Se
adelantaron los tiempos. Lo que le sigue al presente gobierno es mantenerse en
el arte que ya bien domina: hacer campaña aparentando gobernar.
La
experiencia del vecino estado de Nuevo León, en cuanto a la victoria para la
gubernatura de un candidato sin partido (o independiente, si se quiere, pero la
expresión debiera entenderse en otra dimensión), parece ha inspirado a más de
uno. Pero aquí, cuidado: Coahuila no es
Nuevo León y no cualquiera sin partido es un Bronco.
En Nuevo
León se han vivido gobiernos provenientes de diferentes partidos, acá no. Allá
el sector empresarial es muy echado para adelante y, en lo político, tiene
décadas participando, aprendiendo, equivocándose y enmendando… pero ¿y acá? La
Laguna aparte, ahí el ritmo es diferente.
En Nuevo
León hay varios actores en la escena, el poder no está concentrado y, al menos
en la Zona Metropolitana de Monterrey, hay innumerables espacios para la
participación y consolidación de redes ciudadanas. Por acá, el sistema ha
procurado la existencia casi única del gobernante, el poder está en muy pocas
manos y muchos de los grupos ciudadanos existentes se malbaratan si los dejan
ser co-organizadores de algún diplomado donde les hagan el favor de ser
expositores.
La
administración que termina en Nuevo León, no la tuvo sencilla: varias bombas
(algunas provocadas desde el interior) le explotaron en las manos y no tuvo
capacidad de respuesta. Y no es que no lo hayan intentado, pero en ese Estado el Gobernador no es alguien que
las tenga todas consigo.
Acá, tampoco
la han tenido fácil. Pueden, sin embargo, deberle a los constructores, no
pagarles y hasta cobrar una comisión… sostener medios de comunicación que
claramente son un arma política… tardarse o de plano no repartir el Impuesto
Sobre Nóminas… legislar según el humor y un largo etcétera, y pocos dicen algo.
Y, luego,
esas casualidades: a las voces disidentes les aparecen esqueletos en el
armario.
Guste o no,
en Coahuila hay estructura que vota con exactitud mecánica. No es algo
improvisado, la han construido por años (incluso quienes ahora se mueven y no
salen en la foto). Y, perdón por la crudeza, pero no hay entre las y los
conocidos persona alguna a quien el carisma le alcance para superar las redes
clientelares.
Podría
saberse y hasta comprobarse falta de congruencia y tino en varias (muchas)
decisiones de la actual administración o reiterarse el tema de la deuda o
documentar maniobras financieras poco claras… pero eso, ha quedado demostrado,
no llena urnas.
Veo dos
partidos que pudieran presentar un esfuerzo decente. Para ello, el PAN tendría
que quitarse su ánimo caníbal y la UDC salir del norte de la entidad. Y, aun
así, no la tienen sencilla: la solo promesa de un cambio tampoco podrá mucho
contra la estructura ya instalada.
El estar sin
partido no coloca, en automático, en la senda del Bronco. Además, para cuando
la cosa se ponga interesante en Coahuila, la euforia bronca en Nuevo León habrá
disminuido considerablemente.
En la escena
hay ahora quienes tuvieron la oportunidad de apuntalar un equipo. Construirlo
desde abajo y fortalecerlo. Pero la mano les tembló: para seguir en el ánimo,
sobrevivieron en la sombra y cubrieron su luz y la de quienes le rodeaban. El
peor momento para intentar tener amigos es cuando se les necesita.
Con todo
esto, ¿cómo provocar un resultado diverso?
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