¿Tendrá todo esto
algo de malo? Porque, en una primera aproximación, ser tan productivo pareciera
no ser malo. ¿O sí?
Lo dicho en otras
ocasiones. En Coahuila, el Ejecutivo salió muy Legislativo. A la fecha ha
presentado al Congreso no menos de 66 iniciativas de reforma.
¿Alguna opinión
al respecto? De las muchas que pudiera haber, aquí la hecha por el
Consejero Jurídico el último día del año pasado: "Hoy como nunca
antes en la historia de Coahuila se han presentado la mayor cantidad de
iniciativas de Ley o de reformas". Y eso debe ser bueno, a sus ojos. Más
mejor, dicho sea para estar a tono. Pero claro, no puede opinar otra
cosa.
Tan productivo
legislador salió quien debiera ser administrador, que hasta en su mensaje de
inicio de año, el todavía gobernador reafirmó el cumplimiento de una de sus
primeras promesas de campaña, que se presentará el texto de una nueva
Constitución. Normas por aquí y por allá.
¿Tendrá todo esto
algo de malo? Porque, en una primera aproximación, ser tan productivo pareciera
no ser malo. ¿O sí?
A cuenta un par
de frases sobre la productividad legislativa. Fueron dichas en marzo de 2011
por el entonces Presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado. El
Congreso, dijo, no es una empresa "que haga licuadoras, automóviles (.)
aquí en el Congreso no estamos en una empresa de este estilo, aquí es un
trabajo eminentemente político". [por eso]. "no es posible estar cambiando
eso porque la productividad te lo demanda, no se trata de quien presentó más
(leyes), sino cuál es la más importante y de relevancia, con consecuencias
positivas. Es un proceso humano no un sistema de producción". Pero los
tiempos cambian, y seguramente estas opiniones también.
En la actual
Legislatura, sin embargo, algunos legisladores estarán de acuerdo con el
anterior Líder. Seguramente los del PRI a quienes, se nota, la productividad no
les quita el sueño. En lo que va de la Legislatura, la mitad de ella para cerrar
la cifra, han presentado apenas una decena de iniciativas. Una sexta parte de
lo que ha presentado el gobernador, menos de la mitad de lo hecho por los de
oposición.
Y es que allá, en
el Palacio Rosa, se legisla a destajo, es decir, sin descanso. Pero eso no
siempre es bueno. A destajo, como se sabe, también significa "aproximado,
sin cálculo previo". Da la impresión de que alguien, dentro del área que
maquila iniciativas, quiere justificar su trabajo. Por eso trabajará basado en
números, sin importar lo inútiles o inoperantes que resultarán las
propuestas.
¿Ejemplos?
Varios. En este mismo espacio, el pasado 9 de septiembre, se publicó
"Gobernar en la ignorancia o por malicia". Se señaló sobre una
iniciativa del Ejecutivo en materia de transparencia que, cuando anunciaba como
"novedad" la de incorporación de la Auditoría Superior del Estado
como sujeto obligado, confesaba ignorancia. También se señaló ahí sobre la
"novedosa" obligación que tendrían los fondos y fideicomisos públicos
de proveer información pública mínima. ¿El detalle? Pues que esa información no
estará disponible sino hasta pasado de uno a dos años posteriores a la
publicación de la reforma. Y, la cereza del pastel, el artículo tercero
transitorio, cuando se trate de información sobre fideicomisos públicos:
"La obligación comprende aquella (información) generada a partir de la
fecha en que entre en vigor, no estando obligados a entregar aquella generada
con anterioridad al inicio su vigencia". Lo inútil, no inoperante, la simulación.
De lo último: se
propuso elevar, a rango constitucional, a la Comisión de Arbitraje Médico como
organismo autónomo. Una novedad, dicen; de las primeras en su tipo, aseguran.
Pero, aunque en el discurso suena genial ¿en verdad mejorará en algo la calidad
de las decisiones con el hecho de llevar la figura a la Constitución?
En el entramado
normativo que se querrá borrar, la Comisión de Arbitraje Médico es un organismo
público descentralizado con patrimonio y personalidad jurídica propia. La
autonomía técnica en las decisiones de la actual Comisión de Arbitraje Médico,
ya estaba establecida en la Ley que existe desde 2004. Si, en todo caso,
hubiera duda de la calidad u objetividad de sus resoluciones ¿no bastaba con
que el Ejecutivo le "apretara -como se dice- las tuercas"?
Pero, además, si
ya pronto habrá una nueva Constitución ¿cuál fue la prisa? ¿No podían esperar
un par de meses? Hacer un trabajo consistente y coordinado ¿O será que entre
ellos no se hablan?
Como que cada
quien anda haciendo lo que cree es lo correcto. Pero no hay visión en conjunto,
o compartida o de Estado. Nada.
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