Cuando
el gobernador anuncia que en su administración pronto se informará,
diariamente, sobre los ingresos y los egresos (VANGUARDIA, septiembre 7 de
2012), es impreciso y exagerado.
Y
así se le fue una sexta parte de lo que podría ser su gobierno. Administrando
entre imprecisiones, tapando huecos, anunciando que las cosas cambiarán pasado
mañana. ¿Por qué las inconsistencias?, ¿será porque carece de datos e
información confiable, o no es más que la necesaria consecuencia del lobo que
quiere ser visto con piel de oveja? Finalmente, la imprecisión y la
exageración, en conjunto, son una manera de mentir.
Desde
la campaña, este gobierno ha jurado ser un convencido de la transparencia.
Abultadas iniciativas ha presentado al respecto y el tema aparece en sus
discursos hasta el abuso. Pero, ni en la realidad ni en el papel, la evidencia
respalda el dicho.
Esta
semana, en el Congreso, se aprobaron diversas reformas (propuestas, desde mayo,
por el gobernador) a la Ley de Acceso a la Información Pública. Se ha querido
destacar, como plato principal, aquello de que el Instituto para la
transparencia (ICAI) podrá imponer multas a los funcionarios incumplidos. Pero
el tema tiene muchas otras aristas y, como apenas se dijo en este espacio la
semana pasada, el demonio se esconde en los detalles.
Algunas
joyas del flamante documento:
Una
de las "novedades" de la iniciativa fue la de incorporar a la
Auditoría Superior del Estado como sujeto obligado. ¿El detalle? Pues que la
Auditoría Superior es sujeto obligado desde hace unos siete u ocho años, cuando
el tema fue legislado en Coahuila. El gobernador lo propone como una novedad,
pero basta con visitar la página de la Auditoría (www.asecoahuila.gob.mx) para darse cuenta.
Da miedo pensar que el más profesional equipo de asesores que el Gobierno pudo
pagar para hacerle su iniciativa, sea ignorante. y, finalmente, quien firma la
iniciativa es el gobernador. Pero ¿será que lo ignoran o se hacen los que no
saben?
Otra
novedad recién aprobada (legitimada, pues) por los legisladores, se refiere a
la obligación que tendrán los fondos y fideicomisos públicos de proveer
información pública mínima. ¿El detalle? Pues que esa información no estará
disponible sino hasta pasados 365 y hasta 730 días naturales posteriores a la
publicación de la reforma. Y, la cereza del pastel, léase el artículo tercero
transitorio, cuando se trate de información sobre fideicomisos públicos:
"La obligación comprende aquella (información) generada a partir de la
fecha en que entre en vigor, no estando obligados a entregar aquella generada
con anterioridad al inicio su vigencia." En otras palabras, el gobierno
tiene otros dos años para hacer lo que quiera a través de fideicomisos sin que
podamos conocer los movimientos. El candado de este transitorio, por cierto,
protege todo lo de la megadeuda. Aquí no parece caber la ignorancia, sino la
malicia.
Por
esto, cuando el Gobernador anuncia que en su administración pronto se
informará, diariamente, sobre los ingresos y los egresos, es impreciso y
exagerado. Podrá saturarnos de balances y hojas de cálculo, pero al menos por
los próximos dos años faltará una importante rebanada al pastel: los fondos y
fideicomisos públicos.
Además,
quienes ven como un avance aquello de que el Instituto para la transparencia
pueda multar a los funcionarios incumplidos, pudieran pasar por alto que no es
sino un mecanismo para lavarse las manos: "quien debe sancionar es el
ICAI, no yo", dirá el gobierno, y el Instituto asumirá su incómoda
posición de sparring. Así la aplicaron con la muy anunciada transparencia para
los sindicatos: el gobernador lo propuso, pero fue (casualmente) el único lugar
donde la mayoría quiso meterle mano y dejar el tema para después. "yo
propuse, pero los diputados dispusieron", diría el gobierno y que sea el
Congreso el sparring.
Tan
revuelta el agua, lo único que parece claro es esto: los tres lemas utilizados
hasta hoy en el Gobierno de Coahuila (muchos en poco tiempo) no son más que el
cumplimiento de aquél viejo adagio, "dime de qué presumes y te diré de qué
careces".
Cuando
la violencia estallaba en las calles, decían "Aquí se sonríe". Se
pasó, luego, al lema "El Gobierno de todos", pero un mensaje tan incluyente
en un gobierno de tan pocos, hasta parecía la mala broma de alguien con un
negro sentido del humor. Ahora usan "Una nueva forma de gobernar". Y,
en realidad, son las mismas personas y las mismas costumbres (menos carisma a
la cabeza, dirán algunos) que terminaron hundiendo en fango al Estado y
endeudándolo por las siguientes tres décadas. A como van, dentro de tres meses
cambiarán al siguiente lema: "El mejor gobierno de México". Pero, ya
se sabe: dime de qué presumes…
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