Los eventos
internacionales son siempre interesantes.
Puedes
platicar, por ejemplo, con un servidor público en el área de seguridad nacional
en Sierra Leona. Intercambiar, en
persona, algunos apuntes sobre transparencia y la industria extractiva con un
renombrado investigador de Reino Unido. Conocer lo complejo que puede ser la
vida en Grecia y la imposibilidad de encontrar trabajo, consecuencia de la
austeridad. Puedes hasta escuchar a un viejo guía de turistas sudafricano que
guarda, en el cajón de su escritorio, un sobre con unos diez mil Rands con la
intención de que sus hijos lo encuentren cuando muera y, al menos en esa
proporción, no sea una carga en los costos del entierro: “no me quisieron como
un problema en vida, no lo seré muerto”, dice con amargura.
Son
interesantes además, por las discusiones alrededor del tema que convoca.
Por
invitación del Consejo Internacional de las Ciencias Sociales (ISSC, por sus
siglas en inglés), participé del Foro Mundial de las Ciencias Sociales (World
Social Science Forum, WSSF) en Durban Sudáfrica. Poco más de mil académicos e
investigadores de las ciencias sociales y activistas de 84 países sostuvimos
cuatro días de trabajo para discutir cuáles debieran ser, desde nuestra
perspectiva, las prioridades a considerar en un contexto global y cómo
abordarlas desde la mayor parte de las disciplinas.
El primer
reto a superar es el no ser ni parecer profesionales del rollo. Es una
traducción libre de la discusión.
Dentro de
las áreas del conocimiento, las comprendidas dentro de las ciencias sociales
son las que menos apoyo están recibiendo. No es un asunto casual. De seguro
alguien querrá invertir para desarrollar una cura para del cáncer o un sistema
que le ahorre tiempo y dinero, todo esto muy bueno. Pero ¿quién le apuesta al
profesional que, parece, no baja la discusión teórica sobre el cambio social,
la democracia, las relaciones culturales? Luego, por ahí, hay varios con mucha
labia pareciera tienen respuesta para todo, pero hablan y hablan y nada pasa.
El consenso
va más o menos así: el científico social debe bajarse de la torre de marfil,
recordar su esencia de activista social,
involucrarse en la vida real. Reconquistar su espacio. Dar el paso hacia la
acción, solucionar problemas vía el conocimiento.
El resto de
las discusiones se tradujo, al cierre del evento, en una Declaración. Ahí, el
compromiso de tomar parte en acciones contra las desigualdades en lo económico,
de desarrollo, de género. Ahí lo de no perder de vista cómo la agenda de los
países desarrollados impactan en el “Sur Global” y en qué medida les beneficia
realmente; mantener como eje de toda discusión a los derechos humanos, la
dignidad de la persona.
Tanto el
ISSC como el resto de los
coorganizadores tienen el peso suficiente para llevar el producto del Foro a
espacios más amplios como, por ejemplo, Naciones Unidas. Allá se fusionará con
otros insumos. Así es cómo se acuerda una agenda global. Una más presente de lo que pudiera creerse.
Terminado el
trabajo, a volar de regreso. Otras veintitantas horas, dos procesos
migratorios, varias salas de espera.
Ya estaré en
México, a tiempo para otro compromiso. Ahora en Querétaro. Es un taller sobre
democracia y participación, impulsado por una Fundación. Un buen espacio para
compartir con jóvenes líderes algunas inquietudes. Entre ellas, cómo pasar a la
acción y dejar el rollo. A la labor habitual, pues.
En este
espacio, en la siguiente entrega, de regreso con temas de Coahuila.
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