Sobre el proyecto...

Archivo de las colaboraciones publicadas semanalmente en VANGUARDIA (Saltillo, México) en el espacio "En la Agenda" sobre lo que se observa en gobiernos subnacionales... Porque no se trata de un solo gobierno: son los mismos detalles que se ven por todos lados. Lo que lee pudiera ser de cualquier gobierno... o un gobierno cualquiera.

domingo, 21 de octubre de 2012

Postal desde Charleston 4

Resulta que entre las personas con las que he convivido hay un guatemalteco, es algo así como una estrella bailando tango. El tango, como se sabrá, es un género musical tradicional en Argentina (y Uruguay, algunos agregan). Apenas se supo, al amigo no dejaron de lloverle propuestas para que, en estas semanas que nos quedan, sea el profesor y les enseñe un par de pasos.
Frente a donde he vivido en las últimas semanas, vive una argentina que se casó con un peruano y se vino a vivir a Virginia de Occidente hace más de cuarenta años. Cuando se enteró de la existencia del bailador, se ofreció a encontrar la música perfecta y compartirla con el grupo. Y así lo hizo. O casi. Resulta que la señora (tendrá unos setenta años) envió algunos videos de Lucero Tena, excepcional bailarina del flamenco que es, como se sabrá, un estilo de música y danza de Andalucía, comunidad autónoma de España. Y, como si fuera poco este nudo, resulta que esta excepcional expositora del arte andaluz, no es de España, sino de México. De Durango, para ser más preciso.
Y, a todo esto, ¿Cómo fue que un guatemalteco se convirtió en experto bailarín de un ritmo argentino? La historia, parece, se remonta a la juventud de sus padres quienes, por razones comerciales, viajaron tanto a Argentina que él, prácticamente nació a ese ritmo. O algo así.
Así de pequeño es el mundo. Entiendo que, para el tiempo en que deba despedirme de mis nuevos amigos, es poco probable que alguno pueda estar anotado en el programa "Dancing with the Stars" ejecutándose alguna pieza de Carlos Gardel o Astor Piazzolla. Pero los reflectores son lo de menos.
Acá, en tan solo algunas semanas, un grupo heterogéneo puede integrarse y buscar hacer algo en común. Es, creo, mucho a lo que está acostumbrada una comunidad en donde hay de todos colores y procedencias. Claro que de todo hay, pero así las cosas.
A fin de cuentas, no somos más que personas viviendo bajo el mismo cielo. Compartimos un espacio y un tiempo y tenemos las mismas preocupaciones. Y esto se extiende a la comunidad y al mundo, sin exagerar.
En Charleston, por ejemplo, se está viviendo un proceso para rescatar su centro, su "downtown" como le dicen. En algún momento, hace años, a la comunidad dejó de importarle lo que pasara en ese cuadro de la ciudad y, poco a poco, se convirtió en un espacio lleno de edificios abandonados y un nido de delincuentes. Ahora, se ha conformado un patronato (gobierno, iniciativa privada, artistas, todos de la mano) y se han dado a la tarea de organizar eventos culturales, recuperar espacios públicos y reactivar la actividad económica. ¿Suena familiar? Con algunas variantes, a mi me recordó "La calle cobra vida" de Saltillo. ¿Cómo explicar que, en dos lugares tan distantes, pueden estarse viviendo procesos similares? Finalmente, repito, somos personas y vivimos bajo el mismo cielo.
Algo similar me ocurrió el año pasado, en la capital de Perú. El déjà vú de las políticas públicas. Cuál no sería mi sorpresa al ver, en domingo por la mañana, una "Ruta Recreativa" cruzando sus principales avenidas. Y ni al caso regatear la originalidad de la idea. Poco sirve saber quién fue el primero que hizo qué o cuál ruta es más extensa, o más ancha, o más concurrida. Al fin de cuentas, cada ciudad tiene la propia y les ha servido.
Acá, en la capital de Virginia de Occidente, ya encontraron qué hacer con las columnas que sostienen los puentes, esos espacios muertos. Dentro de un programa de arte público (para más referencia, visitar http://publicartcharleston.org/) los artistas con propuesta se expresan.
Total que ahora, esos espacios son parte de una colección de unas sesenta piezas de arte público debidamente catalogadas y editadas en un pequeño volumen que se entrega a propios y visitantes y que, de paso, contribuye a la estrategia turística y comercial de la localidad. Un proyecto redondo ejecutado sin mucho aspaviento.
Somos personas y vivimos bajo el mismo techo. En términos generales, compartimos los mismos intereses y vemos, con agrado y agradecimiento, las propuestas honestas que pretenden hacer de nuestro entorno un mejor lugar para vivir. La honestidad, une.
Por eso duele cuando se anuncia una nueva constitución que, se dice, viene a fortalecer, entre otros aspectos, la transparencia. Pero resulta que no se sabe (ni se sabrá) cuánto costó, ni a quién se le pagó, ni si realmente se necesitaba todo ese circo.

O si hubiese sido mejor, por ejemplo, usar ese dinero para nuestros artistas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario