En
lo local, por fin se efectuaron dos debates electorales.
Eso de "debates", por cierto, es un
decir. Dejando a un lado la de por sí preocupante falta de originalidad en las
propuestas, salvo honrosas excepciones, la participación de candidatas y candidatos
se redujo a mal-leer tarjetas y mal-representar un guion teatral preparado tras
bambalinas. Ese es el nivel de la crema y nata de la clase política comarcana,
síntoma de la ausencia de una competencia real.
Pero
de todo, en el balance entre lo malo y lo bueno (que también lo hubo), un hecho
se lleva los reflectores: prácticamente al cierre del evento del martes, un par
de (ahora se sabe) jóvenes estudiantes y simpatizantes del PRI, desplegaron una
calumniosa manta contra la candidata del PAN provocando el cierre anticipado
del debate.
¿Por
qué agredir a la candidata del PAN? ¿Para qué reventar el evento? ¿Quién ganó
con la interrupción o qué se quería demostrar?
Mientras
que en el discurso partidista (desde las más altas esferas) hay llamados a la civilidad
y a no caer en provocaciones, aquí, en el extremo opuesto, se ha optado por
provocar y participar en actos violentos. Y en esto, imposible olvidar los
manifestantes agredidos a las afueras de dos eventos de Partido durante la
visita de su candidato presidencial. De aquella experiencia, por cierto, en
redes sociales puede encontrarse evidencia de que, entre los agresores, se
encuentran las mismas personas, unas mujeres. ¿Se tratará de un grupo femenino
de choque o fue una simple casualidad?
Frente
a este par de sinsabores ¿quién es responsable?
Aun
cuando, como se ha dicho, se trate de actos y actitudes personales y no del
acatamiento de una orden de alguien dentro del Partido, una situación parece
clara: estos rudos y rudas de la democracia deben considerar que alguien, en el
ambiente en el que se desarrollan, estará complacido y que, finalmente, el
premio o reconocimiento por recibir superará el castigo. O, para decirlo
rápido: la ausencia de sanción ejemplar de parte de alguien en el Partido es otra
manera de alentar estas y otras actitudes personales antidemocráticas.
Y
por sanción me refiero al repudio claro, al deslinde indubitable, a una postura
firme que diga se reprueban estas actitudes.
Las
candidatas y candidatos se toman fotos con cuanta persona se les acerca y a
muchos de ellos, incluso, les llamarán "amiga" o "amigo".
Esto no demuestra, como hay quien lo sugiere, que estas rudas y rudos estén
acatando sus órdenes directas. Ahora que, como las candidatas y candidatos tampoco
se deslindan de estas actitudes, por omisión, las están dejando germinar.
Cuidado.
Ambos
casos, las agresiones físicas a manifestantes contrarios o la manta acusadora
en el debate de aspirantes a diputados, son igualmente preocupantes. Pero si
fuera posible hacer, entre ellos, una valoración (y con respeto a los agredidos
durante la visita del candidato presidencial), me parece que el asunto del
debate debiera preocupar más.
Allá,
en las agresiones afuera de Villa Ferré y el Parque Las Maravillas, las
emociones, a favor y en contra, estaban desbordadas. La presencia del candidato
en tierras coahuilenses era un factor sin comparación para tirios y troyanos.
Algunos
decidieron hacerlo el marco de su inconformidad y, en el caudal de las
emociones, algunos reaccionaron. Insisto: las agresiones entre ciudadanos no se
justifican, pero entender el momento nos permite encontrar una explicación.
Lo
que pasó en el debate, por otro lado, fue un acto premeditado y ejecutado por
un joven estudiante que, con toda seguridad, incluso se ha formado a lo largo
de las distintas opciones de capacitación ideológica que tiene el Partido por
el que simpatiza. Lo del debate, pues, no fue un arranque de emociones ni una
reacción, sino la ejecución de un plan elaborado "en frío" y que, evidentemente,
tenía el objetivo de romper la civilidad en la que se desarrollaban los
ejercicios democráticos. Otra vez, cuidado. Las comparaciones son enfadosas,
pero aquí hay una que ilustra el punto. En el debate del lunes pasado, en la
Universidad La Salle Saltillo, entre los asistentes se encontraba el joven
estudiante que fue agredido afuera de Las Maravillas. Se comportó a la altura,
no se prestó a protagonismos sin sentido, a nadie le faltó al respeto.
Faltará
un mes para las elecciones. Pero las heridas sociales que generan las
competencias mal entendidas, tardan más tiempo en sanar.
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