARDIA, enero 22 de 2016). ¿Cómo embona esto en toda la historia? Al
tiempo.
Porque esto no se acaba hasta que se acaba. Así como la cárcel no fue
sinónimo de culpabilidad, la libertad de ahora no debe entenderse en términos
absolutos.
Dicen los que saben que podría pasar mucho tiempo para que, del otro
lado del mundo, pongan punto final al expediente. Hasta entonces podrá saberse
si, en lo que les interesa allá, se encontraron o no elementos suficientes para
sostener la acusación.
Apacigüen los ánimos: nadie es culpable en tanto no se le compruebe,
lo que suceda en interés de los españoles en poco o nada se relaciona con el
interés de los coahuilenses, esto no se acaba hasta que se acaba.
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