La
última semana de julio, en el municipio de Nadadores, el ahora gobernador
anunció un "maratón de obras" por todas las regiones del Estado.
Iniciaría en breve, se dijo.
¿Cómo
son los maratones de obras? ¿Una serie de "banderazos" de inicios de
trabajos? El mensaje no es claro, le caben tantas interpretaciones como se
quiera. De cualquier manera, en el maratón, la medalla es para quien termina el
recorrido. Y es que, hablando de obras, aquellas que inician para tomarse la
foto y parecen detenerse indefinidamente, comienzan a cansar.
Por
natural comparación con la pasada administración, el ojo se ha puesto en el
tema de la infraestructura. La obra no se ve y hay quienes opinarán que 500
reformas a leyes nunca tendrán el impacto que genera un nuevo puente.
En
la primera semana de febrero, importante recordarlo, se anunció el Plan de Obra
Pública para 2012. Se habló, entonces, de una inversión de casi seis mil
millones de pesos. Una cantidad histórica, se dijo. Aquél anuncio llegó en
tiempo: comenzaba el tercer mes de la administración y la falta de información
al respecto había sido señalada repetidamente. Unos días antes, cuando se le
preguntó a la entonces Secretaria sobre el Plan, contestó: "Necesitamos no
anunciar la obra en general de todo el sexenio, tenemos que ir buscando cuál es
la necesidad real, para que podamos ir reconstruyendo el tejido social de
nuestro estado". (VANGUARDIA, 28 enero 2012). Trabajar sin planes a largo
plazo, pues, dicho con un toque poético.
Aquella
semana, cuando se anunció el Plan, fue bautizada como "de la Infraestructura".
¿Quién la recuerda? Pasó sin pena ni gloria. ¿Sucederá lo mismo con el maratón
de obras?
Además
¿cuándo y quiénes planearon el multicitado maratón?
Para
cuando se anunció, la Secretaría tenía unos veinte días con nuevo titular. Y
antes de eso, ni titular había pues había pedido licencia para sumarse a la
campaña presidencial. Una de dos: o el nuevo Secretario logró en dos semanas lo
que la anterior Secretaria (ahora coordinadora del gabinete) no pudo en ocho
meses. O lo del maratón no fue más que un anuncio al calor de la justa
olímpica, sin fondo, y porque se escuchaba bien.
Lo
que sucede (y deja de suceder) en la Secretaría de Infraestructura requiere un
estudio a fondo: sin prisas, pero sin pausas. ¿Cómo imaginar podrá coordinar un
maratón de obras cuando, a mes y medio de las elecciones, no ha podido
actualizar ni su página de Internet? Todavía este pasado viernes, en
www.coahuilasein.gob.mx,se mantenía el mensaje de suspensión de la difusión de
avances de obras por las elecciones del 1 de julio. ¿Cómo pensar pudiera ser
diferente, cuando este Gobierno publica como parte de su información, en
www.coahuilatransparente.gob.mx,sobre el "Taller para construcción de
indicadores" para el Plan de Desarrollo del sexenio pasado? Ni en eso, al
día. En fin.
Pasa
el tiempo y lo relacionado con la infraestructura parece no cuajar. En enero, en la presentación del
llamado Programa de Infraestructura Educativa 2012, se anunció la construcción
de202 espacios educativos. Para finales de julio, en entrevista radiofónica, el
ahora gobernador señaló que se construyen 332 aulas. Si bien el número se
incrementa, en el cambio de la descripción (de espacios educativos a aulas)
pudiera haber truco. Ni en esto hay consistencia.
Iniciando
julio, en Torreón, se ha señalado el incumplimiento de compromisos hechos con
el Comité del ISN. De las 16 obras aprobadas por el Gobierno del Estado y dicho
Comité, ninguna ha iniciado y se desconocen tanto los proyectos ejecutivos como
las fechas para lanzar las licitaciones: "No sabemos nada, no hay
transparencia. No conocemos los avances financieros, no tenemos absolutamente
nada. En abril fue la última reunión" (VANGUARDIA, 18 julio 2012) dijo el
presidente de la Cámara de Comercio y Coordinador del Grupo Empresarial
Lagunero.
El
engrudo hecho bolas. No es falta de dinero, dicen. Ha sido el cambio en la Ley
Orgánica de la administración estatal lo que ha retrasado todo el asunto,
justifican.
Cuando
al gobierno le va mal, por omisiones y errores, todos lo resentimos. Señalar
las carencias no es ataque personal sino el recordatorio de que hay trabajo por
hacer. Pero así es la soberbia: no
atiende razones ni opiniones. A pesar de esto, por el bien de todos, información y memoria.
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