El presente
sexenio, se anunció, sería el de la transparencia y el orden. Muchas otras
cosas se han dicho, y la realidad le ha ganado al discurso.
Poco después de
que el Secretario de Gobierno invitara a que nos olvidáramos del nada afortunado
episodio de la deuda, el Secretario de Finanzas entregó al Congreso y publicó
por Internet un informe del estado financiero de Coahuila. Con bombo y platillo
se anunció: aunque la ley dice que debe hacerse de manera trimestral, se hará
cada mes. Sería una muestra de que, al menos en eso, sí se cumple.
Pues la muestra,
salió fallada.
La semana no
había terminado cuando ya VANGUARDIA daba cuenta de un dato que llamó su
atención, incluido en esa información publicada: honorarios de más de 870
millones de pesos a un notario. Inmediatamente, el Subsecretario de Egresos
señaló que se trataba de un error: el dinero sí se pagó, pero como costos de
reestructuración y por incumplimiento de contratos. Alguien no puso cuidado en
su trabajo, se fue el detalle y, gratuitamente, se indujo el malentendido.
Total que aquélla
muestra de transparencia y orden, no superó las primeras leídas atentas.
Una anécdota
pertinente: Teniendo como marco el Teatro de la Ciudad de Saltillo, el ahora
Gobernador pronunció un discurso "de arranque" de campaña. Ejércitos
completos de voluntarios y funcionarios públicos (voluntarios también, creo) se
sumaron a la organización de este espectáculo de un solo hombre. Todo parecía
impecable y cuidado al extremo: las luces, el sonido, los videos, las
canciones. De acuerdo con el guión, el candidato salió al escenario y comenzó a
leer su mensaje. Entrado en las promesas, se le secó la garganta. Tomó un vaso
estratégicamente colocado en el podio. ¡pero no tenía agua! En aquél montaje
teatral, nada económico como podrá suponerse, donde parecía no había lugar para
el error o la omisión, contando con ejércitos de personas en la logística
¡nadie había cuidado algo tan básico como aliviar una garganta seca! Siguió el
discurso, raspando la garganta, hasta que alguien por fin le alcanzó un poco de
agua.
Profético aquél
episodio: la parafernalia que, en los detalles, esconde al demonio. Ahora, ya
como Gobernador, persisten los montajes donde estará rodeado por multitudes,
pero sigue estando solo (¿lo dejan solo o no se deja acompañar?). Como con el
informe mensual, su equipo lo expone, abonando a una larga lista de
contradicciones, entre lo prometido y lo hecho, que ya carga el joven Gobierno.
Profético, como digo, aquél episodio.
Si a los dos días
tendrá que salir alguien a aclarar errores u omisiones, de poco sirve si el
informe financiero se presenta trimestral, mensual o diariamente. El trabajo
descuidado del informe financiero, que se suponía debía ser muestra de
transparencia y orden, da fe de lo vulnerable que es la oficina donde las
deudas florecen, las cifras no cuadran y las firmas son falsificadas.
Pero, como dicen,
la culpa no es del indio sino de quien lo hizo compadre.
Otra discusión se
abre con aquello de presentar mensualmente las cuentas. Otra vez queriendo
hacer más que aquello que la Ley señala, como diciendo que los estándares en la
norma son fácilmente cumplidos por este Gobierno. Otra vez: queriendo, sin
poder. Pero ¿abona, realmente, a la transparencia? A cuenta aquella frase de la
novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451: "Atibórralos de datos no
combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero
totalmente al día en cuanto a información. Tendrán la sensación de que piensan,
tendrán la impresión de que se mueven sin moverse". (¿Coahuila en
movimiento?). De esas cosas que parecen buenas, pero son malas.
El informe
mensual: una muestra que, sin necesidad, ventaneó desorden y poco cuidado en el
trabajo realizado. Ejércitos completos conformados y educados para la movilización
electoral, que no garantizan un papel digno en batallas de
Gobierno.
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