A
un año de la megadeuda, nadie ha podido ni querido dar una explicación
En
cuanto a la transparencia, hace tiempo que en Coahuila el problema no está en
sus leyes.
No
solo en la particular de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales,
sino en otras muchas leyes cuyo contenido está relacionado con la transparencia
y el combate a la corrupción (la Constitución a la cabeza), Coahuila se
encuentra a la vanguardia. Donde el asunto no ha cuajado es, precisamente,
fuera del papel y la tinta.
Todavía
hoy, a más de un año en que el asunto de la megadeuda robó plana, nadie ha
podido (ni querido) explicar dónde se aplicó el recurso: ni el debido, ni la
totalidad del flujo financiero de todo un sexenio, y una serie de contratos de
deuda a corto plazo, que no explotaron en la cara, por el que se pagaron
altísimos intereses y de los que poco, hasta ahora, se sabe. Así las cosas,
podrá reformarse la Constitución y jurarse un compromiso con la transparencia,
pero no es más que un truco propagandístico.
Quien con el pie izquierdo inicia, así termina
o tropieza. En esto, el borrón y cuenta nueva no aplica. Las escaleras se
barren de arriba hacia abajo, y quien busque edificar con bases sólidas debe,
primero, limpiar el terreno.
A
cuenta todo esto para tener la memoria fresca pues, hace algunos días, el
Gobierno del Estado publicó tres acuerdos que crean igual número de Comités a
manera de órganos de apoyo de la Administración Fiscal General. Se trata de las
instancias que toman tres decisiones importantes en el manejo del ingreso
público: primera, quiénes pueden pagar sus contribuciones en especie, con
bienes y/o servicios; segunda, a quiénes y por qué montos se condonarán multas
por contribuciones no pagadas en tiempo y forma; tercera, a dónde irán a parar
los bienes de comercio exterior que hayan sido embargados precautoriamente.
Los tres acuerdos son dignos productos de lo
que parece ya la costumbre de esta administración: un cúmulo de erratas e
imprecisiones, consecuencia de un trabajo poco cuidado y de baja calidad. Y eso
que no son más que la copia de los mismos Comités creados, precisamente, cuando
lo de la deuda estalló en 2011.
A
un lado esto, lo importante aquí es que el demonio está en los detalles.
Mientras que la conformación de un Comité debiera enriquecer la toma de
decisiones (gracias a la pluralidad de sus componentes), en la práctica y en
nuestra historia, no ha servido sino para diluir la responsabilidad. Además, en
la manera en que fueron diseñados, las decisiones de los tres Comités
disfrutan, por así decirlo, de un velo de opacidad.
El octavo lineamiento de cada uno de los tres
acuerdos establece que será en un libro donde el Secretario Técnico consignará
los acuerdos tomados, y agrega que "dicho libro lo deberá conservar
debidamente resguardado". ¿Y la transparencia? Y podrán decir que todas
las decisiones que ahí se tomen podrían conocerse a través de una solicitud de
información. Pero lo dudo. Además, resulta engorroso y disuasivo tener que
estar, mes tras mes, presentando solicitudes para ver qué nueva información
hay.
Para
decirlo rápido, bajo el velo de la opacidad, a través de un esquema donde todos
toman la decisión y, por lo mismo, nadie es el responsable, estos tres Comités
podrían servir para tratar muy bien a los amigos y de manera injusta a quienes
no comulguen y se arrodillen. ¿Pues no que mucho compromiso con la
transparencia?
El asunto fue puesto sobre la mesa el viernes
pasado, en sesión del Congreso del Estado. Como de costumbre, la mayoría no
quiso entrarle al debate y se decidió mandar el asunto a la congeladora. Ahí
espera el olvido.
En Coahuila, las leyes de transparencia podrán
estar a la vanguardia; la voluntad política para conducirse conforme a sus
principios, sin embargo, en la retaguardia.
Cómo
andaremos cuando el tema ha trascendido ya tres administraciones sin que,a la
fecha,alguien cumpla a cabalidad con la publicación de la llamada
"información mínima". Ni lo mínimo se cumple. Ni se cumple, ni hay
voluntad para que se cumpla.
El
Instituto de Acceso a la Información, ICAI, todavía hace sus reportes con un
instrumento concebido como transitorio, hecho mientras el tema avanzaba. En las
leyes puede redactarse lo que se quiera, en la práctica es donde no se hace el
trabajo.
Por cierto, sobre la opacidad en los Comités,
la ausencia de reacción de parte de la instancia que debiera andar en esto, el
ICAI, a nadie sorprende. Ahí, la noche parece eterna
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