Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 28 de octubre de 2012

Postal desde Charleston 5

El "Querrier Diner" es el primer restaurante inaugurado después de la Segunda Guerra Mundial, acá en la capital de Virginia de Occidente.
Allá, por 1946, el "American Restaurant Magazine" patrocinó la publicación de un número especial dedicado a explicar sus (hasta entonces poco conocidas) estufas a gas, sus modernos electrodomésticos, su edificio con grandes ventanales erigido por la emblemática firma "Kuhn Construction Co.", bajo las órdenes de los visionarios Hermanos Young, según los planos del arquitecto Glenn C. Hancock. Un ícono de la modernidad de la mitad del siglo pasado. 
Para mi fortuna, se conserva como en aquel entonces, la comida es deliciosa y queda a un par de cuadras de donde laboro. La vida, al momento del "lunch", es bella.
Acá, lo más significativo es que la estampa ha conservado sus colores originales por razones genuinas: no se trata de un truco para atraer turistas; sencillamente sucedió. En las mismas mesas, los mismos comensales y el tiempo que no pasa o lo hace sin prisas. Quien llega a los almuerzos del "Querrier Diner", lo hace para quedarse a envejecer. La clientela se transmite por generaciones y tiene árbol genealógico propio. Mas forzados por la vida que por decisión propia, somos pocos los que vamos de paso.
Piso con patrón de ajedrez, percha al lado de cada mesa, barra lateral frente a las estufas, asientos de piel color vino. Una instantánea que capturó ese episodio de la postguerra. Fotografía que se resiste a cambiar y cuyo involuntario esfuerzo, aunque por distintas razones, agradecemos todos sus clientes.
Hay, sin embargo, algunos detalles que nos recuerdan que, fuera de esas puertas, la vida avanzó. El ejemplo perfecto lo regaló Leslie, cajera habitual, el martes pasado.
Con agradable sonrisa, como todos los días, Leslie recibía a sus clientes; la obvia variación se encontraba en su amoratado ojo izquierdo. Imposible no percatarse. Pero ella actuaba como si nada y yo, tragándome la sorpresa, correspondí de igual manera. Y no era el único: sentado en la barra y esperando la orden, viendo por el espejo frente de mí, me cercioré de que nadie preguntaba o se sorprendía o se perturbaba con semejante manchón sobre piel tan clara. Un asunto cultural, pensé: no meterse donde no te llaman y que el mundo siga, es parte del estereotipo más rancio del "american way".
Pero no pude dejar de involucrarme. Detrás de ese ojo inflamado, imaginé había una terrible historia de machismo con olor a dólar del que no estaba dispuesto a ser cómplice por omisión. Algún teléfono o correo electrónico habría para denunciar el asunto. 
Alistando lo que pensé terminaría siendo tremendo expediente, pregunté a Liv, mesera y hermana de la afectada. Soltando risotadas, fulminó mi carrera de servidor social: aquella lesión es consecuencia de las clases de artes marciales a las que Leslie asiste tres veces por semana... tiene, al hombro, varios campeonatos estatales y, por algún tiempo, resultó aspirante a las olimpiadas, me dijo. Así que ni pensar que el novio, con quien tiene cuatro años viviendo, pueda ponerle un dedo encima. O bien, si lo hace, llevaría las de perder. 
Mas o menos así la historia de ese ojo morado que rompió la tranquilidad (la mía, al menos) de un lugar donde ni el tiempo pasa.
En una atmósfera de mitades del siglo pasado, una experta taekwandoín. Un exacto equilibrio entre pasado y presente que solo puede suceder en el centro de una ciudad que ya comienzo a sentir como propia... justamente cuando ando haciendo maletas para irme a Washington y atender asuntos relacionados con la responsabilidad que me encomendaron en Virginia de Occidente.
Por cierto. Cuando supo sobre mi viaje a esta parte del planeta, don Jesús R. Cedillo me pidió coleccionar, a su salud, una experiencia: pescar en río. Con algo de suerte, y si el clima lo permite, este fin de semana estaré con el agua hasta las rodillas intentándolo. 
Cinco semanas alejado de Coahuila. Vaya que fuera del "Querrier Diner", el tiempo pasa rápido, y así la vida.
Ya los pondré al tanto. Desde acá, mando saludos.


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