Acá
en Virginia del Occidente, Estados Unidos, no ubican la violencia como un tema
central en México; por el contrario, conocen a la perfección los principales
destinos turísticos y hasta platican de sus planes de pronto organizarse una
visita.
Al
menos con quienes he platicado, no preguntan (como sí sucedió en el Perú y
Ecuador, el año pasado), sobre los muertos o el narcotráfico. Ellos quieren
escuchar sobre las costumbres, la historia y los platillos típicos. Vaya
agradable sorpresa: Quizás, después de todo y sin restarle la necesaria
importancia al asunto, hay mucho por hacer en temas de promoción económica y
atracción del turismo.
Para
no ir más lejos, el motor económico de la zona donde me encuentro es el carbón
mineral. Acá, si alguna diferencia encuentro con Coahuila y nuestra región, se
observan altas medidas de seguridad a favor del minero.
¿Por
qué no beneficiarse del conocimiento de este estado norteamericano? Si no hace
mucho, hasta viajaron al lejano oriente para promocionar la explotación de las
minas, ¿Por qué no viajar más cerca para cuidar al minero?
Mucho
por hacer promocionando al Estado. Coahuila, por cierto, no figura en las
agendas turísticas de aquellos con quienes he platicado. Y no es que mi
experiencia sea estadísticamente representativa, pero, cuánto gusto daría
escuchar, por estas tierras ajenas, sobre planes para visitar las propias. Ando
haciendo mi luchita, a ver si convenzo a dos o tres.
Desde
acá, todo se ve diferente. Por eso dicen que los viajes ilustran: nos obligan a
recordar que debemos levantar la cabeza y dejar de vernos el ombligo...
levantar la cabeza y mirar al horizonte, para darnos cuenta de que no todo el
mundo gira sobre los mismos temas y hay otras muchas agendas que pueden y deben
explorarse.
Allá
en Saltillo, para fortuna de todos, hay un destacado ejemplo de esto que
comento: Luis Efrén Ríos Vega quien, por algunos años y debido a los vaivenes
de la vida, debió hacer de su inteligencia su única morada.
Anduvo
por España refinando los conocimientos que adquirió en la Facultad de
Jurisprudencia y puso a prueba en su oficina de Palacio de Gobierno. Después de
una destacada carrera dentro del sector público, se forjó un aún más brillante
nombre en la academia. Lo hizo afuera: lejos del terreno conocido, lejos de
todo manto protector. La perseverancia y el talento; espada y escudo. Como
dicen, lo que no destruye te fortalece.
Me
siento afortunado por conocerlo desde hace unos diez años. Fue mi maestro en la
materia Filosofía del Derecho, en aquellos tiempos de licenciatura. Cuando,
para el cierre de la carrera, un grupo de estudiantes quisimos explorar la
alternativa de escribir una tesis como requisito para la titulación, fue el
único profesor que dio un paso adelante y se ofreció a enseñarnos los
pormenores de la investigación. Nos dio su tiempo sin pedir o esperar algo a
cambio; sólo por el gusto, imagino, de contribuir con su Facultad. Ya después,
por razones académicas, nos hemos vuelto a encontrar y hasta redactado un par
de cosas juntos, lo cual, nuevamente, tiene un tremendo significado para quien
esto escribe.
Exploró
otras agendas allende las fronteras y ahora quiere, puede y lo dejan construir
a favor de nuestra comunidad.
A
los pocos meses de haber regresado a su ciudad (rechazó, hay que decirlo,
oportunidades fuera de su tierra) fundó el Centro de Derechos Políticos
(CEDEPOL), y desde esa trinchera ha organizado un sinnúmero de seminarios
internacionales, coordinado varios libros, invitado más de 60 profesores
extranjeros, ha desarrollado nuevas relaciones institucionales con la FAO, la
ONU, el TEPJF y varias universidades europeas (la Carlos III y la Siena,
principalmente).
Levantar
la cabeza y dejar de vernos el ombligo. Ahí la clave y aquí un ejemplo: Luis
Efrén. Buenos momentos tendrá mi maestro.
Mientras
tanto, acá se organizó el primer debate presidencial. Hubo, al menos, dos
sorpresas: los candidatos no respetaron el formato preestablecido (lo cual fue
agradecido por la audiencia, pues el asunto se puso interesante) y el ganador,
según las encuestas y contrario a lo esperado, fue Mitt Romney.
Como
en cualquier lado, los debates difícilmente cambian al votante ya decidido;
fue, sin embargo, un buen momento para que el Republicano aclarara cosas que
venía arrastrando en su campaña. Y, quién sabe, en una de esas, hasta el
triunfo se le escapa al hasta hace poco invulnerable Obama.
Desde
Charleston, WV, un saludo.
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