La renovación de la instancia electoral forma parte de una
reconfiguración del poder en el país. Se buscó, para decirlo rápido, que la voz
mandante en su integración no fuera la de los señores feudales locales. De eso, a pensar en una independencia plena…
bueno, para eso estarán los hechos.
En este mismo espacio, hace algunos meses manifesté una preocupación:
que la reconfiguración final del organismo, a través de sus filtros, pudiera
favorecer a quienes ya gravitaban en el tema. Que hubiera nuevas caras, pero
solo eso. Que la dinámica por observar no terminara siendo demasiado diferente
a lo que ya se tenía y había motivado, precisamente, la reforma.
Me preocupaba, manifesté, que se olvidara la razón primera de la
ciudadanización (la permanente búsqueda de la legitimidad en las decisiones)
por sobrevalorar la especialización que, en el mediano plazo, en nada renovaba
la sangre que debe dar vida a las instituciones.
Ahora, que veo los nombres y leo los perfiles, quedo bastante
tranquilo. Veo caras que no provienen del tejido que se quería sacudir; veo
caras conocidas que se quedaron porque lo ganaron a pulso. Al final, una
combinación interesante.
En el asunto no hay cheques en blanco y cada integrante del renovado
organismo hablará por sus acciones. Y el testimonio de todos ellos, como
conjunto, podrá conocerse por sus omisiones.
La elección de la presidenta llama la atención. Fue, por lo que puede
verse desde fuera, un acuerdo de último momento. Apresurado, tal vez, pero no
arrebatado. Rápido, pero no por ello sin tino. Sostengo.
Inmediatamente pudieron leerse en la red algunas crónicas mínimas y
notas apresuradas, que destacaban su falta de trayectoria en lo electoral, como
si aquello fuera un insalvable pecado mortal. Pero en la esencia de la reforma
el supuesto cabe a la perfección.
Ojo que, en todo caso, el no tener trayectoria en lo electoral no
equivale a que sea una persona improvisada, ignorante o incapaz. Se trata, por lo que se sabe, de una mujer de
trabajo. Una persona, además, que no se ha dejado ganar por la indiferencia o
la comodidad de una chamba segura. Tiene experiencia en organismos de derechos
humanos, de transparencia, de impartición de justicia. Nada, de seguro, como lo
que está por venir. Pero, en la narrativa de su hoja de vida, una
responsabilidad grande parece el paso siguiente y lógico de una larga cadena de
responsabilidades incrementales.
Entre los consejeros, otro que ninguna relación tiene con el medio: un
exitoso abogado de Monclova, atleta de toda la vida, hombre de familia y bien.
Se graduó con los promedios más elevados de su generación y ha hecho de su
carrera un verdadero ejemplo.
En ellos dos (y el resto), el conocimiento lo aseguran las etapas
superadas. Pero no todo se agota en el saber. Hubo exámenes y ensayos mejor
calificados, pero eso es parte de un todo que debe considerarse. La trayectoria
personal, también importa. Falta ver cómo trabaja la suma de los perfiles y el
equipo que se forma.
Al caso, por cierto, la Facultad de Jurisprudencia: Ha dado ya una
generación notable en lo judicial; de otra se han surtido secretarios
particulares al Ejecutivo. Pero buena salió la Generación 54, dos de sus
integrantes despacharán simultáneamente en el organismo electoral. En fin,
regreso a lo propio.
En el nuevo organismo, la historia está por escribirse. Solo entonces
podrá calificarse el resultado de la reconfiguración. Hasta entonces, a todos
se les desea éxito en la encomienda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario