Las
ocurrencias estrangulan a las administraciones públicas.
Como el
mago que quiere sorprender apareciendo de su sombrero una paloma, desde hace
algunos días, desde lo más alto del Ejecutivo, se ha manejado la posibilidad de
crear una Secretaría de la Juventud.
Con
tantos frentes por atender, ¿de dónde viene esta idea? Del Plan que nació para
ser ignorado, el de Desarrollo, no. Se ha señalado reiteradamente: este Plan no
fue sino un documento para cumplir el requisito. Y es una lástima, pues debía
ser la piedra fundamental de una administración que, en el discurso, se decía
con visión a futuro y ajena de la improvisación. En fin.
Sigue la
pregunta, ¿una Secretaría específica para la Juventud? O parte de la ignorancia
de lo que ya se tiene, o de la falta de voluntad para hacer que quienes ocupan
el puesto hagan su chamba, o de la necesidad de inventarse, para alguien, un
premio de consolación. Ninguna de estas alternativas es mejor que las
otras.
Pensar
que con una Secretaría se incrementará la atención en un tema o más pronto se
resolverá algún problema, es trabajar como hace cuarenta años. De hecho,
el sistema nacional actual de Institutos de Juventud (junto con el de las
mujeres y los adultos mayores) son una propuesta que pretendía dejar atrás el
modelo burocrático tradicional. La "transversalidad" con la que deben
impregnar su trabajo, surge de la idea del manejo eficiente de los recursos: en
ningún lado hay tanto dinero como para hacer Secretarías en todos los temas y
por eso se generaron Institutos cuya tarea debe ser la elaboración de
lineamientos y planes de trabajo, acatados por todos.
Inventarse
Secretarías no es la solución. Más pronto que tarde, el remedio costará más que
el problema. Y no importa que a la propuesta se le ha señalado un requisito:
que se trabaje con lo que hay, sin la contratación de más burócratas. Esto, y
no la paloma del sombrero, será la magia.
Cuestionado
al respecto, el legislador más joven (quien, por casualidad, se ha dado a la
tarea de llevar a buen puerto la ocurrencia) le ha dicho a los medios:
"Creo que el mismo número de trabajadores no me queda la más mínima duda
de que se puede, el punto es el presupuesto, porque una secretaría a lo mejor
traería la implementación de programas más amplios y para eso se necesita mayor
número de recursos" (VANGUARDIA, junio 21). Cuando reina la improvisación,
la visión no alcanza más allá de centrarse en el presupuesto. Si el problema
está ahí, en todo caso, ¿por qué no destinarle más al Icojuve?
Eso de
trabajar con lo que hay, además, sólo generará reacomodos y un Secretaría llena
de personas sin experiencia en el tema, aprendiendo en el error, experimentando
con cargo al magro presupuesto coahuilense. Lo dicho: más pronto que tarde,
costará más.
Al caso,
un par de datos conocidos esta semana. El primero, que de septiembre a la fecha
se ha prescindido de algo así como 2 mil 100 burócratas coahuilenses, lo que
significará un "ahorro" de hasta 450 millones de pesos; el segundo,
los agricultores de nuestro campo que quieran beneficiarse del programa CADENA
para mitigar los efectos de la sequía en sus tierras, deben primero aportar un
"enganche" para saciar otra sequía, la de las arcas del Gobierno del
Estado.
¿Cómo
llegaron a la nómina 2 mil 100 burócratas de los que ahora se puede
prescindir? ¿Cuáles fueron los criterios para decir quién se fue y quién
se quedó? La llegada de tanto burócrata que ahora no están, seguramente, fue el
producto de un manejo irresponsable de los recursos públicos. Y la culpa no la
tienen los ahora más de dos mil desempleados, sino quien los hizo sus
compadres. Estructuras tan pesadas, casadas con el egreso fijo del gasto
corriente, no pueden reaccionar cuando viene un imponderable (como la sequía o
algún desastre minero) y, al final, todos salen perdiendo.
Este par
de datos y la sorpresiva idea de una nueva Secretaría, pintan de cuerpo
completo a la actual administración: 2 mil 100 burócratas menos por una
austeridad obligada por la deuda, sin recursos para el campo en lo más básico.
Y, aun así, con la ocurrencia de nuevas Secretarías.
Muy corta
la visión. Los estadistas han de andar de vacaciones.
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