Los
políticos son tan falibles como cualquier otra persona, pero difícilmente lo
aceptan pues el poder los vuelve ciegos y los nutre con aduladores a tiempo
completo. Esto sucede, según parece, en todo el mundo.
De
la pluma que hace unos treinta años despeñó la carrera del entonces presidente
Nixon, Bob Woodward, ha comenzado a circular el libro "The Price of
Politics", una crónica insuperable que explora las muchas razones que
pusieron al gobierno de Barack Obama entre la espada y la pared pues, para
decirlo rápido, no pudo manejar su endeudamiento.
Periodismo
de investigación, el libro cuenta más de 400 cuartillas que sistematizan horas
de entrevistas y largas jornadas de trabajo documental; es publicado bajo el
sello editorial de Simon&Schuster.
Como
si se tratase de una novela, narra la relación entre la administración de Obama
y el Congreso y entre ellos y la iniciativa privada y otros grupos de presión.
El tejido fino que desarrolla el autor (dos veces ganador del Pulitzer) gira en
torno de los 44 días que, durante el verano del año pasado, pusieron a Estados
Unidos al filo de la quiebra. Narra los orígenes del gobierno, de la soberbia
en la que germinaron las primeras decisiones (Obama pensaba que podía hacerlo
todo solo, los resultados en las urnas lo respaldaban, según decía) y la manera
en que el Premio Nobel se iba aislando, rodeado de aduladores y personas que no
resolvían los asuntos importantes.
En
Estados Unidos, como en muchos otros lados, la transparencia es tema
importante. También, como en muchos otros lados, hay mucho camino por avanzar y
promesas por cumplir. De eso da cuenta el autor.
Una
de las muchas anécdotas reconstruidas en este libro, a manera de ejemplo: Uno
de los primeros desencuentros de Obama, ya como presidente, con el sector
privado encarnó en la persona de Ivan Seidenberg, CEO de Verizon.
Después
de varios sinsabores que el empresario sufrió por la indiferencia del
Presidente (consecuencia esto del bajísimo nivel profesional de quienes le
rodearon y porque él no quiso ser orientado), publicó una serie de
recomendaciones de lo que, desde su punto de vista, debía hacer Obama. La Casa
Blanca lo tomó como un atrevimiento (¿Quién se había creído Seidenberg para
recomendarle algo al Presidente?).Después, en conferencia de prensa, diría que
parecía que Obama ya estaba aprendiendo a ser presidente (¡otro atrevimiento!
Nadie sabe más que el Presidente, dijeron). Cuando trataron de llamarle la atención,
Seidenberg fue muy claro: "nosotros estaremos aquí -le dijo a la
interlocutora enviada por la Casa Blanca--cuando ustedes ya se hayan ido; deben
entender que toda su agenda progresista y todos estos momentos que anuncian
como únicos e históricos se pueden perder solo porque personas como yo hemos
decido sentarnos y esperar a que ustedes estén fuera". La traducción hecha
es más o menos directa del inglés.
Señala lo que todo político olvida: ellos van de paso. Todos los demás, los ciudadanos, siempre estarán (estaremos) ahí: y el desprecio de la soberbia del político suele y debe ser castigado con la indiferencia e incredulidad del ciudadano. Basta con que nos hagamos a un lado, para que no puedan ni apachurrar un tomate sentándose sobre él.
Señala lo que todo político olvida: ellos van de paso. Todos los demás, los ciudadanos, siempre estarán (estaremos) ahí: y el desprecio de la soberbia del político suele y debe ser castigado con la indiferencia e incredulidad del ciudadano. Basta con que nos hagamos a un lado, para que no puedan ni apachurrar un tomate sentándose sobre él.
Las
expectativas generadas sobre la administración Obama, pronto se convirtieron en
desencanto. Poco a poco,
relata Woodward, Obama se fue quedando solo: "When you need friends, it's
too late to make them", nos dice Woodward. Llegó el momento
en que el Presidente estaba rodeado de personas que no podían ejecutar ni una
sola instrucción, la administración se caía en pedazos. Que escuche quien tenga
oídos.
En
política no hay soluciones perfectas, ni recetas. Pero una cosa es segura:
quien se rodea de enanos, podrá sentirse un gigante. Pero lo será de mentiras,
con pies de barro. La política no parece tan diferente de este lado del Río
Bravo. ¿Habrá reelección? Algunos dicen que sí: el candidato opositor parece tan malo, que
las pifias del actual pueden fácilmente olvidarse.
En un mes, más o menos, lo sabremos.
Estaré
en Charleston, capital de Virginia de Occidente Estados Unidos, colaborando en
la construcción del Plan Maestro del "West Virginia Higher Education
Policy Commission". Si me honra con el favor de su lectura, en las
próximas semanas, desde acá estaré enviando algunas postales.
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