Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 13 de enero de 2013

Yonkes, y la misma vara

¿Una buena intención justifica caminar a la orilla de la delgada línea entre lo legal y lo arbitrario?
La historia es cíclica, dicen. Los mismos sucesos envueltos en novedad. Situaciones muy parecidas, diferentes personas. 
El cierre de la tercera década del siglo pasado, en Estados Unidos, se vistió de muerte. La "Gran Depresión" hizo lo suyo, cierto. Pero más allá de las travesuras de una mano invisible llamada mercado, la promesa de campaña de Hebert Hoover, de hacer valer a toda costa la "Ley Volstead" (la prohibición del alcohol, promulgada una década antes), incrementó la temperatura y el saldo rojo.
Imposible apretar, en estas líneas, toda aquella historia. Pero a más de uno le vendrá a la cabeza el papel de Elliot Ness y sus "Intocables". Para terminar con los chicos malos, en aquella guerra declarada contra el alcohol, se emprendió una doble estrategia: o verlos como evasores fiscales o verlos como contrabandistas. El famoso agente tomó las riendas en la segunda de las vertientes. 
Las acciones de Ness, quien comenzó con un equipo de 300 agentes para quedarse (pruebas de confianza, versión siglo pasado) con nueve, fueron el detonante de la violencia. ¿Una buena intención justifica caminar a la orilla de la delgada línea entre lo legal y lo arbitrario? Los estudiosos de aquel periodo siguen sin ponerse de acuerdo sobre cómo calificar las acciones de "Los Intocables". Finalmente, sólo contra Al Capone, Ness impulsó más de cinco mil acciones por violentar la ley seca; pero fueron las poco más de veinte denuncias por evasión fiscal (donde no se conoce de alguna gota derramada de sangre) las que terminaron cumpliendo el objetivo.
Además del Saltibus, el municipio arrancó el año con los "yonkes" clausurados. Es un tema de protección civil, dicen. Todo está justificado, entonces, porque no tienen el permiso de uso de suelo en regla, les falta un extintor o no señalaron adecuadamente la salida de emergencia. ¿El detalle? Pues que la clausura se hace  empleando a grupos como  el de Reacción Operativa del Municipio, llamados Groms, o el Cobra. Desvían vehículos, cierran calles y, mientras algunos colocan los sellos de Protección Civil y la Dirección de Ecología y Desarrollo Urbano, otros vigilan el perímetro con armas largas listas para cualquier contratiempo.
Al Municipio no le motiva, oficialmente, la posibilidad de que esos negocios estén relacionados con el crimen organizado.  Pero, por la naturaleza de los operativos, al menos lo sospechará.
Así sucedió con los casinos. Así, con los bares. Y aun cuando todos estamos de acuerdo en que debe hacerse todo lo que se pueda para disminuir el peso específico de los chicos malos, la pregunta es la misma: ¿Una buena intención justifica caminar a la orilla de la delgada línea entre lo legal y lo arbitrario?
No todos los propietarios de los yonkes, creo, están al servicio del crimen organizado. Ni todos sus trabajadores estarán seducidos por el lado obscuro. Lo mismo sigo pensando de los casinos. Y si la autoridad tiene elementos contrarios a los que aprecio (los toros desde la barrera son muy diferentes, podrán decirme) ¿no hay manera de que se aplique más inteligencia en el asunto? ¿En verdad "agarrar parejo" es la táctica más fina que puede ofrecerse?
Muchas veces se ha dicho: la delincuencia se nutre con la falta de oportunidades. La clausura definitiva, y no la búsqueda de la regulación cuando aplique, podría estar cobrándole la factura a los justos y matando de risa a los pecadores. 
Hacer que se cumpla la Ley, es lo mínimo esperado de una autoridad; pero medir con distinta vara, carcome su legitimidad. La expresión paremiológica, viene en enunciado exclamativo: "o todos coludos, o todos rabones". Sin esta certeza, la actuación municipal no es muy diferente a la Inquisición. 

La historia es cíclica, dicen. Allá en Estados Unidos, años después se derogó aquella Ley, todos los actores quedaron viéndose unos a otros preguntándose  para qué, entonces, todo aquel episodio. 

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