Para quien
todavía ocupa el cargo de Gobernador en Coahuila, el asunto iría más o menos
así: si el PRI no se lleva todas las canicas en las próximas elecciones, vendrá
la enfadosa comparación con los tiempos del hermano y los carros
completos.
Para quienes
militen o simpaticen con ese Partido, al día de hoy, llevarse una silla menos
que todas no es opción.
Ya dirán algunos
que el titular del Ejecutivo nada tiene que ver con lo que pase en el PRI. Pero
es precisamente ahí, en el Partido, donde se le nombra al Gobernador como
"Primer priísta" de Coahuila. Por algo será. Luego entonces, al
"Primer priísta" (por razones de Partido, de prestigio político
personal) seguramente sí le interesa no ser el hermano mayor que pudo
menos.
Y se pensará que
el asunto nada interesa a quienes no engrosan las filas del tricolor. Error. Y
no por razones de Partido (cada cual, de hecho, hace lo que puede para llegar y
mantenerse en jugosas posiciones; honorables y escorias en todos los Partidos
hay). Cuando un administrador se guía con la brújula electoral, mantiene
necesidades que satisface a fuerza de despensas y cobijas que distribuye de
manera selectiva. Así, no hay justicia ni libertad.
Pero les gana la
urgencia.
Antes de asumir
el compromiso, el ahora Gobernador solicitó se reformara la Ley para que el
titular de la Secretaría de Desarrollo Social no pudiera columpiarse a un
puesto de elección popular. Medio año después, en maniobra al estilo del doctor
Jekyll y el señor Hyde, dio marcha atrás para catapultar a un candidato en La
Laguna.
Allá, también en
La Laguna, se organizó la toma de protesta de los primeros 930 Comités de
Política Popular y Acción Social (COMPPAS): un evento multitudinario, en el
proceso electoral, en un estadio, con uniformados en camisas rojas (como cuando
se organizó las marchas por lo que llamaba "Gasolinazo", que ahora ni
se recuerda).
Pero en Coahuila,
en el gobierno que hace las cosas bien, cuando camina como pato, come como pato
y parpa como pato. Resulta que es otro animal.
Movimiento
Ciudadano, allá en México, ya procedió ante las instancias competentes para
denunciar uso indebido de la función pública, corrupción y la comisión de
algunos delitos electorales. El PAN, allá en México también, ha señalado
públicamente que la marea roja coahuilense es parte de una estrategia
electorera nacional. Acá, en Coahuila, el todavía Gobernador ha dicho que estos
señalamientos ni le molestan, ni le angustian.
Ahora la defensa
es un presunto"blindaje" de los programas sociales. Pero, ojo,
resulta que dicho "blindaje" se anunció cinco días después del evento
multitudinario, en proceso electoral, en un estadio, con uniformados en camisas
rojas. ¿Otra vez el estilo del doctor Jekyll y el señor Hyde?
Pero aquello es
como la cereza del pastel.
Todo el trabajo
para parecer transparente se hizo, precisamente, para curarse en salud. Aunque
eso de "salud" es sólo un decir: esta administración fue concebida en
el pecado de la mega deuda donde sigue la complicidad (no se ha aclarado el
ejercicio del gasto), la opacidad (hay huecos no satisfechos de información) y
la impunidad (pero no me extrañaría que poco antes de las elecciones anuncien
alguna inhabilitación, como para purificarse).
Las listas a las
que llaman padrones de beneficiarios, o la publicación de las reglas de
operación, no es más que cumplir la Ley. La han vendido como muestra de
voluntad y la han validado con el dicho de algunos empresarios y los consejeros
del ICAI que sirven para dos cosas: ser comparsa y cobrar. Pero ahí está, en
Internet, que sigue sin cumplirse con la información mínima.
Y mientras el
"Primer priísta" estará ocupado por el carro completo, nadie en el
Gobierno del Estado se preocupa por respetar la Ley de Desarrollo Social.
Por Ley, la
pobreza debiera definirse, identificarse y medirse de acuerdo con unos
lineamientos establecidos por la Secretaría de Desarrollo Social (sus
titulares han estado ocupados en los clientelismos, compréndase) y aprobados
por el Congreso. No sólo por cumplir la Ley, pero esa debiera ser la línea de
partida de la política social de un gobierno que se presume profesional.
Nunca se ha
evaluado la política de desarrollo social coahuilense en los términos que
obliga la Ley, tanto a la Secretaría de Desarrollo Social como al Congreso del
Estado. Y, seguramente, aunque quisieran no podrían porque, comenzando por la
cabeza, la grilla no deja espacio a la técnica.
¿El asunto? Pues
que aquí en Coahuila, además de que al Ejecutivo le gusta más ser Legislativo.
Pareciera también que se desplaza con mayor comodidad buscando ganar elecciones
y no tanto trabajando el puesto obtenido, arrebatado.
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