Más de 15 millones al
PAN, PRI y UDC, sería la cantidad regalada por empleados municipales coahuilenses
a sus partidos políticos vía descuentos en nómina. El dato se conoce gracias al
Informe de la Cuenta Pública 2014 y el trabajo periodístico sobre él.
La cantidad mencionada
sería la acumulada en 22 municipios sobre los que estará atenta la Auditoría
Superior del Estado pues, si no se logra comprobar el consentimiento de los
trabajadores o si no hubo pulcritud en el manejo contable, habría consecuencias
(VANGUARDIA, febrero 3, 2016).
Torreón (¡oh
casualidad!) es el municipio más eficiente (por decirlo de alguna manera) incentivando
la voluntad de sus trabajadores. Esto se sabe desde hace tiempo. La “voluntad”
de apoyar su partido sería tal en ese municipio que el consentimiento de
cientos de trabajadores se otorgó el primer día del año (del 2014), día por
cierto inhábil.
El tema se llevó a
instancias nacionales, donde se declararon incompetentes y pasaron la
responsabilidad al instituto electoral con instalaciones de lujo, el de
Coahuila (VANGUARDIA, noviembre 26, 2015).
Pero no solo es el PRI
de Torreón, sino el mismo partido en otros muchos municipios y (aquí la nota)
otros partidos en los municipios que administran. Así la fotografía tomada por
la Auditoría Superior.
¿La reacción? Las
dirigencias de los partidos inmediatamente dieron que las cuotas son (por
supuesto) totalmente voluntarias (VANGUARDIA, febrero 4, 2016). Ya lo decía así
el PRI de Torreón, pero el PAN no creía… imagino que ahora el asunto cambia.
Las concesiones a un
lado, el tema no es menor.
Permitir la aportación
“voluntaria” de burócratas a los partidos de cuyas filas emana el empleador es el
camino directo al crecimiento desproporcionado en la nómina, la contratación de
perfiles inadecuados, la imposibilidad de competir por un puesto a partir del
mérito, el fortalecimiento del clientelismo y la prestación de un servicio con
tintes partidistas y, por lo mismo, excluyente.
¿Cómo puede haber voluntad
cuando la condición para tener el trabajo es dar la cuota, como si rentara un
piso? ¿Cómo garantizar un servicio profesional y objetivo, cuando no es clara
la distinción entre el burócrata y el militante?
Relacionado con esto,
alguien con algo de interés podría navegar las 734 páginas que integran, en la
sección B (de la Auditoría de Cumplimiento Financiero) el tomo 3 del Informe
Anual de Resultados 2014, relacionado con municipios. De entre todo, hay un
párrafo que se repite treinta y ocho ocasiones:
“… derivado de las
debilidades detectadas en el Control Interno de la entidad, principalmente, por
la carencia y las deficiencias de las conciliaciones bancarias y por el incremento
desproporcional en sueldos y salarios en el ejercicio 2014 con relación al ejercicio
2013, no fue posible obtener evidencia suficiente y competente para tener la
certeza de expresar una opinión respecto del cumplimiento de las disposiciones
legales y normativas aplicables, por lo tanto, la Auditoría Superior del Estado
de Coahuila, se abstiene de expresar una opinión respecto de la información que
integra la Cuenta Pública del año 2014…”
Esta situación (y el
párrafo) fue aplicado en los dictámenes de todos los municipios. Repito, de
todos.
Solo esto (ya no
pensemos en el resto de las más de setecientas treinta páginas) debiera llamar
la atención y el análisis de legisladores, cabildos, analistas, académicos. ¿Qué
implica para la salud financiera de la instancia de gobierno más inmediata a la
población lo que ahí se describe y sus consecuencias?
Todos los municipios podrán
tener un premio. Pero hay todavía mucho por discutir.
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