Buenas noticias para Coahuila: junto con Jalisco y Puebla, mostró un
cumplimiento del 100% de cumplimiento en el Índice de Información Presupuestal
Estatal 2015. Sin duda, mucho esfuerzo habrá detrás del cumplimiento para esta
medición que promueve el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) y que
tiene como propósito eliminar condiciones de opacidad y fomentar buenas
prácticas contables.
¿Algo para la memoria? Por allá de octubre de 2014, en este mismo
espacio, se publicó el texto “Coahuila: el anuncio del liderazgo inexistente”.
Ahí se comentó que Coahuila había escalado 24 posiciones en un año (del lugar
30 en 2013 al 6) y eso era ya una buena señal. ¿El detalle? Que lo que se quiso
vender, vía un boletín oficial, era un “primer lugar nacional en buenas
prácticas” que no era tal. Detalles en la edición del 18 de octubre, 2014.
Hoy, seguramente, con base en mucho trabajo y un seguimiento puntual,
sí se cumplió con todos los requerimientos del índice. El todavía gobernador
acudió al evento a recibir el diploma y toda la cosa. La fiesta, pues.
Ahora bien, la luz que remarca la sombra.
Más o menos al mismo tiempo, en el Informe de Gobierno (algunos,
algunas, todavía por costumbre o nostalgia dirán “de Resultados”) la oposición
quiso dejar clara su postura preguntándole al titular del Ejecutivo, y
exigiendo una respuesta de sí o no, si se conocía el destino de la aun llamada
megadeuda.
La respuesta, por supuesto, no fue puntual. Tampoco técnica. Arropado
con el aplauso de sus invitados, respondió como político: no tanto como quien
gobierna una entidad, sino como quien es el primer representante de un partido
político. La responsabilidad fue de otros, los que no se dieron cuenta; todo lo
que ha estado al alcance se ha hecho. Como reacción, a los días, hasta el ex
titular de la Secretaría de Hacienda ofreció ya alguna declaración.
En el fondo, o no se sabe o no hay interés por decirlo. No hay
respuesta. Y así, en la práctica, convive un reconocimiento por transparencia
presupuestal y la persistencia en la opacidad presupuestal. Paradoja.
Cuando recién se planteaba, el capital de la transparencia como
término residía en la inclusión de vigilantes externos. El gobierno en la caja
de cristal, y por fuera muchos ojos ejerciendo presión social para que ninguna
conducta indeseada se presentara. El panóptico.
Pero en algún momento la transparencia dejó de ser el arma de la
comunidad para convertirse en el escudo del gobierno.
La transparencia se empleaba para adentrarse en lo gubernamental: conocer
la información que, hasta entonces, era el patrimonio de unos pocos. Hoy por
hoy, aprendiéndole el lado, bien puede no responder a contrapesos
institucionalizados con tal de cumplir con los evaluadores externos y tener sus
certificados.
No se me malinterprete. La definición, por parte de organizaciones de
la sociedad civil, de mediciones y cumplimientos mínimos incentiva el
cumplimiento de la Ley y mucho más. Pero no hay incentivo que no genere
consecuencias colaterales contrarias a lo que se quiere. ¿La responsabilidad?
No creo esté del lado del evaluador externo, sino en el insípido trabajo para
fortalecer, precisamente, los contrapesos.
La transparencia por sí sola no contribuye gran cosa a la
democratización de la administración pública. Es esencial, pero no suficiente.
La ecuación requiere de un componente ciudadano, su participación en distintos
niveles y espacios.
A una oposición que se envalentona solo en el marco de un Informe de
Gobierno, se le ignora. Fin.
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